LA IRA: UNA EMOCION PARA LA ACCION

iraLa ira: la energía para la acción. Es una estrategia de respuesta para actuar ante una situación que interpretamos como amenazante tanto física como personalmente y que nos impide alcanzar lo que deseamos. Esa amenaza puede ser a nuestra integridad física, o psicológica, por ejemplo, cuando nos sentimos provocados, engañados, heridos, indignados o traicionados por situaciones, actos de personas o lo que entendemos es su intención; o por nuestros pensamientos, imaginaciones o recuerdos de la vivencia de una amenaza.

Juanjo, 34 años, ingeniero, empresario, con pareja y sin hijos. Solicita un proceso de coaching para mejorar su toma de decisiones empresariales. Cree que tiene las cosas claras, pero a la hora de decidir qué hacer, tiende a tomar las decisiones con prisa y por las bravas. De hecho una de las conductas que más le reprochan sus socios es precisamente la forma en que aborda los temas, parece que siempre estuviera enfadado. Para él no tienen razón, pero afirma que se siente de mal humor y “no disfruta de la vida”. Comienza a estar un poco harto de todo. Juanjo es muy hablador y divertido, fundamenta en hechos lo que dice, responde rápidamente a cualquier cuestión, parece que hubiera reflexionado ya sobre todo y todo lo tuviera controlado.

Iniciamos el proceso buscando una foto de su estar ante la vida. La “rueda de la vida” le permite ver gráficamente cómo está gestionando las diferentes áreas que son consideradas esenciales en la vida. Trabajo y Familia son los aspectos en los que quiere trabajar para tomar decisiones correctas.

Definimos los objetivos, utilizando el acrónimo CREMA.

¿Cómo se relacionan estos objetivos con el resto de tu vida?

¿Qué va a ser diferente cuando lo hayas conseguido?

¿Cuál es la importancia que este proceso de coaching tiene para ti?

Son preguntas indagatorias que permiten calibrar la importancia que da a conseguir sus objetivos, a definirlos mejor y sobre todo, a asegurar que son realmente los objetivos que quiere conseguir. Y no lo son. Ya no se trata de tomar decisiones, sino de controlarse a sí mismo, de tomarse las cosas de otra forma. Los objetivos derivan hacia el desarrollo de su inteligencia emocional intrapersonal y volvemos a definirlos.

Esto es muy habitual en los procesos de coaching, el cliente se plantea un objetivo “más razonable”, objetivo, impersonal y concreto que, en el fondo, le permita mantenerse en su zona de comodidad. La habilidad del coach aquí es fundamental para asegurar que los objetivos de trabajo son lo suficientemente retadores y amplios como para movilizar el cambio del cliente y potenciar su transformación personal.

Por lo tanto, la finalidad del proceso ahora es desarrollar su inteligencia emocional intrapersonal, incrementando su consciencia y regulación emocional. Definimos los nuevos objetivos y los indicadores de logro que nos van a ir informando de los avances del cliente.

Evaluamos con una “Escala de desarrollo” el dónde está ante estos objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente.

Con el modelo de emociones capacitantes®, indagamos las distinciones emocionales que le llevan a identificar lo que dice, lo que siente y lo que hace y desde dónde. Juanjo toma consciencia de que su emoción básica, con la que trabaja y con la que se relaciona con su pareja es la ira. Y que, en realidad, todo lo que tiene que ver con “demostrar lo que vale” lo hace desde esa emoción.

¿Qué utilidad ha tenido esta emoción para ti?

Mucha, me ha dado fuerza, empeño en conseguir lo que quiero.

¿Cómo afecta tu día a día?

Por un lado me da fuerza, pero desmedida, descontrolada, no soy consciente de ella, me arrastra y por lo que estoy viendo no precisamente hacia donde quiero ir, que es a vivir bien, tener bienestar y alegría.

¿Qué sería para ti una buena gestión de tu ira?

Ser consciente de que estoy en ella, no responder encendido y hablar a mi gente como una fiera.

Consciencia y regulación. ¿Cómo podrías ser más consciente?

¡Eso!, cómo podría… Supongo que pensando un poco antes de lanzarme.

Ensayamos algunas de las técnicas para incrementar la consciencia emocional. Juanjo las practica con soltura y está dispuesto a avanzar. A continuación, toca la regulación.

¿Qué quieres hacer con tu ira?

… mmm, bajarla de intensidad. Sería estupendo que yo eligiera cuánta ira quiero.

¿La necesitas?

Creo que sí, hasta ahora me ha dado fuerza para salir adelante. ¿Es que podría hacerlo sin ira?

¿Tú qué crees?

No había pensado en ello. Es como si fuera mi forma natural de ser. ¿Podría reaccionar desde la tranquilidad, desde la confianza…? En un principio te diría que no, pero el caso es que en otros contextos sí que lo hago… Bien mirado sólo reacciono con ira cuando creo que tengo que demostrar lo que valgo.

¿Y si no tuvieras que hacerlo?

Podría reaccionar con confianza, seguro y tranquilo. La verdad es que es desde aquí desde donde quiero tomar las decisiones, no atacando como hago desde la ira.

¿Y…?

Juanjo establece nuevos compromisos consigo mismo que pone en práctica hasta una nueva sesión.

Se ha vuelto más consciente de sus “prontos” que ahora regula deliberadamente. Ha aprendido a notar la tensión en su cuerpo, a detectar los pensamientos que le disparan y a poner atención en cómo se siente con ellos. Cada vez le cuesta menos, lo hace de manera más automatizada y se consolida más como un hábito de regulación.

Pide feedback a sus socios mediante un ejercicio de imagen pública adaptado. Definitivamente le ven más tranquilo y dialogante. Los objetivos previstos están conseguidos.

Juanjo quiere ir un paso más allá. Si la ira que mostraba era una expresión de su lucha por conseguir lo que quería, el enfado era la ira que sentía hacia sí mismo por sentirse obligado a estar permanentemente luchando para demostrar lo que vale. Se plantea antes de terminar el proceso acabar con su enfado.

¿Por dónde quieres empezar?

Por sentirme bien conmigo mismo, no estarme midiendo con otros, no tener que demostrar nada.

¿Y para eso, qué necesitas?

Darme mi sitio. No tener que pelear por demostrar que tengo derecho a él.

¿Y…?

… Darme cuenta de quién soy, …valorarme, …darme permiso. Sí, darme permiso para equivocarme o para acertar.

¿Y si lo haces, qué pasaría?

 Que me aceptaría como soy, con tranquilidad.

Definitivamente Juanjo ha ganado en consciencia y regulación. Ahora interpreta con agilidad y rapidez sus propias emociones y eso redunda tanto en su gestión de sí mismo como de sus relaciones. La toma de decisiones quedó muy lejos, es un proceso que se realiza desde un plano emocional y Juanjo sabe ahora identificar en qué plano está y gestionarlo para tomar las decisiones con la confianza que quiere.

articulo publicado en mi sección mensual de CONVERSACIONES DE COACHING en Training&Development on line. Puedes leerlo directamente en: http://www.tdd-online.es/content/juanjo-iralogo training and digest

¿Qué es la ira?

La ira: energía para la acción. La ira es una estrategia de respuesta para actuar ante una situación que interpretamos como amenazante tanto física como personalmente y que nos impide alcanzar lo que deseamos. Esa amenaza puede ser a nuestra integridad física, como una agresión, o incluso el hecho de que nos adelante un coche; o psicológica, por ejemplo, cuando nos sentimos provocados, engañados, heridos, indignados o traicionados por situaciones, actos de personas o lo que entendemos es su intención; o por nuestros pensamientos, imaginaciones o recuerdos de la vivencia de una amenaza.

La percepción de que sentimos ira en nuestra vida social es una información muy útil cuando consideramos que afecta nuestra dignidad. Expresa nuestra necesidad de que se repare algo, como una situación que vivimos como un abuso o injusticia. Al expresarla hacemos patente hasta qué punto es importante para nosotros o estamos dispuestos a defendernos. Gestionada de una forma funcional nos permite tomar consciencia de lo que vivimos como injusto o amenazante y podemos expresarla para desahogarnos, defendernos, marcar límites o buscar una solución pactada. Se asocia al color rojo.

¿Cuál es la función de la ira?

La expresión de la ira está muy vinculada con las relaciones sistémicas de la persona. Se ha podido comprobar que:

La expresión está vinculada con el rol social de la persona. A lo largo de nuestra evolución como especie la expresión de la ira ha ido regulándose y modelando en relación con los roles sociales ejercidos, aspecto que señala Averill (1993). Esto significaría que podría expresar más abiertamente su ira aquel que ejerza un rol de dominio sobre los demás. Recientemente se ha propuesto, a la luz de estudios con primates, que los miembros de más bajo rango en un grupo están más expuestos al stress precisamente por no poder expresar abiertamente su ira.

  1. Se podría expresar a través de un acto de descarga del displacer emocional más o menos agresivo, y en este sentido  valdría  un portazo, un golpe sobre la mesa, un grito, un insulto o un gesto contenido, por ejemplo.
  2. Permite regular las relaciones con los otros ya que la expresión de la ira puede cortar respuestas hostiles de otra persona, o distanciarla, o someterla, “impresionada” ante la expresión de la ira, y prevenir el paso a respuestas de más intensidad agresiva.

(Seleccionado de mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”). portada en pequeño

LAS EMOCIONES AL MANDO

inside-outLas emociones lideran nuestra forma de vivir. Son el tono vital con el que entendemos lo que pasa y respondemos. Es fácil de explicar pero es más fácil de entender si lo ves representado, a modo de historia de la experiencia de una niña, cómo vive lo que le pasa y cómo reacciona. Cada emoción nos permite hacer ciertas cosas y no otras.

Magnífica la película INSIDE OUT, magistral. He tenido la ocasión de verla en la premier organizada por Psicofundación y PSICOFUNDACIONel Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y no tengo más que palabras de grandes elogios. Creo que no es para niños, sino para toda persona que quiera entender cómo las emociones toman el mando de sus conductas.logocopmadrid

Una de las mejores aportaciones que hace es distinguir y delimitar las emociones. Otra cómo toman el control según los acontecimientos. Otra cómo se relacionan entre sí. Otra cómo se vinculan con el aprendizaje, los recuerdos, los patrones de conducta, el pensamiento, las relaciones con otras personas. En fin, una joya que pone de manifiesto la emoción y el sentir de la protagonista.

Añado algunas líneas de la introducción de mi libro “emociones capacitantes. Su gestion en el coaching, el lidrazgo y la educación” porque define lo que el film ilustra tan bien. No os la perdáis.

“Hablamos a todas horas de las emociones. Tenemos numerosos términos para denominar emociones. Decimos que hay innumerables emociones. Los medios informativos hablan de emociones continuamente. Llamamos emociones a todo lo que sentimos, sean emociones, sentimientos o sensaciones. Mezclamos indiferenciadamente y confundimos lo que sentimos, y eso hace que nos sea difícil identificar lo que nos pasa y por qué.

A veces leemos textos que hablan de las emociones como de entes ajenas a nosotros, que “nos tienen”, “nos habitan” o “nos dominan”. A veces oímos decir que las emociones son negativas, que nos hacen sufrir y que hay que eliminarlas de nuestra vida. Leemos también y oímos hablar de que es necesario controlar nuestras emociones y ser racionales. También oímos decir que hay que expresar los sentimientos, y otras veces, que hay que controlarlos.portada en pequeño

La confusión es general y no es de extrañar. Nuestra tradición cultural es racional, somos herederos del pensamiento de Descartes y seguimos en un paradigma en el que la razón es el criterio esencial en nuestra vida y el eje de todo nuestro comportamiento. Entendemos a las emociones como algo que nos descontrola, e incluso domina, y la mayoría de las veces, además, les adjudicamos un valor negativo, tanto por nuestro desconocimiento sobre ellas, cómo por la forma en que nos afectan en nuestra vida.

Para añadir más confusión mezclamos los fenómenos: sensaciones, sentimientos y emociones. Nos damos cuenta de las sensaciones que nos han provocado las emociones y decimos “me siento emocionado”, y luego interpretamos esas sensaciones y le damos un valor convirtiéndolo en un sentimiento, por ejemplo “me siento triste”.

Decimos “sentir la emoción” cuando a la luz de los descubrimientos de las neurociencia, deberíamos decir:

  • “noto sensaciones”, aludiendo a los cambios fisiológicos en nuestro cuerpo
  •  “siento un sentimiento” refiriéndonos a cómo interpretamos esas sensaciones: placenteras, displacenteras, de tensión, etc.
  •  “tengo una emoción” aludiendo a la respuesta de valoración ante lo que ocurre.

Estas distinciones emocionales son claves para los fines de este libro ya que nos van a permitir identificar la emoción que está en la base de nuestro comportamiento conociendo de qué nos informa, tomando consciencia de nuestras sensaciones corporales, analizando los sentimientos que eso nos produce, comprobando las acciones que nos posibilita y la forma de ser y comportarnos que origina. Un planteamiento en línea con el que realiza la Teoría de la Inteligencia Emocional, de tomar consciencia de uno mismo y autogestionarnos de forma funcional, es decir, en función de nuestros objetivos y nuestro entorno.

Así que éstas serán las claves del desarrollo de personas: la toma de consciencia de cómo está interpretando lo que pasa, del valor y significado que tiene para ella, la identificación de las acciones que puede llegar a hacer desde ello, el impacto que tiene en su personalidad, y la elección y generación de la emoción que mejor le venga a sus objetivos. Y éstas son las bases del trabajo que realizamos en la escuela de evolución emocional. Es el trabajo del futuro porque liderar a nuestras emociones es liderarnos a nosotros mismos.

 

La acción no puede venirle del “¿qué vas a hacer?” Es necesario cambiarle el paso, retarla con preguntas inesperadas, romperle los esquemas con una estrategia paradógica de empeoramiento.

Pilar, 45 años, empresaria, casada con dos hijos. Desde hace 20 años en que fundó su empresa de distribución, la ha llegado a posicionar en el mercado con gran éxito. Empresarialmente está donde quiere, habiendo sorteado estos años difíciles precisamente por su buen posicionamiento. Desde hace unos seis meses, está desanimada, sin ideas, no tiene fuerza creativa más que para mantener el negocio. Se siente dispersa y “floja”. La educación de sus hijos la tiene agobiada, exigen mucha atención y aunque tiene organizado su tiempo eficientemente entre familia y empresa, no ve cómo hacer frente a sus inquietudes. Anteriormente ha recurrido al coaching en otras dos ocasiones para solucionar diferentes temas vinculados con su papel de empresaria y su estrategia empresarial y no duda en volver a contratar a su coach para afrontar esta situación.

Pilar se describe actualmente a sí misma como una mujer de aguda y rápida inteligencia, orientada a resultados, capaz de ver con rapidez el beneficio de las acciones y sus inconvenientes y tomar decisiones arriesgadas rápidamente. Lidera sin titubear un equipo de 15 personas, 14 de ellos varones. Se siente cómoda como es y cree que eso es bueno para su negocio.

Centra la finalidad del proceso en “superar su dispersión y sentirse más creativa, tener ideas frescas que la ilusionen y le permitan mejorar la calidad de su empresa, y como resultado la haga crecer, y sentirse con más ganas”.

Definimos operativamente objetivos de trabajo e indicadores de logro, y habiendo explorado el cómo está actualmente, nos lanzamos al cómo quiere estar, tomando distancia de la situación actual que la incomoda, porque como decía Einstein “Los problemas no se pueden solucionar en el mismo nivel de conciencia en el que fueron creados”

Para ello planteamos hacer un ejercicio de visión que le permita proyectarse al futuro y salir del momento actual.

 “¿Cómo te ves de aquí a… un año?”

Pilar domina el ejercicio, no tiene dudas: “creativa, fuerte, ilusionada, haciendo crecer mi empresa y estando tranquila con mis hijos”.

“¿Qué has aprendido para conseguirlo?”

“A aclararme, a salir de esta confusión que tengo”.

“¿De dónde has sacado la fuerza para hacerlo”?

“De mis hijos, de mi marido, de mí misma, soy fuerte y tengo claro que yo puedo conseguir mis objetivos”.

“¿Qué te ha limitado?”

“Pues eso, la falta de creatividad, la dispersión mental, esta niebla mental, este desánimo, ¿…estoy dudando de mi?”.

El ejercicio la ayuda a clarificarse y ganar confianza en sí misma. “De esta salgo ya”

Pero aún no sabe cómo hacerlo, a Pilar hay que retarla, no le valen preguntas del tipo ¿cuáles son tus recursos para alcanzarlo?,  ¿qué vas a hacer para conseguirlo?. Por sí misma es capaz de hacérselas, de hecho, ya se las ha hecho sin encontrar las respuestas deseadas y por eso ha recurrido a su coach.

Parece una buena opción cambiarle el paso, retarla con preguntas inesperadas, romperle los esquemas con una estrategia paradógica de empeoramiento.

“¿Qué puedes hacer para agravar más esta situación?”

Pilar se queda desconcertada. Como si le hubieran noqueado. No sabe cómo responder. Podría decirse que ha dejado de respirar incluso. Definitivamente ha sido una pregunta “poderosa”. No termina de reaccionar, tan profundo ha sido el impacto.

“¿Qué quieres decir? ¿¡Cómo que agravarlo!? ¿Pero no se trata de superarlo? Sí, claro si no hago nada lo mismo va a más. ¿Agravarlo…? Pero yo no me puedo permitir eso. No va conmigo. No había pensado que podía empeorar,…, pero ahora que lo pienso… Claro que puedo empeorar, no teniendo ganas, ni ideas, ni fuerza, ni alegría… quedándome en esto de lo mal que estoy ahora y sí que lo puedo hacer todavía peor y dejar de atender a mis hijos, y desocuparme de la empresa y dedicarme a pensar en que no puedo hacerlo bien. Sí, ja, ja, podría empeorarlo, pero para eso estoy aquí para que ¡¡no ocurra!! 

“¿Qué es lo peor que puede pasar si se agrava la situación?”

“Si, lo que te he dicho, abandonarme y abandonar todo, huir de todo, desaparecer”.

“Y si ese fuese tu objetivo, ¿cómo lo harías?”

“Pues en realidad un poco haciendo lo que estoy haciendo…perderme en las menudencias del día a día, olvidarme de coger perspectiva, no mirar de frente, estar ahí mirando el suelo sólo, dejando que cada contratiempo se me haga un muro infranqueable, olvidandome de quién soy y quien quiero ser,…”

“¿Cómo podrías hacer esto que estás haciendo aún más intensamente?”

“Tirando la toalla. Dejando de sentirme viva”

“¿Qué harías para hacer las cosas de forma diferente?”

“Está claro que me he metido en una espiral de desánimo. Supongo que estaba cansada de la vorágine del ritmo diario y no me estaba dando espacio para coger distancia, ni para cuidarme físicamente. Está claro, estas conversaciones como siempre me hacen coger perspectiva y tener una buena visión de conjunto”

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Ha funcionado. Es como si mentalmente Pilar se estuviera hundiendo en el agua y hubiera llegado al fondo y entonces se pudiera impulsar hacia arriba.

Pilar da importancia al desarrollo de su inteligencia intrapersonal. Sabe lo importantes que es el diálogo interior y el ser consciente de cómo estás ante las cosas. Lo aprendió muy bien en los anteriores procesos de coaching y ese entrenamiento anterior la está ayudando a avanzar muy rápidamente en esta ocasión.

“¿Cuáles serán tus próximos pasos?”

 “De momento apuntarme a yoga, ya he visto dónde y cuándo, siempre me da mucha paz mental y bienestar físico. Además, tengo ya una idea clara de cómo afrontar estratégicamente el próximo año con la empresa y hasta tengo decididos los pasos inmediatos para alcanzar esos resultados que ya me ilusionan. En cuanto a la familia, confiar más en que mi marido puede hacerse cargo tan bien como yo de los chicos, no es necesario que esté yo encima a todas horas. Confianza y espacio, si.”

“¿Cómo definirías este proceso?”

“Inspirador, es como cuando se disuelve la niebla que te deja ver el paisaje y a lo lejos ves el horizonte”

Pilar ha avanzado y conseguido sus resultados rápidamente. En apenas tres meses está llena de energía y con nuevos desafíos profesionales en el horizonte. Sabe que a veces es necesario dar un paso atrás para coger impulso o incluso dar marcha atrás para elegir otro camino y, aunque a veces eso la confunda, es precisamente su gran fuerza para llegar donde quiere en su vida.

Artículo publicado en mi sección mensual “Conversaciones de coaching” en Training & Develpment Digest, julio 2015.

Si te ha gustado, aprendido, sorprendido o interesado… te agradeceré que lo valores, ¡¡puntúalo!! en:

http://www.tdd-online.es/content/pilar-desanimo

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Una estrategia paradógica de empeoramiento es un recurso potente, propio de los psicólogos expertos en coaching, cuando otras estrategias convencionales no tienen suficiente fuerza para generar el cambio. “¡¡Sorprendemos!!” (de ahí su nombre) al cliente introduciendo una pregunta que provoca un cortocircuito en su lógica habitual de pensamiento y en su respuesta de acción-reacción, que tienden a estar cronificados y se repiten una y otra vez, por lo que no es capaz de ver más allá o de innovar y adaptar sus respuestas a sus propias necesidades.

Es una técnica no estructurada propia de la psicología, aplicada en todo contexto y situación, para provocar un cambio de perspectiva y modificar la conducta cuando hay que utilizar un recurso potente que desbloquee al cliente. Al dirigir al cliente a los resultados contrarios a los que espera, se confronta consigo mismo y genera un cambio drástico en su forma de sentir, entender y afrontar la situación. En términos generales, implica pedir al cliente que incremente lo que hace para empeorar la situación o justo para llegar a esa situación que quiere evitar. Suele estar asociado a la ansiedad anticipatoria provocada por vivir el futuro como presente, o dicho coloquialmente, “estar preocupado”.

Para utilizarla se requiere una competencia profesional alta ya que hay que evaluar con precisión la idoneidad de utilizarla y prever que las respuestas pueden ser variadas, incluso elevando la ansiedad del cliente. El psicólogo experto en coaching lo aplica según su competencia y presencia en el proceso que está realizando, eligiendo su idoneidad según las necesidades del cliente para que ejerza efectos positivos.

Algunos ejemplos de PREGUNTAS PARADÓGICAS DE EMPEORAMIENTO (tomadas de mi próximo libro):

  • ¿Qué puedes hacer para agravar más esta situación?
  • ¿Qué es lo peor que puede pasar?
  • ¿Y si no lo consigues, qué pasa?
  • ¿Cuál sería tu peor opción?
  • Si la situación empeorase lo más posible, ¿cómo sería?
  • Si deseases fracasar completamente, ¿cómo lo harías?
  • Si ese fuese tu objetivo, ¿cómo conseguirías que todo tu equipo / pareja / jefe, etc. se pusiese en contra tuya?”
  • ¿Qué harías si este problema aparentemente difícil fuese realmente una oportunidad para comenzar a pensar en cambios importantes?
  • ¿Cómo reaccionarías ante esta situación aparentemente negativa si fuese realmente una
  • solución a muchos de tus problemas?
  • ¿Qué deberías comenzar a cambiar dentro de tí para acoger de forma positiva este suceso aparentemente problemático?
  • Si este problema fuese en realidad una oportunidad de crecimiento, ¿qué empezarías a
  • cambiar en ti mismo?
  • ¿Y si esta ‘persona problemática’ te estuviese ofreciendo una oportunidad para aprender algo sobre ti mismo?

Uno de los grandes referentes en este tipo de estrategias es el Dr. Victor Frankl, a quien tuve el honor de conocer en su última visita a España, y  quien lo denominaba “intención paradógica”. Quien más lo ha acercado a la realidad empresarial ha sido Giorgio_Nardone, director de la Escuela de Postgrado de Psicoterapia breve estratégica, (Arezzo, Italia) y de la Escuela de Formación Empresarial en Comunicación y “Problem Solving Estratégico”.

BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA

  • Nardone G., C. Portelli (2005). Conocer a través de Cambio, La Evolución de la Terapia Breve Estratégica, Crown Publishing House, Carmarthen Reino Unido.
  • Nardone, Giorgio y Giulio De Santis (2012). Pienso luego sufro. Cuando pensar demasiado hace daño. Ed. Paidós.