Se resiliente para alcanzar tus retos

empoderar

“Resiliencia”, capacidad de la personas de salir de las situaciones adversas y aprender y fortalecerse con ello.

¿Cuál es tu reto?

Renovarme, empoderarme, llenarme de ilusión y confianza para salir a buscar trabajo.

Jacques, 51 años, Director de exportación, casado, de origen belga, con una larga carrera realizando proyectos en diferentes países del mundo. Jacques se mostraba abatido, era consciente de su tristeza y de cómo le paralizaba, por lo que buscó la ayuda de un psicólogo experto en coaching para mejorar su capacidad para afrontar su situación.

Por tercera vez había perdido su trabajo en los últimos doce años. Ya había trabajado con coaching en otras ocasiones y sabía cómo podía acelerar su proceso de afrontamiento del “duelo”. Sí, porque perder el trabajo se vive con duelo, con dolor, con tristeza y es necesario que la persona se de algún tiempo para procesar esa pérdida y salir renovado. No en balde esa es la función principal de la tristeza, reconcentrarnos para que podamos renovarnos.

Jacques sabía todo esto, ya era su tercera vez, así que no dudó en llamar a su coach. Iniciaba el proceso de coaching con los objetivos claros, pero sin la energía necesaria.

¿Cuál es tu reto?

Renovarme, empoderarme, llenarme de ilusión y confianza para salir a buscar trabajo.

¿Qué objetivos te planteas?

Lo primero, confiar en mí. Me doy cuenta de que haber perdido el trabajo otra vez me ha hundido. Se me ha quedado la moral por los suelos.

Lo segundo, tener la energía para retomar positivamente mis contactos, con ganas, que me vean con ilusión. Y esto antes de tres meses, necesito, quiero, estar renovado antes de tres meses, además, no quiero que mi mujer me vea por más tiempo así.

¿Qué te está pasando ahora?

Pues, me he desanimado, es como si no tuviera energía para nada. Dudo de mí y de mi capacidad para trabajar.

¿Qué significa esto?

Je… Me dan hasta ganas de llorar, han sido tres veces ya, es cierto que ninguna por mi falta de capacidad o rendimiento, siempre ha sido por circunstancias de la empresa, pero la realidad es que siento que he perdido la autoestima, mais pas tout…

¿En cuánto cifrarías tu autoestima, de 1 a 10?

En un 4, non je.., no, no me apruebo.

 Curiosamente, Jacques fluctuaba de un idioma a otro, al hablar de objetivos, de retos, le salía el inglés, idioma con el que estaba acostumbrado a trabajar, pero al hablar de sí mismo, su acento y hasta el léxico se teñían del idioma materno, el francés.

El esfuerzo mental que hacía era evidente, los diferentes idiomas reflejaban la profundidad de su discurso. Para Jacques la introspección guiada era un gran alivio, le permitía fluir entre sus registros lingüísticos sin titubeos.

Era el momento para que Jacques soltara toda su pena, incluso su angustia, se desahogara literalmente en un entorno seguro. Hablar de ello, le ayudaba a procesarlo rápidamente.

¿Qué necesitas para conseguirlo?

Confianza, creer que puedo hacer mi trabajo sin dudar de que lo haré bien.

¿Si ya hubieras conseguido esa confianza, qué pasaría?

Que no me sentiría tan abatido, que no estaría pensando una y otra vez en lo que he perdido…, que pensaría que soy capaz de conseguir un nuevo trabajo…, que no dudaría de mí…

Dicho en positivo, ¿cómo sería?

Que estaría animado, que pensaría que soy un gran profesional con una larga y exitosa carrera, que mi edad juega precisamente a favor por la experiencia y madurez personal que aporto, que soy un profesional global, capaz de trabajar con diferentes culturas e idiomas.

¿Y cómo podrías conseguir esa confianza?

Necesito aceptar las cosas como son, sin más. Pasar página.

¿Entonces?

mmm

El proceso de coaching fluyó rápidamente, había una gran complicidad entre coach y cliente. Una vez concretada su visión, Jacques avanzó rápidamente hacia ella. Las preguntas hicieron que Jacques se desbloqueara convencido. Las dudas, los frenos, el desánimo formaban parte de la situación actual, pero no iban a impedirle conseguir su situación deseada. La capacidad de resiliencia de Jacques era muy alta, es decir, a pesar de su punto de partida, de pérdida y desánimo, tenía claro que quería afrontar esta situación como una nueva oportunidad de aprendizaje, sabía que saldría más maduro, más generoso, más “humano”. Las personas resilientes tienen una mejor gestión de sus emociones ante las situaciones de estrés y soportan mejor la presión. Así lo mostraba Jacques, era consciente de su tristeza y de cómo le paralizaba, por lo que rápidamente buscó la ayuda necesaria para mejorar su capacidad para afrontar su situación. Jacques es un ejemplo de alta resiliencia, fruto en gran parte al prolongado trabajo que había realizado de conocerse y gestionarse desarrollando su inteligencia emocional con procesos de coaching anteriores.

No tardó en lanzarse a retomar sus contactos, esta vez desde el convencimiento de que tenía un gran valor que aportar.

Muy pronto surgió la primera entrevista y, entonces, las dudas volvieron a aparecer.

¿Qué te hace dudar ahora?

No sé, supongo que la inmediatez de “la prueba”

¿Qué pasa con ello?

Me trae recuerdos de miedo, de duda.

¿A qué te recuerda?

Al colegio.

¿Y…?

… En realidad nada, todo salió bien.

¿Y…?

Bueno, que si lo pienso bien puedo hacerlo, tengo el knowhow, la experiencia, las ganas…

En su caso ni siquiera era necesario preguntar por sus recursos, ahondar en otras ocasiones en las que hubiera conseguido un objetivo similar, explorar cómo se había sentido y qué había hecho. Él sólo siguió hablando, se lo decía con facilidad, había aprendido ya de otras ocasiones cómo indagar en su forma de pensar, hacerse consciente de ello y gestionarlo a su favor. Controlando sus pensamientos, controlaba su mundo.

Este artículo se ha publicado en http://www.tdd-online.es/content/jacques-resiliencia  dentro de mi Sección mensual “Conversaciones de coaching” con el título: Jacques, resiliencia.

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el sentido del deber

deberEn algún momento de nuestra vida casi todos tenemos dudas sobre nosotros mismos, nuestra capacidad y eficiencia. El nivel de inteligencia emocional que tengamos nos puede llevar a ser más o menos conscientes de nuestras dudas, pero también de nuestras fortalezas para ir hacia donde queremos estar. Dudar no es malo, nos hace más fuertes y capaces porque así nuestras acciones proceden de la reflexión y la elección personal ¿Hay alguna manera mejor de vivir nuestra vida?

Jorge, 50 años, casado, Licenciado en Administración de empresas. Ha trabajado durante 25 años como Jefe de Ventas en una multinacional. Actualmente se encuentra en una encrucijada personal. Dice estar desorientado, “desanimado”, todos los problemas se le hacen “un mundo”. Le cuesta tanto afrontar el día a día que se pone de mal humor sólo con despertarse. Duda de su capacidad para afrontar los temas a pesar de que es una persona proactiva, acostumbrada a lidiar con objetivos y salir airoso de los retos aunque…, lo hace todo desde la obligación, el deber cumplido y el esfuerzo.

Después de casi un año de arrastrar su enfado consigo mismo, tiene claro que quiere vivir mejor. Ese enfado le está lastrando y le lleva a demorar decisiones, responder con desgana, enfrentarse con algunas personas, anticipar continuamente consecuencias terribles y lo más visible en su entorno, aislarse en sí mismo. Decide comentarlo con personas de su confianza para llegar a la acción. La decisión ya la ha tomado en ese momento: necesita un apoyo para cambiar la forma en que está viviendo y pide un proceso de coaching.

Decide afrontarlo como un asunto personal y aborda el proceso de forma privada.

¿Cuál es tu objetivo?

En la primera reunión, Jorge “deja las cosas muy claras”: “Mi objetivo es tomarme las cosas con más liviandad”; “No quiero sufrir con lo que hago. Al final lo hago y bien, pero hasta ese momento me carcome pensar que no voy a estar a la altura, o que voy a fallar, o que me van a echar. No pienso en otra cosa”.  “Mi entorno se ha dado cuenta, me reprocha mi ensimismamiento, pero lo que me pasa es que no quiero saltar, me controlo y prefiero meterme en mí mismo y aguantar”.

Jorge lo ha dejado muy claro. Se trata, por tanto, de la forma en que se enfrenta a su vida, y no sólo al trabajo.

¿Cómo estás en relación a ese objetivo?

Todo para él es una obligación: su familia, su rol de padre y marido, su trabajo, el bienestar, la forma física, la gestión del tiempo, su productividad… No hay área de su vida en la que no se sienta en el deber y la obligación.

Tomamos una “Rueda de la vida” como referencia y, en todas, afirma situarse de igual forma. Y todo esto en su interior. De puertas afuera, aparenta controlar todo con facilidad. Sólo han notado su retraimiento e inhibición.

¿Cómo sería tu ideal, cómo quieres estar?

Jorge sigue en tensión. “Yo lo que quiero es…” y ahí habla de coherencia interior, de no sentirse enfadado consigo mismo de forma permanente, de vivir bien, de no dudar de si mismo, de estar tranquilo porque las cosas van a salir, de no sufrir ante cualquier demanda en el trabajo, de levantarse por las mañanas y pensar que el día va a ser estupendo y que él va a disfrutarlo,…

Jorge es un cliente con una desarrollada inteligencia emocional. Su nivel de introspección y evolución es altísimo. También su voluntad y fortaleza. Ante los demás sólo existe esto último. Reserva para él sus dudas, ¡su sufrimiento!

Utilizamos una escala de diferencial semántico construida con sus propias distinciones: frente a obligación… elección; frente a deber… elección; frente a control… gestión; frente a reactivo… proactivo; frente a sufrimiento… liviandad, y así algunas más. El hecho de distinguir la potencia de las palabras contrapuestas le llena de perspectiva y sosiego.

“Sí, tengo claro donde quiero estar en la escala y dónde estoy”. Bien, con esta herramienta se sitúa en el “dónde estoy” con respecto a su objetivo y dónde quiere estar. Se convierte en un mapa que nos permite distinguir el camino a seguir. Trabajamos a fondo las distinciones y lo que representan para él.

¿Con qué cuentas para llegar a esa forma ideal de sentirte?

Jorge habla de su fuerza, de su rigor, de su experiencia, de su fortaleza, pero vuelve a sacar el deber como fuente de su competencia personal.

¿Deber?

Sí, me siento obligado a hacer lo que hay que hacer

¿Es esta la única forma de hacerlo?

No, lo sé, eso es lo que quiero, hacerlo desde la liviandad, desde la elección, desde el disfrute.

¿Cuándo te oyes decirte “debo” a quién te recuerda?

Oh, sí, sí, me suena a mi madre. Siempre me decía que “la obligación por encima de la devoción”

¿Y…?

Ummm

 ¿Y…?

Sabes, no entiendo que a mi edad tenga que estar haciendo caso de esto. Quiero decidir por mí mismo, ¡que va siendo hora!

¿Y…?

Jorge necesita tiempo para integrar este “mandato parental” y evaluar si se siente capaz de independizarse de él. El tiempo inter sesiones es fundamental. Un registro conductual le facilita tener perspectiva de los momentos en que “el deber” se convierte en su fuerza motriz.

“¿Con qué cuentas?”

“Me siento ambivalente: por un lado creo que cuento con grandes recursos, al fin y al cabo he llegado hasta aquí en la vida y no lo he hecho mal bien mirado, sin embargo, me siento incapaz de salir de aquí”

“¿Me siento o me sentía?”

“Interesante pregunta…” “Casi que desde que he tomado la decisión de pedir ayuda estoy en otro punto. Es como que ya quiero, aunque aún no sé cómo”.

¿Y si supieras qué harías?

… Coger distancia, fijarme en lo positivo… en una palabra confiar en mí.

¿Entonces, qué vas a hacer?

“¡¡¡No das tregua!!! esto hace que me enfrente con que soy yo quien tengo que elegir…, con estas sesiones no hay donde esconderse… Es tremendo cómo te confronta contigo mismo”.

“Si, ¿pero qué vas a hacer?”

“Creo que lo primero es no verme a mí mismo como un inútil, como una amenaza. Por lo que hemos hablado me queda la idea de que estoy considerándome incapaz y que me enfado conmigo mismo por no estar a la altura de unas expectativas que yo mismo me invento. Vale que he aprendido desde pequeño a exigirme y ya entiendo que era para ser aceptado, pero soy consciente de que la aceptación de mí mismo depende de mí y no de otros”

“¿A qué te comprometes?”

“Justo a lo que quería, que es confiar en mí y no depender de lo que yo pueda suponer que puedan pensar los demás de mí. Si es que al final las cosas salen bien”

En algún momento de nuestra vida casi todos tenemos dudas sobre nosotros mismos, nuestra capacidad y eficiencia. El nivel de inteligencia emocional que tengamos nos puede llevar a ser más o menos conscientes de nuestras dudas, pero también de nuestras fortalezas para ir hacia donde queremos estar. Dudar no es malo, nos hace más fuertes y capaces porque así nuestras acciones proceden de la reflexión y la elección personal ¿Hay alguna manera mejor de vivir nuestra vida?

 

Artículo publicado en mi sección mensual de Training&Development Digest on line “Conversaciones de coaching”

http://www.tdd-online.es/content/jorge-vivir-en-el-deber

 

DISTINCIONES EN COACHING

reloj El resultado del proceso será aquel que el cliente esté disponible para conseguir y no otro. El coaching no resuelve nada, es el cliente el que encuentra sus respuestas. Un nuevo proceso contado en mi sección de “Conversaciones de coaching” publicado en Training & Digest.

Carlos, 49 años, divorciado, con un hijo adolescente, diplomado en magisterio. Trabaja desde hace 24 años en una multinacional de distribución. Lleva ya 15 años como Jefe de RRHH. Llegó a la posición por la experiencia adquirida como asistente en el desempeño de las funciones del departamento, sin una formación específica previa, ni posterior, ni una pasión concreta por este trabajo. Sus funciones son de carácter muy operativo ya que toda la estrategia le viene dictada por la casa matriz europea.

Aunque dice estar contento con su posición y empresa, su queja constante es que no puede asumir todas las tareas del departamento. Ahora sólo cuenta con un asistente para todas las tareas que no tengan un carácter confidencial. Tanto el Director General, como otros Directores de departamentos reportan falta de agilidad en las gestiones propias de RRHH. Carlos trata de cumplir con todos los compromisos y eso le lleva a dedicarle una cantidad de horas desproporcionadas al trabajo, tanto en la oficina, como conectándose por las noches desde casa.

En la evaluación de desempeño anual, los indicadores clave de rendimiento indican una falta de agilidad y respuesta en la gestión de sus tareas que llevan a la Dirección a proponer a Carlos un programa personalizado para que aprenda a gestionar de forma más eficiente su trabajo de forma prioritaria. Para ello seleccionan a una coach con amplia experiencia en el desarrollo de competencias profesionales.

En la reunión tripartita entre la Dirección General, Carlos y la coach; la Dirección señala como objetivo prioritario que Carlos mejore su eficiencia, pero también que se sienta más cómodo con lo que hace. La buena y prolongada relación que existe entre los empleados les lleva a estar preocupados por el bienestar de Carlos. Concretamente a los compañeros del staff directivo les preocupa el exceso de dedicación al trabajo que está realizando y que pudiera estar afectando ya a su equilibrio psicológico e incluso salud. Carlos coincide en que su dedicación es desmedida, pero no sabe cómo hacerlo de otra forma. Se ve incapaz de organizarse de forma diferente. Y no lo entiende porque no será por experiencia… En el fondo, tampoco piensa que sea para tanto.

En esta reunión tripartita se decide pasar primero un 360º para evaluar con precisión cómo se ve Carlos y cómo le ven los compañeros y jefe en su desempeño profesional y a partir de esa información concretar los objetivos de trabajo.

El 360º permite operativizar con claridad lo que ya se habló en la reunión tripartita. Hay tres áreas competenciales, consistentes entre sí, que muestran la percepción de su jefe y compañeros de la baja ejecución de Carlos, de hecho no superan el 3,10 sobre 5 en la heteroevaluación, mientras que en la autoevaluación está en un 4,35. Hay, por tanto un gap sustancial entre cómo se ve él y cómo le están viendo compañeros y jefe en:

Adaptabilidad: afronta con eficacia diversos estilos de trabajo y en diferentes circunstancias. Se adapta de manera constructiva ante los reveses y plantifica el cambio. Fomenta la creatividad, la innovación y el asumir riesgos.

Gestión de tareas. Utiliza la tecnología, los recursos y el tiempo de manera eficiente. Aprende rápidamente y aplica la información actual a las tareas apropiadas.

Productividad. Inicia la acción. Es una persona emprendedora y decidida. Supera los obstáculos para alcanzar resultados beneficiosos, de alta calidad.
Con los resultados del 360º, una segunda reunión tripartita permite acordar los objetivos de trabajo con mayor precisión:
1. Incrementar la adaptabilidad de Carlos para que sea capaz de modificar su forma de trabajar, mejorando su eficiencia, menos horas, mejores resultados.
2. Mejorar la eficiencia en la gestión de tareas, para priorizar, delegar, organizarse en el día a día e incluso decir no a determinadas demandas de los diferentes departamentos.
3. Salir 1 h. más tarde de su horario, habiendo resuelto los asuntos prioritarios (Carlos sólo este reto con el que está conforme).

Una vez acordados los objetivos, iniciamos el proceso evaluando con una Escala de progreso su situación ante estos objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente, con el fin de comprobar su punto de partida personal y el progreso en la consecución de los objetivos acordados, independientemente de la evaluación organizacional de contraste que se haga más adelante con un nuevo 360º.

Carlos inicia el proceso de coaching como una carga más en sus tareas. No es que no confíe en que el proceso funciona, de hecho, lo ha podido comprobar con otros directivos de la empresa, es que él no se ve haciéndolo diferente. Hay un rechazo claro a reconocer que necesita ayuda. “Sólo está en el proceso de coaching porque su jefe le ha metido, que si no, ¿para qué?”

“¿Para qué haces tú todo?”
“¿Qué pasa si no lo haces tú todo?”
“¿Qué pasaría si tú no estuvieras para hacerlo todo?”
“Ah no, yo nunca he faltado al trabajo, incluso vine con un brazo en cabestrillo”

No, definitivamente, no ve otras opciones. O lo hace él o no se hace. La técnica utilizada en coaching de desmontar la creencia todavía no funciona.
Entramos en su autoexigencia.

“¿Qué ganas con esta forma de ver las cosas?”
“¿Qué estás perdiendo?”
“¿Para quién estás haciendo esto?”

¡Ah! Balanza de pérdidas y ganancias. Parece que Carlos comienza a analizar la situación con perspectiva diferente. Él valora los beneficios especialmente. Esto ya le ha llegado. Está perdiendo más,… mucho. No sólo tiempo con su hijo, sino para sí mismo y, ¡¡lo peor!! es que lo que hace no es valorado por su jefe y compañeros. Esto le confunde.

“Yo creo que tengo que hacerlo al máximo. No puedo delegar en nadie. Tengo que hacerlo yo todo. Cuánto más me dedique, más me valorarán. Y ahora veo que esto no es así…” Carlos intenta disimular su decepción y desconcierto.

“¿Qué estás compensando con tu trabajo?”

Entramos en el “dar y recibir”.

“Pues sí, sí que hay desequilibrio. Creo que tengo que darlo todo, pero no se me había ocurrido pensar en qué recibir. Casi no sé de qué estamos hablando. Ya me pagan, y la empresa tiene un paquete de beneficios sociales estupendo”.
Trabajamos distinciones lingüísticas: dar, recibir, exigencia, excelencia, rendimiento, gestionarme.

Carlos está ya preparado para ver con nuevos ojos. “Tampoco es para tanto. Bien pensado sí que me puede apoyar más en la asesoría que nos lleva ya determinados temas” “Y, además, puede traspasar ciertas actividades al departamento financiero” “Y, además, puede pedir que cada departamento…” “y, además…”

Carlos ve desde una perspectiva diferente su trabajo, ha conseguido un “cambio de observador sobre su actividad”, está disponible para actuar por sí mismo buscando soluciones diferentes a las que era capaz de ver hasta ahora.

Su nivel de introspección ha sido mínimo y sus barreras muy altas ante la tarea de tener que pensar de forma diferente, sin embargo ha conseguido un hacer diferente que le proporciona la eficiencia que habíamos marcado como objetivo.

Seis meses después de iniciar el proceso, Carlos ha delegado un 30% de su actividad, gestiona un 15% por prioridades y sale 1 h. después del horario y los viernes desconecta. Eso sí, aún se conecta desde casa unas 4 h. semanales, más por hábito que por necesidad.

Hay temas que no se han abordado, no porque no se diera el espacio para ello, sino porque Carlos no estaba preparado para hacerlo.

Esta es una gran conclusión de coaching. El resultado del proceso será aquel que el cliente esté disponible para conseguir y no otro. El coaching no resuelve nada, es el cliente el que encuentra sus respuestas.

Conversaciones de coaching 5. Publicado en http://www.tdd-online.es/content/carlos-distinciones

EMOCIONES EN NAVIDAD

Es tiempo de mirar de dónde venimos, de unirnos a la familia, a los amigos, de fortalecer los vínculos que nos unen a otros seres humanos.
Es tiempo también de mirar cómo afrontamos los momentos, las relaciones, las situaciones.
Es un tiempo tan especial, que nos miramos unos a otros, reconociendo que no estamos solos, que somos parte de un universo muy especial.
Con mis mejores deseos de que esta Navidad sea un momento tan especial en tu vida que te nutra de amor, de alegría y emociones, de esas que te capacitan para vivir como tú quieres.
¡¡FELIZ NAVIDAD!!
¡¡FELICES EMOCIONES!!!

SOY CAPAZ

soy capaz¿Hay alguna creencia más empoderante? ¿Hay alguna declaración más potente? “Soy capaz” es una de esas frases que marcan la vida de una persona, de un equipo,… o de una nación.

Es una frase llena de poder. Contiene en sí misma la consciencia de la capacidad, el sentimiento de la confianza y la voluntad de la acción. Pensamiento, sentimiento y acción aunados en una única declaración que impulsa a una persona a alcanzar rus retos desde su más profunda convicción de que está a su alcance, de que puede conseguirlo.

Es fruto de ese autoliderazgo necesario para superarnos en el día a día que nos convierte en héroes diarios ante nuestros retos, ya sean estos simplemente levantarnos o realizar enormes hazañas, ya sea sobrevivir al atasco, tomar una decisión, afrontar 8 h de trabajo o superar un examen.
Ser nuestros propios líderes supone que nos consideramos el mejor de nuestros proyectos, que somos capaces de darle una dirección a nuestra vida y sacamos a diario la energía y motivación para orientarnos a nuestros retos.

En el último mes cerca de 1000 personas han reflexionado conmigo en conferencias y talleres sobre esta idea de liderarse a sí mismos, de “elegirse” ante la vida. La consciencia de nuestras emociones, de nuestros sentimientos, sensaciones, pensamientos, ¡¡la consciencia!!… Siempre digo que este nuevo siglo nos ha traído una fantástica oportunidad para ser más conscientes de nosotros mismos, para dejar de lado el “piloto automático” de la vida reactiva y elegir cómo ser ante nuestra vida. Todo el desarrollo de la inteligencia emocional, de la psicología positiva y del coaching tienen que ver con este interés por la consciencia, la voluntad y la elección de la propia vida.
Trabajo en esa idea de que esta capacidad de autoliderarnos cambia la vida de las personas y puede cambiar equipos y sociedades, pero no había visto un caso de tal magnitud como el de Colombia.

Acabo de llegar de allí después de casi un mes de trabajo. Gracias a grandes amigos Carlos Julio Moya es.linkedin.com/in/comunicacionpositiva, Luz Dany Moreno co.linkedin.com/pub/luz-danny-master-moreno/46/b9a/273 de AICP es.linkedin.com/pub/aicp-asoc-int-de-coaching-y-psicología/76/a05/b65; Martha Luisa Silva co.linkedin.com/pub/martha-lucía-silva-cabrales/30/615/907; Yolanda Romero de Grandes Líderes http://www.gl.com.co/main/index.php Y gracias también por la segunda edición de mi libro con ediciones de la u, http://www.edicionesdelau.com/, esta vez en Colombia, que ha sido recibida magníficamente.

Fascinada por la energía latente de esa nación. El sentimiento de país les une. Durante mi estancia, diferentes empresas se han unido para apoyar una campaña espectacular: “SOY CAPAZ”, un mensaje que llena cualquier espacio posible, desde la portada del periódico a las pantallas del aeropuerto, los escaparates, las latas de bebida. “Soy capaz” de conseguir cambiar mi presente y conseguir un futuro mejor. En su caso la vida en paz.

El ejemplo de lo que está pasando en Colombia nos frece una oportunidad magnífica precisamente para darnos cuenta del poder inmenso de las declaraciones. ¡¡¡Toda una nación declarando SOY CAPAZ”. Les cambiaba la cara al decirlo, se conmocionaban con la frase, sonreían con facilidad. Declaro mi admiración por una sociedad que deja el miedo, el resentimiento y las ganas de venganza atrás, que deja el pasado en su pasado y quiere orientarse a un futuro mejor.

La posibilidad de la esperanza, de la confianza en sí mismos, el proyecto de futuro, de eso va el autoliderazgo, de eso va el sentirse capaz. En definitiva de enfocarnos en las emociones positivas de la alegría y el amor que son las que permiten el desarrollo del ser humano y su proyección al futuro. Yo quiero estar ahí y rodearme de personas que buscan generar espacios de un futuro mejor.

¿Puede haber una fuerza impulsora más poderosa para el ser humano? ¿O para una nación?

Con mis mejores deseos de paz para mis amigos de ese gran país. Ojalá el año que viene cuando vuelva a verlos me hablen del éxito ya conseguido.

desayuno hotel 10

CUESTION DE AUTOESTIMA

autoestima“Tengo que quererme” “Ya lo sé, me lo digo todos los días” “Me lo dicen todos”… “Pero es que no me sale, no sé cómo hacerlo”

“¿Tienes que quererte?”

“¿Cómo se puede uno querer desde el deber?

“¿Puedes exigirte u obligarte a quererte?”

“¿Puede alguien quererse porque te lo digan otros?”

 “Esto del quererme…”

Lo oigo una vez y otra en los procesos de coaching: “Me tengo que querer más”, ¿pero cómo lo hago?”

No importa el objetivo original del proceso de coaching, ni el contexto empresarial o personal en el que se desarrolle, la probabilidad de oír este tipo de comentarios es altísima. Pero, sin duda, el más habitual es la declaración rotunda y brutal de “yo soy muy exigente” o en su variante “soy un perfeccionista” y con ellas el cliente ya trata de justificar todo lo que afecta su vida: actos, pensamientos, sentimientos y trata de “convencer” al coach de su fuerza y bienestar.

¡¡Qué lejos del bienestar!! Esto, el perfeccionismo es precisamente uno de los síntomas que manifiesta una autoestima deficiente. Sólo o en compañía de otros síntomas como son: las tendencias a defenderse de todos y todo, a auto-culpabilizarse de cualquier nimiedad, a justificar sus actos, a saltar por cualquier cosa, a ser supercrítico con uno mismo y con los demás, a estar indeciso, hipersensible a la crítica, a complacer a los demás.

Las personas tendemos a pensar que eso del querernos, lo de la autoestima, es algo parecido a arreglarnos el pelo, “tengo que ir a la peluquería” y traslado a la peluquera la responsabilidad de arreglarme el pelo y mejorar mi aspecto, voy me peinan y ya está.

Pero la verdad es que se trata de algo con mucho más alcance y rotundidad en nuestras vidas. La autoestima, junto con el autoconcepto y la autoimagen constituyen nuestra identidad, nuestro sentido de quién soy. Y esto ya son palabras mayores. Empezamos hablando de autoestima, de cómo nos queremos y pasamos a hablar de quienes somos. Ambas ideas están ineludiblemente vinculadas.

La autoimagen es la percepción sobre quienes somos, qué aspecto tenemos, cómo nos vemos de capaces para la vida, las relaciones, el trabajo, etc. Nuestra autoimagen como los otros componentes de la identidad se forma a lo largo de nuestra vida desde la infancia, en gran parte basándose en los comentarios de aprobación de las personas con las que nos relacionamos, especialmente los de la familia y también los del entorno escolar, los amigos y el entorno laboral.

El autoconcepto es la idea global u organizada que tenemos de nosotros mismos: si somos buenos o malos, interesantes, valiosos, inútiles, tontos,…. Es un juicio poderoso, una “creencia maestra” que a modo de muro de carga sustenta el edificio mental de nuestra identidad. También desarrollado a lo largo de nuestra vida se manifiesta con nítida claridad a través de nuestras palabras.

La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos constituida por un conjunto de percepciones, evaluaciones, pensamientos, sentimientos y acciones que tienen como foco nuestra propia persona, lo que somos y lo que hacemos. Su impacto es tremendo en nuestra vida ya que concierne a nuestro sentido de valía. Nada de lo que sentimos, pensamos o hacemos es ajeno a esta evaluación gradual de nosotros mismos que identificamos habitualmente como baja autoestima, autoestima frágil y alta autoestima.

La falta de autoestima se manifiesta en el desprecio de mí mismo, al considerarme sin valor e indigno de ser validado, de ser amado. Las creencias de “no valgo”, “no soy digno de ser querido”, “no soy válido” quedan muchas veces enmascaradas detrás de una cortina de vistosas justificaciones como “es que estoy en paro”, “es que a mi edad”, “es que yo no lo cojo tan rápido como los otros”, “es que…” Ni que decir tiene que la persona interpreta el papel de víctima en la obra de su propia vida. Es habitual que la tristeza se perpetúe en ellas ante la pérdida de valor de sus vidas y les lleve como en un círculo vicioso infinito a una parálisis continuada. También es habitual la ira con acciones agresivas hacia los otros, el mundo y uno mismo tanto físicas como verbales.

Un nivel intermedio es el de la autoestima frágil, la persona se valora y tiene una buena imagen de sí misma “salvo” cuando aparecen situaciones en las que se puede poner en cuestión su prestigio y por lo tanto ponerle en cuestión a él como persona. Una forma de manifestarlo es fanfarroneando precisamente de su capacidad, de sus recursos, de sus conocimientos, contactos, inteligencia, su aspecto físico, en definitiva, de cualquier cosa en la que pueda sustentar una aparente fuerza que oculte su miedo al fracaso. Aparecen los juicios comparativos con los demás “pues no voy a ser menos”, “pues si ese lo hace yo también”, “a mí nadie me va a decir cómo hacerlo”,… juicios que demuestran el gran peso de la envidia en su vida. No termina de verse capaz y por lo tanto compensa su miedo con intensos mecanismos de defensa para evitar vivir una derrota o sentir vergüenza. Ello le lleva a conductas de manipulación para hacer ver a los demás la bondad de sus afirmaciones y protegerse mediante la aquiescencia de los otros del peligro de tomar una decisión que afecte su reputación, pero sobre todo que haga tambalear su frágil autoestima.

El nivel más elevado es el de la alta autoestima o autoestima fuerte. Es cuando la persona hace una buena valoración de sí misma. Se ve capaz y por tanto no tiene miedo a los retos que se le plantean. Puede reconocer sus fallos e implicarse por completo en algo porque, si sale mal, su autoestima no se ve comprometida. No presume como en el nivel anterior porque no necesita hacer alarde de sus recursos. Es fácil que afronte la vida desde la alegría y la aceptación y por lo tanto su bienestar sea mayor.

La capacidad de generar aprecio y confianza hacia uno mismo y hacia los demás está en la naturaleza de las personas, es parte de esa fuerza que nos constituye como seres humanos y gracias a ella construimos nuestra vida, nuestro bienestar, nuestras relaciones y fortalecemos nuestros vínculos y cooperación. Podríamos pensar que siendo como es tan importante para la calidad de vida de las personas tendría que ser alta y, sin embargo, la realidad es que con mucha frecuencia nuestro nivel de autoestima es inferior al que necesitamos para tener una vida plena como se pone de manifiesto en los procesos de coaching. El origen básicamente está en que no nos miramos con la mirada de aceptación y amor necesarias y la interpretación que hacemos de nosotros mismos es despreciativa, muchas veces porque no hemos aprendido a valorarnos adecuadamente, otras porque nos castigamos al creer que no estamos a la altura o sentimos que nos hemos traicionado a nosotros mismos y otras por la influencia desvalorizante de personas a las que creemos.

maslow

 

Aunque los tres aspectos de la identidad son fruto de nuestra propia interpretación, el peso de nuestro entorno es enorme en su constitución. Fundamental para entender el alcance de esto es reconocer las valiosísimas aportaciones de los psicólogos humanistas quienes ya desde los años 40 identificaban la necesidad del aprecio propio y el de los demás en el bienestar de una persona.

Así el gran psicólogo Abraham Maslow señalaba que la necesidad de aprecio de su “Pirámide de necesidades” recoge dos aspectos, el aprecio por uno mismo (amor propio, confianza, suficiencia) y el aprecio que se recibe de otras personas (reconocimiento, aceptación, confianza). Precisamente sobre este segundo aspecto el maestro del desarrollo humano Carl Rogers puso el énfasis, señalando el valor de la aceptación incondicional del otro como fuente desde la que la persona puede generar su propio aprecio. Y esto que Rogers ya desarrollaba en los años 40, es a lo que hoy en día se da una importancia sustancial en el coaching de desarrollo. Se trata de uno de los fenómenos esenciales y con mayor impacto en los resultados de un proceso: la aceptación incondicional del otro como legítimo otro, como ser pleno con todas sus respuestas y capacidades ante quienes el coach simplemente actúa como palanca de apoyo o cambio. Ellos, los clientes, lo dicen con claridad: “crees tú más en mi que yo mismo”.

¿Desde dónde nos planteamos la autoestima? ¿Desde la exigencia (fruto de nuestra inseguridad) a ver si con ella conseguimos controlar algo lo que ocurre a nuestro alrededor? ¿Desde la emoción del miedo de no estar a la altura, del qué dirán, de cómo voy a hacerlo, del no sé si voy a conseguirlo, del no soy capaz,… fruto de que nos evaluamos sin recursos para afrontar una situación? ¿Tal vez desde la ira que responde a sentirnos amenazados por lo que ocurre (comentarios de otros, situaciones problemáticas, adversidades,…)? ¿O tal vez desde la tristeza de sentir que hemos perdido oportunidades, capacidades, valoraciones, estimas, valores,…?

Cuando la estima se fundamenta en emociones que nos limitan y restan posibilidades no es posible que crezca ni sea positiva. Nace en un terreno no apto para este tipo de cultivos.

Einstein lo decía muy bien: la solución no se encuentra en el mismo plano en el que se plantea el problema. Si tu autoestima te resulta baja no se trata de subirla, sino de cambiar el lugar donde la fundamentas, donde la plantas, porque al igual que una semilla, una vez que encuentre un lugar rico en nutrientes dónde asentarse, enraizará y crecerá.

Estimarnos es el fruto de la emoción de aceptación que nos permite valorar lo que hay, aceptar el aquí y ahora como un momento único, disfrutar del ser y del estar. No significa conformismo ni complacencia en el status quo, significa sentirnos en paz y en equilibrio con nosotros mismos. Y esto nada tiene que ver con la egolatría, ni la vanidad, ni el egoísmo.

En palabras de otro gran psicólogo Albert Ellis “Auto-aceptación quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respeto y su amor”

Desde esta emoción la autoestima brota como una hermosa planta en primavera nutrida por un equilibrio interior poderoso.

Quererse es una sensación sutil, sentida, como la brisa en la cara, cómo el calor de los rayos del sol en el cuerpo, es sensorial, táctil, incorporada en el cuerpo, está en ti, es dar valor a quien eres independientemente de qué haces, de qué te dicen, de lo que logras o no logras hacer y eso ¿es una obligación?,… o es fruto de un sentir.

Bien pues si lo que quieres es una autoestima más fuerte, es cuestión de ponerse a ello. ¿Cómo?

La Psicología Positiva nos da las claves para ello. Los pasos son consecutivos como si de una escalera de superación centrada en el triunfo personal se tratase.

 

  1. Auto reconocerme: identificando con objetividad lo que hago y qué me lleva a ello, mis necesidades, mis sentimientos, mis fortalezas (cualidades, habilidades), mis áreas de mejora, mis puntos negros. Es un trabajo esencial de reflexión y conocimiento de mi mismo que se prolonga durante toda la vida, más allá del proceso de coaching, revisando la idea que tengo de mí mismo, lo que me digo, qué adjetivos utilizo para describirme, en definitiva, cómo me hablo.

 

  1. Auto aceptarme, revisando qué aspectos de mí valoro y cuáles detesto. Todos los aspectos que me constituyen como persona (físico, psicológico, social, espiritual) son parte de mí, simplemente es cuestión de admitir que están ahí. Cualquier sensación, sentimiento, pensamiento, acción son lo que en ese momento soy capaz de hacer o tener y en ese sentido tienen valor para mí. No pienso mal o siento mal o actúo mal. Sea lo que sea lo que esté haciendo es lo que en ese momento soy capaz de hacer. Si quiero otros resultados ya haré algo diferente en otro momento.

 

  1. Auto valorarme, poniendo un foco positivo, mirándome con una mirada que me ponga en valor estimando las cualidades que tengo, lo que hago, lo que soy. Poniendo el foco en las cosas que me satisfacen, que me enriquecen y me hacen aprender y sentirme orgulloso de mí mismo, y que en definitiva mejoran mi bienestar.

 

  1. Auto respetarme expresando mis sentimientos sin culpabilizarme, castigarme tanto física como psicológicamente con reproches, frases desvalorizantes, aceptando las de otros o cualquier otra forma de degradarme. Respetarme es considerarme digno y merecedor de mi bienestar y desde ahí también respetaré a los otros.

 

  1. Auto superarme, cuando he superado los escalones anteriores soy consciente de mí, de mi valía, de mi dignidad y tengo la fuerza necesaria para sostener mis valores y desarrollar mis capacidades. Ya es cuestión de sumar pequeños logros en el día a día para elegir mi propio grado de autoestima.

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Son aspectos que de forma integral tienes que abordar si quieres que tu autoestima se fortalezca y como resultado evoluciones mejorando tu capacidad de adaptación a tu medio y tu calidad de vida.

Algunas de las consecuencias de ello son:

Claramente que la confianza en ti mismo y en tus posibilidades para liderar tu vida se incrementan.

  • No te dejas avasallar por los problemas, los contratiempos y las dificultades sino que los consideras oportunidades de aprendizaje y experimentación. Pasas del fracaso al aprendizaje.
  • Confías en tus valores, sabes priorizarlos y adaptarte a tu entorno sin que implique confrontación o huída.
  • Dejas de “pre-ocuparte” por lo que haya ocurrido o por lo que pueda pasar y te centras en “ocuparte” de que ocurra lo que quieres.
  • Pones el foco en tu propia dignidad sin compararte con los demás aunque reconociendo las diferencias específicas de cada uno.
  • Das por hecho que eres interesante y valioso para otras personas, aunque no para todo el mundo. No es necesario que todos te quieran porque eres tú la fuente de tu propio amor.
  • Tienes más consideración por las necesidades y sentimientos de los demás ya que la tienes en primer lugar para ti.
  • Aceptas que tu vida es valiosa y que “todo está bien” y que desde ahí puedes disfrutar de cada momento y de cada actividad.

Un regalo final. Se trata de un sencillo ejercicio propuesto por la Psicología Positiva que la mayoría de mis clientes de coaching terminan haciendo, “El Diario”. Sí, llevar un diario, pero no de lo que has hecho a lo largo del día sino un registro diario poniendo foco en lo que vales, en lo que te valoras, en cómo estás siendo la persona que quieres. No falla, “acción mata juicio”, repetir una y otra vez genera el hábito de mirarnos con la dulzura propia de la estima, del amor.

 

Por si quieres saber más:

  1. Branden, Nathaniel (1990) Cómo mejorar su autoestima (original 1987). (original 1987). Ediciones Paidós Ibérica.
  2. Ellis, Albert (2005) The Myth of Self-esteem: how rational emotive behavior therapy can change your life forever.Prometheus Books.
  3. Ross, Martín (2013) El Mapa de la Autoestima. Dunken.

ÉXITO, LOGROS, PERSONA, EVOLUCIÓN

que nadie te diga nunca¿Qué es el éxito? ¿Qué significa? ¿Qué son los logros? ¿Cómo me sobrepongo y crezco día a día para alcanzar el éxito?

Hace algunos días Cris Moltó es.linkedin.com/in/crismolto me entrevistaba como persona de éxito para que hablara del éxito. Bonita y sugerente fue la mirada de Cris. Fue una de las entrevistas más interesantes y más potentes de entre las que me han hecho. Me llevó a la reflexión sobre qué es el éxito, lo que significa para mí, cómo lo percibo y qué valoro yo de ello. Nunca me había parado a pensar en esto. Suele uno reflexionar, como mucho, sobre el éxito, queriéndolo, buscándolo, viéndolo en otros, pero no analizando qué es para uno mismo y qué significa en la propia vida.

La reflexión que Cris me propició con sus preguntas me hizo centrar mi atención en este tema y ahondar en lo que normalmente entendemos por éxito y en lo que para mí personalmente significaba. Me surgieron así perspectivas, ideas, interpretaciones que después me han hecho pensar en ello repetidamente. Gracias Cris por llevarme a esta reflexión.

Sí, para muchas personas el éxito es el triunfo, el alcanzar notoriedad, el ganar dinero, el poder, la posición que pueda generar en otros admiración y pleitesía. Sí, muchas veces nos medimos por el éxito de los otros: “Es Director General”; “Soy Regional Manager”; “Soy Ejecutivo de primer nivel”; “He sido Manager”; “He ocupado posiciones en multinacionales”. En el mundo empresarial se oyen estas frases con fervor, incluso se cambia el tono, velocidad y timbre de la voz al decirlas. Más despacio, más sonoras, más rotundas, como para dar tiempo a los otros a que puedan atender y asimilar el poder implícito en ello y la importancia de lo que decimos que hemos hecho o hacemos. Es un éxito valorado, buscado y exhibido, pero también un éxito del hacer – y con frecuencia también del tener-, un éxito de las formas, de las etiquetas, de los supuestos, que puede que se sustente en un rotundo mérito personal, o sólo sea una imagen, “marca”, forma y apariencia.

Al hilo de las preguntas de Cris, fui entramando mis ideas, mis sentimientos, mis valores sobre el éxito. No, definitivamente no le confería valor a ese éxito de fachada, para mí sólo era una información situacional de la persona. Interesante, adecuada, útil profesionalmente, pero que no me hablaba de la persona que es ante su vida, de su energía, de su momento vital, de lo que está disponible para hacer, para compartir y para vivir. No me hablaba más que de su pasado y no de quién puede ser en su futuro. Es un referente que condiciona mis expectativas sobre ella. Poco me dice de la evolución que pueda tener y lo logros que pueda alcanzar.

No me hablaba de si puedo o no conectar con esa persona, relacionarme con ella, compartir y vivir. Y esto, cada vez está adquiriendo más sentido y presencia para mí y en cómo quiero vivir mi vida, dentro de la cual mi ejercicio profesional es sólo una enorme, sustancial y magnífica faceta.

Continuamente me encuentro en mi trabajo este tipo de perfiles profesionales de “éxito” que buscan en un proceso de coaching alivio a la tensión acumulada en esta carrera por despuntar. Personas que se sienten descompensadas, que han puesto mucha energía en conseguir esos logros que tanta admiración causan en el mundo profesional, pero que se viven a sí mismas con desasosiego y dolor. Cuando les pregunto por su nivel de autoestima invariablemente ¡se suspenden a sí mismas! Su auto-concepto es pobre, deteriorado; su autoimagen distorsionada. Toda su identidad está resentida por la falta de centramiento y coherencia consigo mismas y el poco valor de su proyecto vital. Toda su energía se ha dirigido a la consecución de este logro profesional, externo, de fachada. Naturalmente no significa que todos los “ejecutivos o profesionales de éxito” estén en esta situación de descentramiento e insatisfacción, pero sí es más y más habitual que personas con un alto nivel de compromiso con su carrera aprovechen la oportunidad del proceso de coaching para “darle una vuelta” a su forma de enfrentarse a la vida, no sólo a los retos profesionales. Esto ocurre cada vez con más frecuencia en los procesos de carácter profesional, como constatamos y comentamos en los foros profesionales más representativos los expertos en entrenamiento mental.

El éxito para mí no es este éxito de fachada. Estos son sólo logros profesionales. Pero no me habla de la persona que los ha conseguido, ni del valor diferencial que aporta para lograrlos, ni de su calidad humana. Sólo habla de rótulos asociados a un nivel de decisión y a un poder que los demás alabamos y buscamos, la mayor parte de las veces pensando en cómo sacar beneficio de ello.

He descubierto que mi forma de entender el éxito tiene que ver más con los retos con uno mismo, con quién soy, con quién quiero ser, retos que tienen que ver con cómo me enfrento a mi vida, más que con los desafíos profesionales que representan lo que hago y lo que tengo. Quizás estoy equiparando el significado de “héroe”, de alguien capaz de conseguir resultados extraordinarios en situaciones críticas, con el de persona de éxito. Pero ¿qué es una situación crítica?, ¿qué es una persona de éxito?

Cris me pidió que le dijera una persona que fuera para mí un ejemplo de éxito. Y sin dudarlo hablé de Mandela. Para mí representa la persona capaz de superar sus creencias y cambiarlas por otras. Mucho se habla del impacto de su figura en el devenir de Sudáfrica y del ejemplo que dio al mundo entero con su política de unidad. En mi opinión la clave de su éxito está en que fue capaz de pasar de sus propias creencias restrictivas, de confrontación, de yo gano – tú pierdes, a unas creencias sumatorias, de colaboración, de yo gano – tú ganas. Tuvo que ir deshaciendo en su mente el sustrato emocional de ira y resentimiento hacia el establishment de Sudáfrica, y cambiando esa emoción y ese estado emocional por la aceptación y la ambición de un mundo mejor. Sólo desde esta emoción ligada al amor podía pensar en las soluciones integrativas que luego puso en marcha en su país.

Puede que la prolongada y brutal soledad en la prisión, lejos de llevarle a la amargura y el resentimiento que muchos hubieran considerado la respuesta adecuada, le hicieran explorar nuevas formas de reinventarse e interpretar el mundo. No cayó en la “indefensión aprendida” de pensar que no podía hacer nada para cambiar las circunstancias. No sé cómo hizo el click necesario para ello. Tal vez su poema favorito “Invictus” fuera la palanca de cambio apropiada.

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Desde luego cambiar es más fácil cuando contamos con alguien que nos acompaña en ese afrontamiento de las circunstancias difíciles. La presencia de otro que comparte con nosotros, y mejor aún, que nos escucha, es una poderosa palanca que nos facilita tomar impulso y alcanzar niveles de excelencia antes impensables. Es lo que suele ocurrir en el entrenamiento mental: se aceleran estos procesos de cambio y empoderamiento gracias a la facilitación profesional de un experto, especialmente de un psicólogo experto en coaching.

Es propio de las personas recuperarse, salir más fuertes y capaces de las situaciones difíciles que se les plantean. La capacidad de resiliencia del ser humano es un fenómeno extraordinario que nos habla de una cualidad formidable. Tendemos a la recuperación, al equilibrio, a salir fortalecidos y con nuevos recursos de nuestros conflictos. Nos reestructuramos, nos empoderamos, aprendemos de las situaciones difíciles y conseguimos una nueva forma más rica, evolucionada y poderosa de afrontar lo que nos ocurre. Mandela, de forma similar a Vicktor Frankl, fue capaz de superar la inmediatez de sus circunstancias y pensar en un mundo mejor, en nuevas posibilidades de acción, en nuevas formas de afrontar la tremenda dureza de sus circunstancias.

Puede que lo que convierte a alguien en un héroe es que, ante circunstancias durísimas, reacciona de forma constructiva, generando opciones y abriendo posibilidades, algo que los demás admiramos precisamente por la energía generadora de su potencia positiva.

Sin embargo, las personas no sólo nos enfrentamos a circunstancias duras situacionales. En el día a día también nos encontramos con situaciones durísimas, no sólo física sino psicológicamente. Pensemos por un momento en el adolescente al que todo su entorno califica de incapaz. No dejan de ser los juicios de las personas que le miran y que lo hacen desde su propio juicio sobre sí mismos, pero la verdad es que para un adolescente la presión social de “no puedes”, “no llegas”, “no lo vas a conseguir”, “no vales” es absolutamente demoledora. Recientemente en un programa de “coaching constructivo” trabajaba con un grupo de adolescentes la construcción de su identidad. ¡Tremendo el reto! Si pensamos que las circunstancias de Mandela eran duras, pensemos por un momento en las circunstancias de una criatura que aún no tiene identificados sus recursos, que aún sigue tomando la fuerza de los otros. Los adolescentes están forjando su identidad a través de lo que los demás les dicen, sobre quiénes son y sobre qué son capaces de hacer. Mandela o Vicktor Frankl eran hombres maduros, capaces para elegir sus pensamientos, sus sentimientos y sus comportamientos. Los adolescentes aún están en ese proceso de aprender a elegir, “eres lo que piensas”, y sin embargo ellos son en gran parte lo que piensan los demás de ellos. Si en los adultos sus pensamientos son los que les llevan a dónde y cómo están, en los adolescentes son los pensamientos de otros: padres, profesores, compañeros, conocidos, amigos los que les llevan a concebir su propio auto-concepto. Aún están desarrollando la “moral heterónoma” que les permita elegir su propio posicionamiento ante la vida.

Cris me preguntó por otra persona de éxito. No lo dudé, mi nuevo símbolo de persona de éxito, mi nuevo héroe, era un adolescente cercano al que he visto superar las limitaciones que otros le imponían, las creencias de otros sobre él que le espetaban. Encontrar la fuerza dentro de uno mismo para superar no sólo a uno mismo sino las creencias de otros sobre uno mismo me parece un logro aún mayor que el de superar circunstancias adversas. Porque ¿con qué cuentas cuando todos te dicen que no puedes, que no vales, que no llegas? El problema no es pensar qué malos son los demás, o qué injusto es el mundo, sino pensar en qué malo soy yo que me merezco el fracaso que me pasa.

La clave no es tanto lo que hacemos sino lo que pensamos. Nuestros pensamientos moldean la persona en la que nos convertimos cada día. Influyen en nuestro vivir diario, afectan nuestras decisiones, determinan nuestras relaciones y, en definitiva, la calidad de la persona que somos. Siendo tan potente y sustancial la formación de la identidad en nuestra vida resulta desalentador ver lo poco que se trabaja en el sistema educativo la importancia del pensamiento sobre uno mismo. Educamos en contenidos, en qués, pero no en cómos. Pretendemos llenar con la educación el recipiente con contenidos en vez de alentar el fuego del ser humano que se está forjando. Llenamos a los adolescentes de nuestros conocimientos, nuestras creencias y nuestras limitaciones. Por eso terminamos haciendo coaching reparativo, facilitando la reconstrucción de sí mismos en personas adultas. Y sin embargo, ¡cuán potente sería hacer un coaching constructivo! Un coaching en el que los adolescentes aprendieran a pensar sobre sí mismos de forma que les empoderase, les hiciera superar sus circunstancias y vivir acorde con su propio proyecto vital. Este es el programa que estamos llevando a cabo en la Fundación Aprender http://www.fundacion-aprender.es del colegio Brot de Madrid y el tema que desarrollaré en el congreso INFAD de la Universidad de Extremadura http://www.viicongresopsicologiayeducacion.com/.

Ambos dos, Mandela y el adolescente son mis “héroes”, las personas que materializan para mí el éxito, porque, ambos dos, han sido capaces de saltar por encima de su paradigma habitual lleno de juicios de imposibilidad, de confrontación y de rabia, para construirse un nuevo paradigma de capacidad, posibilidad y acción personal. Es muy fácil construir un paradigma de hábito, costumbre e irreflexión.

Definitivamente para mí el éxito consiste en la superación de uno mismo, en ser capaz de construirse y de evolucionar, en ser más capaz de afrontar con consciencia y satisfacción nuestro gran reto de vivir.

LOS INGREDIENTES DE LA FELICIDAD

Imagen2El día 13 de noviembre presentaré de nuevo mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”. Esta vez en un espacio único por el respeto y aceptación de la otra persona, sea quien sea ésta. Es un espacio donde la utopía de la felicidad se materializa cada día en los procesos de desarrollo personal que allí tienen lugar. Es el espacio de CIVSEM donde se produce el “milagro personal” de facilitar que cientos de personas se sientan dueños de su vida y capaces de elegir cómo sentirse ante ella. Un espacio donde muchos descubren por primera vez cómo se relacionan con sus emociones, cuáles son sus sentamientos y cómo su pensamiento influye en su propio bienestar.

Decía Martin Seligman, el autor de “La auténtica felicidad” y psicólogo clave en la Psicología Positiva que hay tres caminos para alcanzarla. El camino de la vida agradable a través de las emociones, el de la vida comprometida a través de la conexión entre la actividad interna o externa y el de la vida personal a través del significado personal.

Habitualmente pensamos que estar contentos es el camino de la felicidad, sin embargo las emociones pueden ser diversas y no sólo desde la alegría se siente uno feliz. Además, no es el único camino para la felicidad. De hecho los dos caminos del compromiso y el significado aportan más satisfacción a la vida que el pasar un buen rato, a pesar de que esto sea estupendo en sí mismo. La vida comprometida implica estar involucrado en la actividad que uno realiza, en sus relaciones y vocación. Emoción positiva y compromiso juntos no conducen a la satisfacción profunda, por ejemplo, uno puede sentirse felizmente comprometido en dejar su vida. El tercer camino por el que encontramos significado, propósito y el sentido con una causa mayor es el ingrediente que faltaba. Los tres juntos agrado, compromiso y significado nos llevan a crear una vida plena.

Y estos son los caminos que se trabajan en CIVSEM y son los caminos en los que trabajo, ¿puede haber rutas más atractivas?

Un espacio perfecto para hablar de emociones capacitantes.

Será el miércoles13 a las 19,30 h. en la C/ Rufino González 14 Escalera 1. 1ª Planta T. 91 449 08 61

UNA HORA EMOCIONANTE

BX1XSKgIgAAfvxt Hablando de emociones se pasan las horas. Sí, me gusta hablar de emociones, me gusta poner en valor las emociones, me gusta llevar las emociones al mundo de las empresas tanto o más que a las personas. Me gustan las personas que quieren estar emocionados, que quieren reconocerse en las emociones, que quieren aceptarlas, valorarlas, usarlas.

Las emociones son nuestra naturaleza, son parte de nosotros mismos y con ellas interpretamos lo que ocurre, actuamos, trabajamos, ¡¡VIVIMOS!!

No puede concebirse el comportamiento de las personas como un acto de lógica matemática, lejos de ello los actos de las personas están pasados por el filtro del significado para uno mismo. ¿Qué significa esto? ¿Me ayuda a sobrevivir o por el contrario entra en conflicto con ello?; ¿me ayuda a estar bien o por el contrario me hace pensar que estoy en peligro, en pérdida, en amenaza? Para eso están las emociones, para filtrar y ayudarnos a entender y responder con rapidez y certeza.

Claro que otra cosa es cómo entendemos las cosas  y lo peor de todo, si sólo lo entendemos de una determinada forma (pero ese será el tema de otro libro)

Las emociones son el filtro básico y sin ellas no salimos a la calle. ¿Cómo es posible entonces pensar que en el trabajo no tienen cabida? Cualquiera que quiera evitar esto se hace un flaco favor a sí mismo ya que interpreta la vida de forma parcial, limitada, eludiendo precisamente la información más básica: la emocional.

Con motivo de la presentación de mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”, estuve en Zenworking radio estupendamente acompañada por otro experto en emociones y gran amigo, además de prologuista de mi libro, Ovidio Peñalver (es.linkedin.com/pub/ovidio-peñalver/11/238/805; @ovidioisavia). Allí estuvimos hablando durante un “buen rato” con otra coach Elena Mendoza (es.linkedin.com/pub/elena-mendoza-de-la-fuente/15/a09/752; @zenworking) en su programa de Zenworking. Aquí tenéis el enlace para que podáis disfrutar de nuestro fluir en el programa.

http://zenworking.radio3w.com/conocer-las-emociones-que-son-y-como-utilizarlas/

Sera magnífico contar con vuestros comentarios.

 

Y si queréis aprender mucho más de cómo gestionar vuestras propias emociones y las del coachee, la cita está muy próxima, el próximo 30 de noviembre. Más información en info@lider-haz-go.es

CRÓNICA DE UNA PRESENTACIÓN EMOCIONANTE

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Presentar un libro dicen que siempre es un acto emocionante, sobre todo para el autor. Doy fe, yo diría que CON-MOCIONANTE. Contaba yo ese día que no tenía mariposas en el estómago, tenía dragones bellos y candentes con una energía contenida e intensa que me hacían sentirme llena de calor. Ganas de compartir, ganas de fluir, ganas de estrenar y disfrutar con amigos, colegas, curiosos de esta primera entrega al público de mi intenso e ilusionante trabajo con las EMOCIONES CAPACITANTES.

Presenté mi libro en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ante un público entregado, amable y atento al que doy unas sentidas gracias por su confianza en mí. De la mano de mi estimado prologuista, Ovidio Peñalver, quien también se estrenaba en este rol, con quien comparto, además de magníficos momentos de trabajo y aprendizaje, la pasión y la dedicación en el terreno de la divulgación emocional, disfrutamos con el diálogo fresco y fluido que da la confianza, como amigos que comentaran las últimas actividades de nuestro año pasado.

Ha sido un momento muy especial, único en la vida, pasar de la intimidad de la reflexión, del estudio y la experimentación en la que yo me planteaba con mentalidad de coach, entre otras muchas, las preguntas “¿para qué hago lo que hago?”; “¿es esto lo que necesita conocer un coach para relacionarse con las emociones de sí mismo y de su cliente?”; “¿en qué medida esta información puede llevarnos tanto a mi cliente como a mí a resultados extra-ordinarios?”, a compartir con los demás, a esperar sus comentarios, a ver sus caras de alegría y reconocimiento.

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Reconozco que los años de investigar para realizar mi tesis doctoral han marcado mis hábitos al abordar este tema.

Primero una exhaustiva revisión bibliográfica y netgráfica (blogs, e-books, webs): ¡qué interesante, qué confuso, qué sosería!: de todo. Pero leer de todo ofrece perspectiva y visión global y lleva a ver los puntos en común, las constantes, los contrastes y las diferencias.

Después, la experimentación, la observación, el ensayo, la recogida de feedback. ¿Cómo aparecen las emociones en la sesión?, ¿cómo afectan a los objetivos del cliente?; ¿cómo me afectan a mí coach sus emociones?; ¿cómo actúo con ellas? Y dónde digo coach, digo director de personas y digo educador y digo padres.

Más tarde, la elaboración de toda esa información. El modelo salía con nitidez como fruto de la experimentación de más de 1000 h. de coaching en las que poder apreciar, comprobar y actuar. De nuevo a contrastar, esta vez con numerosos Focus Group. El modelo daba luz en un terreno hasta ahora confuso y desconocido. Ofrecía distinciones emocionales que permitían diferenciar las experiencias emocionales.

Hay una típica frase de empresa, “lo que no se puede ver, no se puede medir, lo que no se puede medir, no se puede cambiar” En la medida en que algo se hace tangible se puede gestionar y gestionar exitosamente. Y así ocurre con las emociones y con los sentimientos y con las sensaciones. En cuanto las ponemos nombre se hacen manejables, se pueden gestionar y llevarnos a acciones, en psicología se llaman funcionales, en lenguaje común diríamos acciones apropiadas, acordes con nuestros objetivos y la situación, en definitiva acciones exitosas.

Y una vez elaborado el modelo, vuelta a experimentarlo, a cuestionarlo: ¿clarificaba el mundo emocional?; ¿ofrecía distinciones operativas tanto para cualquier persona como para un coach / director de personas / educador / padre?; ¿permitía entender sencillamente las experiencias emocionales?; ¿en qué medida podía facilitar la comprensión y gestión emocional propia y de otros?

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Los resultados extra-ordinarios de mis coachees, cada vez mejores, me hicieron ratificarme en que el modelo era altamente operativo en todas aquellas actividades en las que comprender a los otros era necesario o al menos especialmente útil.

Ya sólo me quedaba organizar la información para ofrecerla a otros, ¿qué mejor vía que la pregunta?: ¿qué es?; ¿para qué sirve?; ¿cuánto dura?; ¿cómo afecta?,… la pregunta cuando se entiende como generativa, abre puertas, genera posibilidades, aunque sólo ofrezca respuestas cortas, pequeñas, circunscritas expresamente a la pregunta, siempre queda la posibilidad de añadir más, de generar nuevos espacios. Mejor esto que categorías cerradas, sin duda. Añadir un caso en el manejo de cada emoción creí que ayudaría a comprender mejor las propuestas del modelo.

Y con mi libro escrito, ya sólo faltaba encontrar editorial. Tuve la suerte de encontrarme con la editorial Rasche quien apostó por esta “joya” como ellos dicen nada más leerlo.

Y hasta aquí la crónica de cómo llegué a la presentación del libro. Más de 6 años de trabajo que adquirían todo su valor ante un salón lleno a rebosar de personas que siguieron con asombro y entrega la presentación. Gracias a todos los que me acompañasteis en ese momento, que alguien calificó de fresco, fluido, seductor. Y gracias a todos los que en la distancia me acompañabais con vuestro cariño y energía.

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Atentos porque muy pronto podréis ver la grabación de la presentación.
El libro está ya en los puntos principales de distribución, pero si queréis recibirlo en casa podéis pedirlo en esta dirección sin gastos de envío http://www.editorialrasche.es/tienda/es/home/29-emociones-capacitantes.html
Vuestros comentarios serán muy bien recibidos.
Que lo disfrutéis y os sea, al menos, tan útil como la ha sido para mí.