¿ELIJO MIS EMOCIONES?: ¿GESTIONO MI BIENESTAR?

elijo-emociones¿Es posible realizar una gestión inteligente de las emociones?

Para muchas personas éste es el gran reto que se plantean en sus vidas: gestionar sus emociones. Algunas dicen que se sienten arrastradas y dominadas por ellas; otras ni se han planteado gestionarlas; muchos dicen sufrir con ellas. Lo que nos están diciendo con ello es que están la mayor parte de su tiempo en emociones negativas. Que les falta la flexibilidad y la presencia para estar en cada momento. De alguna manera están fijos en una única interpretación y en una única respuesta negativa ante lo que ocurre. ¿Qué lleva a las personas a entender mayoritariamente las situaciones como una amenaza, un conflicto, un peligro y desde esta interpretación vivir su vida?

Es cierto que hay situaciones de gran dureza y dificultad, pero de ahí, a que todo sea en la confrontación y una lucha hay un trecho. Puede que, en definitiva, no sean las situaciones en sí, sino la interpretación que hago de ellas las que me hacen sufrir.

Epícteto de Frigia (55-135) el filósofo grecolatino estoicista ya nos decía que

Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas”

También en la tradición oriental, las enseñanzas de Buda nos dicen que

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.

Ambos señalan un hecho clave: una cosa son los hechos y otra es cómo vivimos esos hechos.

Las emociones es uno de los temas que más impacto y difusión están teniendo actualmente. No es de extrañar que hablemos de que este es el siglo de las emociones. Los descubrimientos neurobiológicos están aportando seriedad y rigor a un tema del que de otra forma solemos hablar en función de nuestra experiencia, criterios y debilidades. Aunque la experiencia personal sea realmente importante, el conocimiento objetivo nos permite comprender y gestionar inteligentemente, con eficiencia.

Las emociones están en la base de lo que hacemos, pensamos, sentimos y, en definitiva, de la calidad del bienestar de nuestra vida. Son estrategias ancladas en nuestro ADN que nos permiten responder a las diferentes situaciones de forma diferencial y más eficiente, en principio.

No tendríamos que interpretar una situación de peligro igual que una de confianza.  ¿Es que es malo tener miedo de un peligro?, ¿Es negativo cargarnos de energía para responder ante una situación crítica?, ¿Es negativo sentir dolor por la pérdida de un ser querido, o de un trabajo, o por un mal que sufre otra persona?

Hay ciertas situaciones que son esenciales para nuestro sobrevivir y que requieren respuestas específicas que nos permitan responder con éxito. Así las situaciones que vivimos como negativas para nosotros y, en cierta medida, amenazantes, nos propician sólo tres tipos de respuesta: lucha, huida o parálisis. Responden al nivel básico de la  “Pirámide de necesidades” de Maslow.

Hay otro tipo de situaciones que nos abren puertas a la convivencia, la confianza, la cooperación y la evolución personal. Son las que interpretamos como positivas. Para algunos son mucho menos frecuentes algunos. Es más fácil interpretar las situaciones como negativas porque están vinculadas a los niveles de sobrevivencia y son prioritarias. Subir por la escala de la “Pirámide de necesidades” puede ser accesorio cuando los niveles más bajos no pueden soportar la Pirámide. Aunque, esto, como se ha demostrado numerosas veces en la historia puede superarse. Hay numerosos ejemplos de personas que se centran en los niveles superiores, como la auto-realización, obviando los inferiores, incluso en lo más básico, como es la alimentación. Para muestra baste citar a Teresa de Calcuta.

Lo que suele ocurrir es que no nos focalizamos en lo positivo, en lo que hay, lo hacemos en lo que falta y eso nos lleva a no dedicar la energía suficiente para hacer de las situaciones positivas algo significativo en nuestras vidas.

Emociones negativas y positivas son esenciales por igual para que seamos capaces de responder eficientemente, aunque tendemos a ver a las emociones negativas como malas y rechazables.  Al comprender la función que tienen, de qué nos están informando y cómo nos llevan10-cuadernos-de-coaching-juntos-llegaremos-antes.png a ser más eficientes, comprendemos también cómo utilizarlas a nuestro favor.

Si quieres saber más te invito a leer mi artículo “Los juicios emocionales” publicado en Cuadernos de Coaching, nº 10, publicación de ICF (2003). http://www.cuadernosdecoaching.com/cc10/los-juicios-emocionales.pdf

 

Las emociones implican al ámbito personal, pero también al social, y tienen una trascendencia excepcional en ambos ámbitos. En cada momento de nuestra vida, en las conversaciones con uno mismo y  en las conversaciones con otras personas; en cualquier situación: en el trabajo, en la calle, en la familia, en los colegios, universidades, empresas, asociaciones,…, las emociones están siempre presentes ya que fundamentan nuestra acción porque forman parte del equipamiento biológico que nos ha traído hasta aquí como especie humana. Y nos afectan para bien, generando espacios de cooperación, bienestar, convivencia, cohesionando grupos, y para mal, cuando propician situaciones de confrontación, aislamiento, desprecio, sometimiento de los otros y sufrimiento.

¿Cómo se puede gestionar proactivamente el bienestar?

Muchas veces, nos fustigamos con pensamientos y emociones negativas que nos llevan a sufrir y a movernos en la dureza, la confrontación y el malestar.

NARRATIVAS CAPACITANTES

A veces entramos en una espiral de vértigo inducido por “narrativas incapacitantes”. Hay quien lo llama “el loro”, “el diablillo”, “mi parte oscura”, esa parte de ti que te habla y habla sin cesar y hacen que todo parezca lo que ellos dicen: “no puedes”, “no te lo mereces”, “no vales”, “¿a dónde vas?”, “¿por qué te pasa esto a ti?”, “haga lo que haga no salgo de aquí”, “esto es una injusticia”. Son nuestros pensamientos basados en un status emocional negativo. A veces es complicado salir sólo de esa deriva, sin embargo es algo que está en las manos de todos. Podemos gestionar proactivamente nuestras emociones, sólo necesitamos consciencia, comprensión y voluntad. Con estos ingredientes podemos hacer que nuestras emociones nos ayuden a vivir con un mayor bienestar.

3 pasos para cambiar nuestras emociones:

pasos

Primer paso: Tomar consciencia. Una vez que te oyes puedes puedes cuestionar lo que te estás diciendo. A partir de ahí plantearte opciones, buscar otra narrativa, buscar recursos en ti mismo o buscar apoyo en otros.

El segundo paso es comprender desde la aceptación de que lo que es es, sin más; de que esas narrativas están ahí y no te hacen “malo”, ni peor, ni es un sufrimiento, simplemente es una forma de ver las cosas, una perspectiva.

El tercer paso es la voluntad de buscar una perspectiva diferente, capacitante, lo que te puedes decir para llegar a donde quieres y cómo quieres.

Eso es inteligencia emocional, la capacidad para relacionarnos con nosotros mismo y con los demás. ¡¡Se puede desarrollar siempre!! Y el primer paso es tomar consciencia de lo que nos decimos, y qué “narrativas” nos contamos sobre nosotros mismos, la vida y los demás.

Epícteto decía: “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”.

Cuidarnos no es solamente elegir nuestros alimentos, nuestra actividad física o nuestras relaciones. Es también elegir nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras reacciones ante lo que ocurre.

Desde siempre, a lo largo de la historia, las personas hemos buscado las claves para sentirnos mejor y para buscar la felicidad. Lo que ocurre actualmente es que para muchas personas esto se ha convertido en un propósito de vida. Más allá de las campañas de ingenieria social o las campañas comerciales, la gestión proactiva de nuestro bienestar aparece como una de las prioridades más valoradas de las personas. En los procesos de Coaching lo dicen habitualmente: “Quiero estar tranquilo”, “Quiero sentirme bien”, “Quiero afrontar las cosas con confianza”.

La búsqueda de una mejor comprensión de uno mismo y de un mayor bienestar hace que las personas estemos muy interesadas en conocernos y en cuidarnos tanto física como mentalmente.

Así el cuidado mental emerge como un área de gran interés hoy en día: pensamiento y emoción están imbrincados totalmente, hasta el punto de que cambiando mis pensamientos puedo cambiar mi emoción y viceversa, y lo mejor de todo, ¡puedo elegirlo!

¿Cuáles son las emociones adecuadas?

Las emociones adecuadas son aquellas que te permitan conseguir lo que quieres, que sean funcionales, útiles.

Todas tienen su por qué y para qué y lo inteligente es identificar cómo te facilitan conseguir aquello que te propones. Así hablamos de “emociones capacitantes” y no de emociones positivas o negativas.

EMOCIONES INCAPACITANTES

Aquellas que no me permiten conseguir mis objetivos y que me llevan a vivir con insatisfacción, con infelicidad, con sufrimiento. Se asocian con altos niveles de la hormona cortisol, precisamente la que se genera en situaciones que vivimos con stress.

modelo de emociones

EMOCIONES CAPACITANTES

Aquellas que me dan la energía para alcanzar lo que me propongo. Las emocionportadaes nos hacen capaces, nos permiten tomar las decisiones que para nosotros son las más válidas en ese momento. Otra cosa es que no seamos conscientes de cómo una emoción nos dispara, o de cómo una emoción se perpetúa como nuestra estrategia básica, a veces única, desde la que vivimos.

Si quieres saber más te invito a leer mi libro:

 

Y si quieres oír más sobre este tema te invito a conectarte con esta webinar que impartí gracias a AICP, una asociación pionera en la difusión del coaching de calidad. http://www.aicp.es/jornadas-online/elijo-mis-emociones-gestiono-mi-bienestar

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Pregunta de coaching:

¿de qué te está informando tu emoción (miedo, ira, tristeza, enfado…)?

OBJETIVOS, PRIORIDADES Y ORDEN

cambia tus prioridades“Primero lo primero” decía Stephen Covey en su paradigmático libro “Siete hábitos de la gente altamente eficaz”. Definir lo que hacer y cuándo es una habilidad que nos llevará a ser mucho más productivos, pero para ponerlo en práctica también necesitamos tener claros nuestros pensamientos y, tal vez, reordenar alguna creencia.

Pedro, 45 años, divorciado, lleva un año en su nuevo puesto de Responsable de Facturación en una gran empresa. La Dirección de RRHH, en colaboración con la Dirección Financiera, creen oportuno realizar un proceso de coaching para que Pedro mejore su capacidad de gestión.

En la reunión tripartita se hacen evidentes las diferentes perspectivas sobre la situación a trabajar. Para RRHH, Pedro trabaja bien pero necesita mejorar su capacidad de gestión para no agobiarse y que su trabajo salga a tiempo sin incidencias. Para la Dirección Financiera, lo que Pedro tiene que hacer es establecer prioridades. Por su parte Pedro, reconoce que necesita tener un mayor orden. Así que la primera tarea es calibrar el alcance de las expectativas de cada uno de los intervinientes y encontrar los puntos en común. Las necesidades manifestadas parecen diferentes aunque, en realidad, no hay tantas diferencias, es cuestión de llegar a un entendimiento sobre lo que la empresa necesita de Pedro y, a partir de ahí, definir los objetivos de trabajo.

Con la metodología de coaching, la cuestión no se centra tanto en las necesidades presentes sino en los resultados futuros. Hay que definir dónde está Pedro con respecto a las necesidades de la empresa, dónde es necesario que esté y trazar un plan para llegar hasta allí.

Como reto final se establece que Pedro saque la facturación el día antes del límite sin agobios ni stress. Y como objetivos parciales que Pedro secuencie el trabajo cada día de forma que no se le acumule en las fechas límite y que priorice las tareas en función del día del mes.

En la primera sesión con Pedro, se hace evidente que esto le va a costar mucho. Si el trabajo está saliendo no ve la necesidad de tanta organización. Necesita orden sí, pero no está muy dispuesto a hacer nada para lograrlo.

¿Qué es lo que te está molestando de organizarte?

Es que a mí lo que no me gusta es que me digan por ordeno y mando cómo tengo que trabajar.

¿Y si fueras tú el que decidieras por ti mismo cómo organizarte?

Bueno, en ese caso lo haría,… sé que necesito más orden, no te creas que sólo en esto, me parece que en todo lo que me rodea, en mi casa, en el coche, en mis cosas, todo necesita más orden. Es que mi cabeza no para de pensar en todo lo que tengo pendiente y es que ni me concentro…

¿Qué te parecería ser más preciso en los objetivos que te planteas?.

Pedro tiene una gran mezcla de todo tipo de pensamientos en su cabeza, sin llegar a estar confuso, sí que tiene un totum revolutum en el que no puede clarificar los temas.

Una técnica como objetivos qué y objetivos cómo[1], puede ayudarle a clarificar lo que quiere.

Veamos lo que sí y lo que no quieres hacer.

¿Qué quieres empezar a hacer?

¿Qué quieres dejar de hacer?

Y así sucesivas preguntas hasta que Pedro delimita exactamente su hacer.

¿Qué es lo que quieres obtener?

Las preguntas ahora se centran en el ser.

¿Qué tipo de personas quieres ser ante el tema del orden?

¿Qué valores son esenciales para ti con respecto al orden?

¿Qué te haría sentirte orgulloso de ti mismo?

Preguntas sobre el qué.

Las preguntas para explorar lo que sí y lo que no han ayudado enormemente a Pedro a ir organizando su mente. Sus barreras defensivas van cayendo. Ahora el reto sí que es suyo, pero aún no termina de ver cómo lograrlo. Pasamos a trabajar con objetivos cómo y las preguntas de nuevo tienen que ver con distinciones clave: ser – hacer – tener, pero esta vez relacionadas con cómo ser y estar ante ellos.

¿Cómo quieres hacerlo?

¿Cómo quieres conseguir más orden?

¿Cómo quieres sentirte con más orden?

Pedro ha ido fragmentando su caos mental, “ordenando” su mente.

Sus objetivos sesión a sesión se van cumpliendo.

He ordenado la mesa, quedamos en que era uno de mis objetivos y está conseguido. Ahora no la utilizo de almacén, je, je,… esto es todo un logro, ¡mi jefe está impresionado!

He empezado a ordenar el espacio como quedamos, ahora tengo que ordenar las pilas de papel, estoy en ello.

¿Qué me dices de priorizar?

No te creas que tengo muy claro cómo hacerlo. ¿Qué es priorizar?, es que no sé cómo hacerlo.

Las prioridades que Pedro tiene que establecer no sólo tienen que ver con sus valores y prioridades personales, tienen que ver con la función que desempeña en la empresa y necesita alinear sus criterios con ésta.

Es el momento de una nueva sesión tripartita, esta vez sólo con el Director Financiero. De nuevo clarificar y alinear necesidades y expectativas es la clave. Definir los conceptos de urgente, importante y prioritario para la empresa entre todos es fundamental.

¿Entiendes ahora qué es una prioridad?

Sí, urgente e importante, no sólo lo urgente, sí, me ha quedado claro y también lo que se espera de mí.

¿Y ahora…?

Nada, lo tengo claro, el orden empieza por diferenciar las cosas, no todo es lo mismo, ni tiene la misma importancia, ni vale igual.

¿Y…?

Que es cosa mía y ya lo estoy haciendo. La “rabieta” se me ha pasado, yo no soy un niño, je,je,…

En la última sesión de seguimiento tripartita, tres meses después, todos están de acuerdo, Pedro se organiza ya con una mayor eficiencia. Pero hay más, su forma de ver el orden, el trabajo y a sí mismo es diferente.

la libertad

[1] Aranda, Isabel (2016). Manual del coach. Editorial EOS.

Artículo publicado en la Sección mensual CONVERSACIONES DE COACHING con:

http://www.tdd-online.es/content/vicente-expectativas

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