¿Soy adicto a las emociones negativas?

vaso medio llenoMe dicen que soy negativo. Yo mismo me doy cuenta de que todo lo veo siempre desde lo peor que puede pasar. Me fustigo. Me culpo por lo que ocurre. Me enfado conmigo mismo por cualquier contrariedad. No veo manera de salir de aquí. Pienso en lo peor continuamente. Estoy desanimado, deprimido, frustrado. Indignado por todo lo que ocurre a mi alrededor.

¿Te ves reflejado?

Son ya varios cientos de personas y docenas de equipos con los que he trabajado sólo porque querían una cosa: cambiar. Cambiar su negatividad, su derrotismo, su insatisfacción, su miedo, su sufrimiento. Habían entrado en lo que llamo “espiral de desánimo” (de mi libro “Manual del coach”).

Querían un cambio que implica muchos temas: confianza, autoestima, relaciones, salud, finanzas, vida, etc. La verdad es que muchos querríamos cambiar algo que nos fastidia en nuestra vida. Algunos a su jefe, otros a su pareja, otros su baja autoestima…

¡¡qué fácil es ver aquello que está fuera y que decimos que nos molesta!!

Queremos ser más felices, más seguros, más positivos, confiar más en nosotros mismos, estar más sanos o tomar mejores decisiones, pero… ¡¡cambiando algo fuera!!. “Si desapareciera mi jefe estaría mejor”, “Si la empresa dejara de fastidiar”, “Si mi mujer dejara de darme la lata”, “Si….” Es más cómodo y fácil poner la responsabilidad fuera. Ojalá nos dieran una pastillita y ya está, ¡desaparecida la molestia!

Pero la realidad es que el único gran obstáculo entre lo que tienes y lo que obtienes es tu forma de pensar. El cambio no puede estar fuera, no está en tu mano, el cambio está en ti.

Decía Mahatma Gandi: “Sé tú el cambio que quieres ver en la vida”

Y así es, la responsabilidad personal con nuestra propia forma de vivir es algo que pocas veces nos enseñan, es algo que tenemos que aprender. De nuevo la idea de que

somos nosotros los que tenemos que ser proactivos y decidir lo que ser “en este tiempo que se nos ha sido dado”

como decían en el Señor de los Anillos. Pero fijaros que no he dicho “hacer”, sino “ser”.

¿Qué pasa cuando eres negativo?

¿De verdad eres negativo? ¿O sólo te has acostumbrado a vivir en la negatividad?

Cuando “eres negativo” te acostumbras a pensar en negativo, tu cerebro se configura con ello. Los neurotransmisores vinculados con las emociones negativas que se generan con ese tipo de pensamientos están de forma constante invadiendo tu cuerpo. El cerebro se habitúa a esos niveles hormonales. Se hace adicto a ellas.

La neurociencia ha demostrado que las conexiones neuronales se hacen profundas y fuertes a base de repetición. Así es como se generan los hábitos. Así que, a base de pensar negativamente, en tu cerebro se producen caminos que llevan por esa ruta, no sabes ir por otra. Cada vez que te das razones para estar enojado o frustrado y verte como  una víctima estás incrementando los neurotransmisores de las emociones negativas, andando por esa ruta y haciéndola más y más marcada. Poco a poco esa ruta va afectando al resto del tejido nervioso y reforzando un status quo, no sólo en tu cerebro, sino en todas y cada una de las células de tu cuerpo. Como resultado de ello terminas identificándote con esas emociones y pensamientos negativos.

Si te encuentras experimentando y sintiendo la negatividad de forma frecuente o incluso constante es una señal de que tu cuerpo se ha habituado a ella y la necesita. Tu cuerpo se ha condicionado para esos neurotransmisores y quiere más y más, se ha vuelto adicto a ella. Cuando no puedes controlar tu negatividad es que debes ser adicto a ella.

Hacerte adicto a los neurotransmisores vinculados a las emociones negativas es muy fácil.

Cada situación, pensamiento, sentimiento, persona, trabajo, la vemos como una oportunidad para recibir una buena dosis de estos péptidos. Nuestro cuerpo demanda esas sustancias químicas que le hemos ido dando con tanto repetir las mismas acciones día a día. El caso es que te sientes fuera de control y tus reacciones son cada vez más intensas y desproporcionadas. Entras en una espiral de negatividad cada vez más profunda que afecta todos los órdenes de tu vida, incluida tu salud, por supuesto.

Así es muy fácil llegar a ser adicto a la negatividad. Lo que pasa con la adicción es que no sólo necesitas y quieres algo en particular, sino que cada vez necesitas un poco más que la vez anterior, tanto en cantidad como en amplitud. La negatividad irá en aumento progresivamente y tendrá un poder cada vez mayor.

La emoción de la ira estará cada vez más presente en todos los aspectos de tu vida. Cosas que antes no dabas importancia ahora desatarán reacciones descontroladas de ira rápidamente. Se pasa de una negatividad producida por unos hechos a una negatividad para interpretar la vida en general. Se puede decir entonces que ya eres un negativo.

Puedes ver tu índice de negatividad a través del test que nos ofrece la Universidad de Pensilvania en http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/default.aspx

Veamos cómo reacciona Mario. Trabaja en una oficina y vive su trabajo con mucha tensión y stress. Se ve en una posición que no se adapta a sus capacidades. Cada día se siente más y más frustrado. Piensa que su jefe está incómodo con él porque no cumple objetivos; que hay muchos otros compañeros más competentes que él. Afirma que la empresa les trata mal, que les presiona y coacciona y que las decisiones que toman de trabajo son erróneas. Cuando piensa en su trabajo, Mario llena su cuerpo de los péptidos negativos asociados a la ira, y se ha acostumbrado a tenerlos en su cuerpo continuamente. Así que Mario se enoja consigo mismo a todas horas, con todo tipo de inconvenientes, como los atascos, las diferencias de opinión, los contratiempos. Incluso en vacaciones se enfada por las cosas más insignificantes. Su cuerpo demanda al cerebro estos péptidos debido a la fuerte conexión que ha generado con tanto pensar en negativo y su cerebro hará todo lo posible para producirlos. Su diálogo consigo mismo es de todo o nada, blanco o negro, el deber, la exigencia, el fracaso. Está instaurado en el victimismo y en echar la culpa a otros de lo que le pasa.

O la ansiedad, nos haremos temerosos, viviendo en un miedo constante a ser desaprobados y no ser aceptados.

María tiene que ser la número uno en todo. Ella es la más brillante, la más lista, la más atractiva. Necesita de forma obsesiva ser validada y reconocida como la mejor. Eso la lleva a actuar con precaución, asegurando sus decisiones y eligiendo siempre lo conocido y seguro. Y le sale bien, se ha acostumbrado a salirse con la suya en todos los contextos. Tiene necesidad de hacer y hacer para mostrar su valía. Su libertad se ve limitada y su capacidad de acción restringida, pero lo más notable es su insatisfacción constante. Tiene tal miedo a no ser reconocida como la mejor que se vuelca compulsivamente en hacerlo todo extremadamente bien. Su cuerpo se ha habituado a esa mezcla de miedo y subidones de adrenalina ante el éxito. Fluctúa entre ambos, quejándose de que “no le da la vida para más”; mostrando su indignación en todos los momentos en que no es ella el foco de atención y el centro de todas las miradas. Ha comenzado a tener vértigos frecuentemente.

Y claro ahora viene la gran pregunta:

¿es posible liberarse de una adicción emocional negativa?

Pues sí. Pero no es algo que venga dado gratuitamente. Hay que hacer algo de forma deliberada y continua. Metafóricamente la idea es sencilla, “andar por otra senda”, buscar una nueva ruta por la que dirigir tus pasos.

Cada vez que interrumpes tus pensamientos negativos se produce una respuesta química en el cuerpo distinta; la conexión neuronal automática que te lleva por la ruta de la negatividad se rompe, esas neuronas se desconectan unas de otras, es decir, el camino se va desdibujando. El mero hecho de la observación y consciencia de tus propios pensamientos rompe la conexión. Ya no actúas por estímulo – respuesta reactivamente, sino que elijes tu respuesta activamente ante el estímulo.

Cuando te acostumbras a hacer esto, tu cuerpo va disminuyendo progresivamente su dependencia de los neurotransmisores negativos.

Ante cualquier evento de la vida podemos reaccionar tomándolo como algo negativo o pensar en las posibles respuestas ante ello y elegir cómo sentirnos. Pero lo que no se puede hacer es responder de ambas formas al mismo tiempo.

 

“¿En qué consiste la capacidad de darnos cuenta? En esa línea evolutiva de cada vez mejorar la capacidad de respuesta para sobrevivir, surgió una nueva capacidad, la de “darse cuenta” de lo que uno siente. Ese darse cuenta, la consciencia, nace del trabajo conjunto de todo el cerebro tal y como ha  comprobado un equipo de neurocientíficos franceses del INSERM en 2009. Incluso han identificado una “marca de consciencia”, es decir, un patrón de actividad neuronal correspondiente a la consciencia, y que tal como había planteado el profesor de genética molecular Johnjoe McFadden es el resultado de la interacción electromagnética de las neuronas. Cada vez que una neurona se activa, envía una señal electromagnética al cerebro, que queda retenida automáticamente junto con el resto de información cerebral, creando un “espacio consciente”.

 Es precisamente la capacidad de darnos cuenta, es decir la consciencia, la que nos permite pasar de la respuesta automática a elegir la respuesta más adecuada a la situación.

 La consciencia tiene un papel clave en la gestión de la información. Nos permite agrupar la información relativa a un tema, identificarla, interpretarla, evaluarla y actuar en función de ella”.

Del libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación”

Así que la toma de consciencia es el primer paso. No puedes cambiar algo que no sabes que existe.

Pero va a ser necesario algo más que la intención de cambiar para ello. La fuerza de voluntad por sí sola no es suficiente para superar una adicción. No se ocupa del origen de ésta. Estás tan acostumbrado psicológica y físicamente a ello que no basta un acto de voluntad para cambiarlo. Cuanto más tratas de quitar los neurotransmisores negativos, más los pide el cuerpo. Cuanto más consistentes sean las conexiones mentales más difíciles te será romperlas. El cuerpo demanda sus niveles químicos habituales y cuando, a pesar de tus intenciones, sucumbes a ellos, la sensación de impotencia y fracaso se suma a la negatividad previa. La conclusión es que se refuerza aún más el camino neuronal, y tus pensamientos negativos tienen aún más poder.

pasos

Anuncios

¿CÓMO INCREMENTAR LA CALIDAD DE TU VIDA?

calidadMuchas personas se sienten incómodas, descentradas, inquietas, con un malestar difuso que no les permiten disfrutar de su vida. Otras claramente se sienten estresadas, deprimidas o claramente fuera de lugar. Y no se trata de las circunstancias externas de la vida, sino de cómo nos enfrentamos a ello. En todos los casos falta calidad de vida, el bienestar personal está deteriorado, la gestión mental que hacemos no es eficiente.

La calidad de nuestra vida es el resultado de la calidad de nuestra vida psicológica, algo que entendemos habitualmente como nuestro grado de bienestar. Para Martin Seligman, el iniciador de la Psicología Positiva http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/Default.aspx, este bienestar es una combinación de 5 elementos que él denomina, por sus siglas en inglés, PERMA (Positive Emotions, Engagement, Relationships, Meaning y Achievement) y que presentó en  su nuevo libro “Flourish” (Florecer):

  1. Emociones
  2. Relaciones positivas
  3. Compromiso
  4. Sentido de lo que hacemos
  5. Logro que alcanzamos.

Puedes leer más sobre ello en: psicologia-positiva-y-coaching/

Dependiendo de cómo estemos en estos elementos, así será nuestra calidad de vida.

Afortunadamente estamos hablando de temas vinculados a nuestra inteligencia emocional, esto es, nuestra capacidad de adaptarnos a la vida y, especialmente, a la vida social que se materializa en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. Y, lo mejor, es que esta inteligencia sigue desarrollándose a lo largo de toda nuestra vida, a través de nuestros aprendizajes y relaciones.

Por ello, podemos incrementar nuestro bienestar ejercitándonos en los 5 elementos PERMA. El propio Seligman indica, de forma explícita, que no es un modelo prescriptivo, sino descriptivo de aquello que las personas, con un alto grado de bienestar, hacen. Por lo tanto, no es una receta, sino una propuesta que cada uno tiene que adaptar a sus preferencias y necesidades. Y, por ello, cada persona puede empezar por dónde más le interese y desarrollarlo cuanto quiera.

Como buena Psicóloga experta en Coaching (PsEC®) no puedo dejar de ofrecerte preguntas para que seas tú mismo quien revises dónde estás y decidas si te vale para la calidad de vida que quieres o aspiras a más. Así que he aquí:

10 preguntas para revisar tu bienestar psicológico:

  1. ¿Estás poniendo el foco en las experiencias positivas del día? Las personas positivas se desempeñan mejor. ¿Cómo te desempeñas tú? Si quieres ser más positivo, cada noche escribe en un cuaderno las tres cosas positivas del día, no hace falta contarlas, sino expresar por qué te han resultado positivas y qué has ganado con ello. Al cabo de tres meses notarás la diferencia en tu positividad.
  2. ¿Te imaginas alcanzando el éxito? Imagina cómo haces algo con plena capacidad, especialmente cuando te enfrentes a retos nuevos o desafiantes. Cierra los ojos e imagínate haciéndolo desde lo mejor de ti mismo, logrando el resultado que quieres. Disfruta con ello.
  3. ¿Has pensado cómo te gustaría ser recordado? Escribe tu epitafio, sí: aquello que quisieras que dijeran de ti en tu despedida de la vida. Lo más seguro es que seas más consciente de tus prioridades, de lo que quieres y de lo que no quieres en tu vida, y…, con ello tomes decisiones más coherentes con la persona que quieres ser. Te preguntarás si lo que haces en tu día a día te ayudará a lograr el recuerdo que quieres dejar y al momento sabrás lo que decidir y hacer.
  4. ¿Cuál es el legado que quieres dejar en esta vida? ¿Contribuyes de alguna forma al bienestar de otras personas, o sólo piensas en ti mismo? Los estudios muestran que las personas nos sentimos más plenas cuando colaboramos con otros y ayudamos en temas que generan bienestar a otras personas o al bien común.
  5. ¿Cómo quieres que sea tu vida a 5 años vista? Tener perspectiva, proyectos e ilusión ayuda a relativizar y poner orden a nuestra vida. Imagina la vida que quieres a 5 años, no sólo lo que estarás haciendo, sino cómo quieres sentir y pensar en ese momento. Por si te sirve de inspiración, fíjate lo que decía Ortega y Gasset “La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada”.
  6. ¿Te planteas retos? Los retos impulsan la voluntad, nos ayudan a levantarnos y actuar. Pueden ser de todo tipo, desde correr una maratón a tomarse las cosas con calma.
  7. ¿Te has parado a escuchar de qué te informan tus emociones? Tendemos a aceptar nuestras emociones como algo que nos pasa sin más, incluso hay quien habla de que las emociones nos habitan como si fueran entes -“unos aliens”- externos a nosotros. La verdad es, que las emociones siempre son nuestra reacción más inmediata a algo que ocurre, nos informan de cómo interpretamos las cosas, de cómo nos las tomamos. Así que la cuestión es reflexionar sobre por qué nos lo tomamos así.
  8. ¿Te dejas arrastrar por las emociones negativas? La gestión emocional es una habilidad que podemos desarrollar a lo largo de toda la vida. Darnos cuenta de por qué estamos tristes, airados, hartos, es el primer paso para regularnos. Preguntarte ¿para qué me sirve esto?, ¿es lo que necesito? es el siguiente paso. Decir “basta” es el tercero. ¡¡Podemos elegir nuestras emociones!!.
  9. ¿Cómo incrementas tus emociones positivas? Elije cómo quieres tomarte las cosas y desde dónde quieres reaccionar. Pregúntate, por ejemplo: ¿Cómo quiero sentirme ante esto? Rodéate de estímulos y personas que te aporten positividad, “¿Esto o a este lo quiero en mi vida?.
  10. ¿Qué haces para cuidar la calidad de tus pensamientos? Tú no eres tu pensamiento, tienes un pensamiento. Simplemente dándonos cuenta de esto tomamos distancia de ese pensamiento y podemos cambiarlo porque entonces es algo manejable.

Al final, la dedicación da resultados y al igual que ir al gimnasio produce cambios en los músculos, entrenar la mente da resultados en nuestra calidad psicológica, pero hay que hacerlo. Decía Soren Kierkegaard que “La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.”

Prefiero sugerir ideas que estimulen la responsabilidad de cada uno que dar instrucciones, así que aquí van 10 ideas para mejorar la calidad de tu vida. Como decía Ortega y Gasset: “La vida nos ha sido dada, pero no nos ha sido dada hecha”, hay que hacer que suceda.

10 ideas para mejorar la calidad de tu vida.png

Y para poner el broche de oro, un maravilloso poema que nos deleita con la reflexión de lo que merece la pena en la vida, que lo disfrutes.

 si tuviera.png

 

Con mis deseos de que la calidad de tu vida sea cada vez mayor.

 

¿ELIJO MIS EMOCIONES?: ¿GESTIONO MI BIENESTAR?

elijo-emociones¿Es posible realizar una gestión inteligente de las emociones?

Para muchas personas éste es el gran reto que se plantean en sus vidas: gestionar sus emociones. Algunas dicen que se sienten arrastradas y dominadas por ellas; otras ni se han planteado gestionarlas; muchos dicen sufrir con ellas. Lo que nos están diciendo con ello es que están la mayor parte de su tiempo en emociones negativas. Que les falta la flexibilidad y la presencia para estar en cada momento. De alguna manera están fijos en una única interpretación y en una única respuesta negativa ante lo que ocurre. ¿Qué lleva a las personas a entender mayoritariamente las situaciones como una amenaza, un conflicto, un peligro y desde esta interpretación vivir su vida?

Es cierto que hay situaciones de gran dureza y dificultad, pero de ahí, a que todo sea en la confrontación y una lucha hay un trecho. Puede que, en definitiva, no sean las situaciones en sí, sino la interpretación que hago de ellas las que me hacen sufrir.

Epícteto de Frigia (55-135) el filósofo grecolatino estoicista ya nos decía que

Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas”

También en la tradición oriental, las enseñanzas de Buda nos dicen que

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”.

Ambos señalan un hecho clave: una cosa son los hechos y otra es cómo vivimos esos hechos.

Las emociones es uno de los temas que más impacto y difusión están teniendo actualmente. No es de extrañar que hablemos de que este es el siglo de las emociones. Los descubrimientos neurobiológicos están aportando seriedad y rigor a un tema del que de otra forma solemos hablar en función de nuestra experiencia, criterios y debilidades. Aunque la experiencia personal sea realmente importante, el conocimiento objetivo nos permite comprender y gestionar inteligentemente, con eficiencia.

Las emociones están en la base de lo que hacemos, pensamos, sentimos y, en definitiva, de la calidad del bienestar de nuestra vida. Son estrategias ancladas en nuestro ADN que nos permiten responder a las diferentes situaciones de forma diferencial y más eficiente, en principio.

No tendríamos que interpretar una situación de peligro igual que una de confianza.  ¿Es que es malo tener miedo de un peligro?, ¿Es negativo cargarnos de energía para responder ante una situación crítica?, ¿Es negativo sentir dolor por la pérdida de un ser querido, o de un trabajo, o por un mal que sufre otra persona?

Hay ciertas situaciones que son esenciales para nuestro sobrevivir y que requieren respuestas específicas que nos permitan responder con éxito. Así las situaciones que vivimos como negativas para nosotros y, en cierta medida, amenazantes, nos propician sólo tres tipos de respuesta: lucha, huida o parálisis. Responden al nivel básico de la  “Pirámide de necesidades” de Maslow.

Hay otro tipo de situaciones que nos abren puertas a la convivencia, la confianza, la cooperación y la evolución personal. Son las que interpretamos como positivas. Para algunos son mucho menos frecuentes algunos. Es más fácil interpretar las situaciones como negativas porque están vinculadas a los niveles de sobrevivencia y son prioritarias. Subir por la escala de la “Pirámide de necesidades” puede ser accesorio cuando los niveles más bajos no pueden soportar la Pirámide. Aunque, esto, como se ha demostrado numerosas veces en la historia puede superarse. Hay numerosos ejemplos de personas que se centran en los niveles superiores, como la auto-realización, obviando los inferiores, incluso en lo más básico, como es la alimentación. Para muestra baste citar a Teresa de Calcuta.

Lo que suele ocurrir es que no nos focalizamos en lo positivo, en lo que hay, lo hacemos en lo que falta y eso nos lleva a no dedicar la energía suficiente para hacer de las situaciones positivas algo significativo en nuestras vidas.

Emociones negativas y positivas son esenciales por igual para que seamos capaces de responder eficientemente, aunque tendemos a ver a las emociones negativas como malas y rechazables.  Al comprender la función que tienen, de qué nos están informando y cómo nos llevan10-cuadernos-de-coaching-juntos-llegaremos-antes.png a ser más eficientes, comprendemos también cómo utilizarlas a nuestro favor.

Si quieres saber más te invito a leer mi artículo “Los juicios emocionales” publicado en Cuadernos de Coaching, nº 10, publicación de ICF (2003). http://www.cuadernosdecoaching.com/cc10/los-juicios-emocionales.pdf

 

Las emociones implican al ámbito personal, pero también al social, y tienen una trascendencia excepcional en ambos ámbitos. En cada momento de nuestra vida, en las conversaciones con uno mismo y  en las conversaciones con otras personas; en cualquier situación: en el trabajo, en la calle, en la familia, en los colegios, universidades, empresas, asociaciones,…, las emociones están siempre presentes ya que fundamentan nuestra acción porque forman parte del equipamiento biológico que nos ha traído hasta aquí como especie humana. Y nos afectan para bien, generando espacios de cooperación, bienestar, convivencia, cohesionando grupos, y para mal, cuando propician situaciones de confrontación, aislamiento, desprecio, sometimiento de los otros y sufrimiento.

¿Cómo se puede gestionar proactivamente el bienestar?

Muchas veces, nos fustigamos con pensamientos y emociones negativas que nos llevan a sufrir y a movernos en la dureza, la confrontación y el malestar.

NARRATIVAS CAPACITANTES

A veces entramos en una espiral de vértigo inducido por “narrativas incapacitantes”. Hay quien lo llama “el loro”, “el diablillo”, “mi parte oscura”, esa parte de ti que te habla y habla sin cesar y hacen que todo parezca lo que ellos dicen: “no puedes”, “no te lo mereces”, “no vales”, “¿a dónde vas?”, “¿por qué te pasa esto a ti?”, “haga lo que haga no salgo de aquí”, “esto es una injusticia”. Son nuestros pensamientos basados en un status emocional negativo. A veces es complicado salir sólo de esa deriva, sin embargo es algo que está en las manos de todos. Podemos gestionar proactivamente nuestras emociones, sólo necesitamos consciencia, comprensión y voluntad. Con estos ingredientes podemos hacer que nuestras emociones nos ayuden a vivir con un mayor bienestar.

3 pasos para cambiar nuestras emociones:

pasos

Primer paso: Tomar consciencia. Una vez que te oyes puedes puedes cuestionar lo que te estás diciendo. A partir de ahí plantearte opciones, buscar otra narrativa, buscar recursos en ti mismo o buscar apoyo en otros.

El segundo paso es comprender desde la aceptación de que lo que es es, sin más; de que esas narrativas están ahí y no te hacen “malo”, ni peor, ni es un sufrimiento, simplemente es una forma de ver las cosas, una perspectiva.

El tercer paso es la voluntad de buscar una perspectiva diferente, capacitante, lo que te puedes decir para llegar a donde quieres y cómo quieres.

Eso es inteligencia emocional, la capacidad para relacionarnos con nosotros mismo y con los demás. ¡¡Se puede desarrollar siempre!! Y el primer paso es tomar consciencia de lo que nos decimos, y qué “narrativas” nos contamos sobre nosotros mismos, la vida y los demás.

Epícteto decía: “No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”.

Cuidarnos no es solamente elegir nuestros alimentos, nuestra actividad física o nuestras relaciones. Es también elegir nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras reacciones ante lo que ocurre.

Desde siempre, a lo largo de la historia, las personas hemos buscado las claves para sentirnos mejor y para buscar la felicidad. Lo que ocurre actualmente es que para muchas personas esto se ha convertido en un propósito de vida. Más allá de las campañas de ingenieria social o las campañas comerciales, la gestión proactiva de nuestro bienestar aparece como una de las prioridades más valoradas de las personas. En los procesos de Coaching lo dicen habitualmente: “Quiero estar tranquilo”, “Quiero sentirme bien”, “Quiero afrontar las cosas con confianza”.

La búsqueda de una mejor comprensión de uno mismo y de un mayor bienestar hace que las personas estemos muy interesadas en conocernos y en cuidarnos tanto física como mentalmente.

Así el cuidado mental emerge como un área de gran interés hoy en día: pensamiento y emoción están imbrincados totalmente, hasta el punto de que cambiando mis pensamientos puedo cambiar mi emoción y viceversa, y lo mejor de todo, ¡puedo elegirlo!

¿Cuáles son las emociones adecuadas?

Las emociones adecuadas son aquellas que te permitan conseguir lo que quieres, que sean funcionales, útiles.

Todas tienen su por qué y para qué y lo inteligente es identificar cómo te facilitan conseguir aquello que te propones. Así hablamos de “emociones capacitantes” y no de emociones positivas o negativas.

EMOCIONES INCAPACITANTES

Aquellas que no me permiten conseguir mis objetivos y que me llevan a vivir con insatisfacción, con infelicidad, con sufrimiento. Se asocian con altos niveles de la hormona cortisol, precisamente la que se genera en situaciones que vivimos con stress.

modelo de emociones

EMOCIONES CAPACITANTES

Aquellas que me dan la energía para alcanzar lo que me propongo. Las emocionportadaes nos hacen capaces, nos permiten tomar las decisiones que para nosotros son las más válidas en ese momento. Otra cosa es que no seamos conscientes de cómo una emoción nos dispara, o de cómo una emoción se perpetúa como nuestra estrategia básica, a veces única, desde la que vivimos.

Si quieres saber más te invito a leer mi libro:

 

Y si quieres oír más sobre este tema te invito a conectarte con esta webinar que impartí gracias a AICP, una asociación pionera en la difusión del coaching de calidad. http://www.aicp.es/jornadas-online/elijo-mis-emociones-gestiono-mi-bienestar

AICP-.png

Pregunta de coaching:

¿de qué te está informando tu emoción (miedo, ira, tristeza, enfado…)?

¿PERDONAR o ACEPTAR?

buda1¿Tú perdonas?

Hace unos días un alumno en uno de mis cursos me decía: “¿No crees que perdonar es lo importante? Yo perdono a la lluvia porque me moja, perdono al día porque está nublado, perdono al autobús que ha pasado sin que yo llegara a cogerlo, perdono a mi compañero que me ha fastidiado,…”

El perdón

Uno de los temas que más se mueve actualmente en las redes, blogs orientados a la felicidad y en Face book especialmente. Que te perdones a ti mismo por la vida que has vivido, lo que has hecho o no has hecho, que perdones a tus padres por cualquier cosa que te hubiera podido ofender,… Te dicen que perdonar te libera, que con eso tienes bastante para vivir una vida mejor, que con perdonar basta y que vas a alcanzar una especie de nirvana si lo haces.

¿De verdad?

Exploremos el concepto y las implicaciones del perdón.

¿Qué significa perdonar?

Wikipedia habla de que “El perdón es la acción por la que una persona perdona a otro una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden afectadas o queden menos afectadas. El perdonante no “hace justicia” con su concesión del perdón, sino que renuncia a la justicia al renunciar a la venganza, o al justo castigo o compensación, en aras de intereses superiores. El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida  Tampoco perdona quien no se siente ofendido por lo que otras personas considerarían una ofensa. Tampoco perdona quien deja de sentirse ofendido tras las explicaciones del presunto ofensor que hacen ver la inexistencia originaria de ofensa alguna. El perdón es obviamente un beneficio para el perdonado, pero también sirve al perdonante (que también está interesado en ver recompuestas total o parcialmente sus relaciones con el ofensor y en ocasiones cumple al perdonar una obligación moral o religiosa) y a la sociedad, pues contribuye a la paz y cohesión sociales y evita espirales de venganzas, motivo por el que religiones y diversas corrientes filosóficas lo recomiendan.

También se habla en un sentido impropio de perdonar un castigo, una deuda u otro tipo de obligación, en el sentido de renunciar a exigirla”.

Bien, en definitiva los elementos que entran en juego en el perdón son:

  1. El perjudicado se siente ofendido. La pregunta naturalmente es ¿por qué?
  2. Hay un acto que le ofende porque lo vive como una amenaza, una injusticia, abuso y, muy probablemente, como falta de consideración hacia sí mismo. De nuevo ¿por qué?
  3. Cuando es una persona el ofensor, quien además le pide disculpas e incluso el perdón, muestra su arrepentimiento o da una satisfacción al ofendido para hacerse merecedor de su perdón, la autoestima del ofendido se resiente menos y puede estar dispuesto a dar su perdón desde una posición “altanera”, de superioridad, de ofendido, de yo soy más o mejor o más bueno que tú y por eso te perdono a ti que lo has hecho mal. El que pide disculpas por algo, cede parte de su autoestima y abandona su posición. Cuando el ofendido es alguien que juega al ganar o perder, esta petición de perdón la interpreta como un triunfo total sobre el otro.
  4. Al perdonarle, el ofendido cede en la intensidad de sus emociones iniciales de rabia y enfado para sustituirlos por una intensidad tolerable, asumible, con sentimientos de resentimiento y desconfianza y tal vez, hasta el olvido más adelante.
  5. Modifica en parte o totalmente su actitud hacia el ofendido y puede que el “re-sentir” sus sentimientos asociados a impotencia, injustica, abuso, etc. vayan diluyéndose.

Mi primera reflexión es:

¿Por qué se siente ofendida esta persona? ¿Dónde está la clave? ¿En los hechos o en la interpretación que hace de ellos? Naturalmente que siempre hay hechos y acciones que nos afectan tanto como para percibirlos como una amenaza a nuestra integridad, a nuestro sentido del yo y nuestra capacidad de acción. Naturalmente que hay hechos que conllevan una falta de justicia, un trato desconsiderado, un abuso,  pero una cosa son los hechos y otra cosa es la atribución que hacemos de ellos, la interpretación que les damos.

En el ejemplo que nos daba esta alumna es fácil distinguirlo, ¿por qué vives como una amenaza que el día haya amanecido nublado y esté lloviendo? ¿Es esto una amenaza en sí misma, o lo interpretas tu como desagradable e incluso amenazante para ti?

Dejadme que vaya a lo nuclear ¿qué lleva a una persona a sentirse amenazada por algo como una lluvia? Porque sentirse amenazada es el origen de la ira. ¿Por qué está airada esta persona? Cuando la lluvia, como era este ejemplo se interpreta como una circunstancia, simplemente se pueden tomar medidas como guarecerse, protegerse, retrasar algo,.., pero ¿responder emocionalmente con ira?, ¿considerarlo una amenaza? Es muy posible que no sea la lluvia lo que genera su ira sino que está ya airada por alguna otra cosa, o tiene como hábito emocional para interpretar lo que ocurre la ira. Alguien que está ya airado es fácil que se dispare por cualquier cosa que ocurra y le contrarie.

Mi segunda reflexión es:

¿Desde dónde necesito perdonar?

Perdona el que cree que tiene ese derecho. Permite al otro superar lo que sea que se merezca el perdón o incluso a situaciones o cosas a las que con pensamiento animista las dotamos de voluntad y animosidad para dañarnos como es el caso de la lluvia.

Cuando perdono me revisto de una “supremacía moral” sobre el otro (moral: mi ética personal; supremacía: mejor que la tuya). El sacerdote tiene atribuida la potestad de perdonar los “pecados” imponiéndole a cambio de sus actos una penitencia que compensa el acto malo a perdonar. El juez impone una pena para compensar el delito y poder con su cumplimiento hacer justicia por el mal cometido. El indulto, potestad de la más alta jerarquía, es el perdón de la pena. No podemos olvidar estas figuras, inmersas en nuestro inconsciente colectivo cultural. Culpa y perdón son dos caras de una misma moneda.

Pero una cosa es un delito, un acto de agravio objetivo y otra es atribuir la culpa y responsabilidad de algo a otro.

Culpar y perdonar no pertenecen al ámbito de la responsabilidad personal, sino al ámbito del victimismo.

Cuando culpo a otro estoy atribuyendo a alguien algo que posiblemente sea mío, como mínimo es mía la atribución que le hago y puede también que la proyección que realizo con ello. En psicología se denomina a esto “locus de control externo”, es decir, pongo fuera de mí el control de lo que a mí me pasa.

En el fondo, tanto la emoción como las razones que me doy, tienen una base atribucional, el cómo interpreto lo que me ocurre, en el caso emocional de una forma automática, inconsciente y ultra rápida mientras que en el área racional es una atribución más lenta, consciente y un tanto deliberada.

La aceptación de lo que ocurre es diferente, es una emoción desde el respeto, desde el aceptar lo que ocurre, desde dejar fluir las cosas.

Los orientales saben mucho de esto, de aceptar, de simplemente tomar nota de que esto ocurre, sin sentirme ofendido por ello, incluso sin sentirme afectado por ello.

La aceptación es una estrategia de respuesta emocional ante las situaciones de la vida que nos permite sentirnos en paz, armonía o integración con nosotros mismos y con nuestro entorno. Para muchos es el amor, pero va más allá del amor, es revestir la experiencia de tranquilidad, de bienestar, de paz.

Estaría relacionada con la capacidad de respuesta y no tanto con la respuesta en sí misma. De hecho la Teoría de la Psicología Positiva apunta a que como emoción positiva facilitaría la resolución de problemas vinculados con el crecimiento personal y el desarrollo de la capacidad de afrontar dificultades.

Dentro del modelo de #emocionescapacitantes se trata de una emoción fundamental ya que la mayoría de las veces en las que se trabaja el desarrollo de personas, es una emoción altamente deseable, no sólo por los clientes de coaching, en los equipos es necesaria para que haya la confianza necesaria para que funcionen como tales y en general en todas las situaciones de aprendizaje, ya que desde la tranquilidad y la confianza el aprendizaje es mucho más eficaz, fácil e intenso.

Este sí que es un recurso para la felicidad, no darme por aludido, en realidad, puede que no sea yo el centro de lo que ocurre ni que los demás tengan la intención deliberada de hacerme daño. Cuantas veces en las relaciones interpersonales nos ofendemos por algo que un cliente, un compañero, un familiar (siempre aparece un cuñado,…en serio o en broma), un desconocido que al pasar ha dicho o hecho y que tal vez no iba conmigo, simplemente era lo que el otro decía o hacía.

Es cierto que “la carta del perdón” ayuda muchas veces a tomar perspectiva, a alejarnos de la deuda y el agravio. Es una de las técnicas que la Psicología Positiva ofrece precisamente para hacer el ejercicio de soltar, de distanciarnos y ver las cosas de otra manera.

Sólo desde la distancia podemos aceptar que lo que fue, fue, ya ha pasado y por mucho que me empeñe no podrá alterarse.

 

serenidad

Mi tercera reflexión, es más una pregunta para todos:

¿Soy consciente desde dónde reacciono ante lo que ocurre? ¿O vivo en la inconsciencia, el automatismo y el victimismo?

No es lo mismo perdonar que aceptar. Y por mucho que cueste y aunque odie, perdone, olvide o mantenga vivo el recuerdo permanentemente, lo que ha ocurrido ya no va a cambiar.

Yo elijo aprender para que las cosas vayan mejor en el presente y cambien a mucho mejor en el futuro.

Yo elijo aceptar.

 

La aceptación es una emoción que propongo en este libro paradigmático para entender las emociones.

portada pequeña2

la responsabilidad de un directivo

ethics-9651La noticia de que la fiscalía francesa va a procesar a los directivos de France Telecom por los suicidios de 58 de sus trabajadores, nos trae un importante debate, ¿Cuál es la responsabilidad de la empresa en el bienestar de sus trabajadores?

Es un tema de gran actualidad sectorial donde han aparecido numerosos eventos y premios que tratan de poner el foco en las buenas prácticas de la empresa para favorecer el bienestar de los empleados, algunos lo llaman felicidad, otros saludable, otros zen, otros emociones, el caso es que si que hay un importante interés en hacer de las empresas espacios más confortables para sus trabajadores. La tendencia al “wellness” enlaza con la creciente demanda social del cuidado personal.

Veanse a modo de ejemplo los premios empresariales de:

Observatorio de RRHH: Obhttp://www.observatoriorh.com/premios/entornodetrabajosaludable/

Adecco: http://estaticos.elmundo.es/documentos/2016/05/06/premio_zen_adecco.pdf

Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=6074

Todas estas iniciativas tratan de ofrecer al empleado técnicas para llevar mejor su día a día y, a veces, de forma simplista o simplemente simpática o apelando a valores de alto impacto social, como la solidaridad, consiguen un clima positivo en la empresa, al menos mientras dura el recuerdo de estas actividades. Para algunas grandes empresas este tipo de actividades son la bandera de sus políticas de conciliación y bienestar. Sin embargo, el alcance del bienestar no significa realizar prácticas de mindfulness para reducir la tensión del trabajo, ni contar con espacios físicos en los que descansar en la oficina, va mucho más allá, tiene que ver con las emociones que se provocan y mantienen en las empresas a través de los comportamientos de sus directivos y trabajadores y enlaza directamente con los comportamientos de los directivos de Telecom.

Imagen1

¿Cómo actuaban estos directivos? La frase de “por la puerta o por la ventana”que a modo de lema utilizaba Didier Lombard, el ejecutivo que en 2006 se hizo cargo de la reconversión de France Telecom, para reflejar el cómo iba a deshacerse de  22.000 trabajadores y trasladar a 14.000 más, es mucho más que un comportamiento tóxico, y va mucho más allá de la gestión desalmada, que considera el beneficio económico lo único, no sólo muestra una desconsideración absoluta a la vida de otras personas, sino que lo hace con la condición de conducta antisocial, es decir, de comportamientos deliberados que ponen en peligro la sociedad.

La connivencia de los mandos implicados con la consigna clave se entiende muy bien con los famosos experimentos de Milgran que documentaron cómo las personas aceptan obedecer instrucciones, aunque éstas supongan lesionar a otras personas, simplemente por obediencia a la autoridad. Un 65% de las personas que participaron en los experimentos llevaron al límite el castigo inflingido a otra persona.

La ética en los negocios es algo que cada vez se enseña más en las escuelas de negocio.

Las empresas se deben a sus accionistas, pero también se deben a la sociedad en la que se integran y a los trabajadores que las conforman.

Los beneficios a corto plazo y los bonus vinculados al daño a otros, como era el caso de Telecom donde la prima del mando estaba vinculada al número de bajas, son conductas que atentan directamente contra el bienestar de sus trabajadores.

Tal vez no con esa nitidez, alcance, dureza y propósito deliberado, pero sigue habiendo empresas que utilizan prácticas como las que ahora se consideran prácticas delictivas, tales como cambiar repentinamente el puesto de trabajo, modificar los objetivos, quitar la mesa y la silla de trabajo, desvalorizar al trabajador, amenazar continuamente con que si no se cumplen los objetivos se puede prescindir de él, prohibir el opinar o disentir, embroncarle públicamente, trasladar como castigo el puesto de trabajo a grandes distancias o a puestos que ningunean su cualificación profesional, la amenaza continua de “estás en la lista”… del despido, del ere, del traslado,… ¿A alguien le suena?.

Estos no son métodos tóxicos, son prácticas que denigran la dignidad de las personas y las arroja directamente hacia el nivel más bajo de la Pirámide de Necesidades que definiera Maslow, a la mínima subsistencia. En el caso de Telecom la continua presión y amenazas, no sólo les llevaba a perder la cobertura de las necesidades de auto-realización, pertenencia, reconocimiento, seguridad, supervivencia, sino a perder la confianza en sí mismos como personas capaces de tomar decisiones sobre su vida y de ahí, desde la desesperación y el miedo, a la crisis de ansiedad, las enfermedades psicosomáticas, acreditadas en gran número y los suicidios, ni más ni menos que ¡¡58 en tres años!!. Pocos asesinos en serie cuentan con una cifra de muertes similar en su haber.

Quienes piensan que el terror y la amenaza son estrategias adecuadas para incrementar los objetivos, y de paso la sumisión, desconocen la naturaleza humana.

Las personas somos más productivas cuando estamos en estados de “flow”en los que disfrutamos con lo que hacemos porque tiene sentido para nosotros más allá de la mera tarea. El famoso compromiso que ahora se busca en las empresas no puede conseguirse desde la coacción y la amenaza, sino todo lo contrario, desde el disfrute con el reto, bien entendido que eso no es estrictamente felicidad, sino fruto de la coherencia de la persona con la finalidad de lo que hace, el para qué sirve, algo que en una sociedad donde las cadenas de producción han pasado a la oferta de servicios es clave.

Es una gran notica este procesamiento porque pone el foco precisamente en que no todo vale y que las repercusiones sobre las personas y la sociedad de las acciones de los ejecutivos empresariales pueden también ser delitos que lleven a los que las toman a ser procesados y previsiblemente condenados por atentar contra la vida de las personas.

Sería deseable que no hubiera que llegar al castigo legal para frenar estas prácticas sino que el respeto y la consideración a las personas estuviera en el ADN de las empresas. Por mucho que formemos a los nuevos líderes empresariales en prácticas responsables con las personas (y, en definitiva, con los sistemas en los que se integran las organizaciones) aquel que tiene el poder de decisión es clave, ¿qué clase de persona es?

Al final hay una verdad, las empresas no son entes abstractos, sino grupos humanos donde la coordinación de acciones, el compromiso y la confianza permiten alcanzar los objetivos que se proponen y la cualidad de esto la marcan sus líderes. Si se fomentan espacios emocionales que generan confianza y seguridad, las personas tienen más posibilidades de comprometerse y convivir de una forma positiva, amigable, algo que todos buscamos como parte de nuestro bienestar. He ahí la responsabilidad de los que lideran grupos de personas, llevarles al máximo rendimiento con el máximo bienestar, una “eficiencia sostenible”, ecosistémicamente responsable. Ojalá que estos hechos, sirvan de punto de no retorno para que nunca más se permitan, acepten o realicen prácticas similares.

Se resiliente para alcanzar tus retos

empoderar

“Resiliencia”, capacidad de la personas de salir de las situaciones adversas y aprender y fortalecerse con ello.

¿Cuál es tu reto?

Renovarme, empoderarme, llenarme de ilusión y confianza para salir a buscar trabajo.

Jacques, 51 años, Director de exportación, casado, de origen belga, con una larga carrera realizando proyectos en diferentes países del mundo. Jacques se mostraba abatido, era consciente de su tristeza y de cómo le paralizaba, por lo que buscó la ayuda de un psicólogo experto en coaching para mejorar su capacidad para afrontar su situación.

Por tercera vez había perdido su trabajo en los últimos doce años. Ya había trabajado con coaching en otras ocasiones y sabía cómo podía acelerar su proceso de afrontamiento del “duelo”. Sí, porque perder el trabajo se vive con duelo, con dolor, con tristeza y es necesario que la persona se de algún tiempo para procesar esa pérdida y salir renovado. No en balde esa es la función principal de la tristeza, reconcentrarnos para que podamos renovarnos.

Jacques sabía todo esto, ya era su tercera vez, así que no dudó en llamar a su coach. Iniciaba el proceso de coaching con los objetivos claros, pero sin la energía necesaria.

¿Cuál es tu reto?

Renovarme, empoderarme, llenarme de ilusión y confianza para salir a buscar trabajo.

¿Qué objetivos te planteas?

Lo primero, confiar en mí. Me doy cuenta de que haber perdido el trabajo otra vez me ha hundido. Se me ha quedado la moral por los suelos.

Lo segundo, tener la energía para retomar positivamente mis contactos, con ganas, que me vean con ilusión. Y esto antes de tres meses, necesito, quiero, estar renovado antes de tres meses, además, no quiero que mi mujer me vea por más tiempo así.

¿Qué te está pasando ahora?

Pues, me he desanimado, es como si no tuviera energía para nada. Dudo de mí y de mi capacidad para trabajar.

¿Qué significa esto?

Je… Me dan hasta ganas de llorar, han sido tres veces ya, es cierto que ninguna por mi falta de capacidad o rendimiento, siempre ha sido por circunstancias de la empresa, pero la realidad es que siento que he perdido la autoestima, mais pas tout…

¿En cuánto cifrarías tu autoestima, de 1 a 10?

En un 4, non je.., no, no me apruebo.

 Curiosamente, Jacques fluctuaba de un idioma a otro, al hablar de objetivos, de retos, le salía el inglés, idioma con el que estaba acostumbrado a trabajar, pero al hablar de sí mismo, su acento y hasta el léxico se teñían del idioma materno, el francés.

El esfuerzo mental que hacía era evidente, los diferentes idiomas reflejaban la profundidad de su discurso. Para Jacques la introspección guiada era un gran alivio, le permitía fluir entre sus registros lingüísticos sin titubeos.

Era el momento para que Jacques soltara toda su pena, incluso su angustia, se desahogara literalmente en un entorno seguro. Hablar de ello, le ayudaba a procesarlo rápidamente.

¿Qué necesitas para conseguirlo?

Confianza, creer que puedo hacer mi trabajo sin dudar de que lo haré bien.

¿Si ya hubieras conseguido esa confianza, qué pasaría?

Que no me sentiría tan abatido, que no estaría pensando una y otra vez en lo que he perdido…, que pensaría que soy capaz de conseguir un nuevo trabajo…, que no dudaría de mí…

Dicho en positivo, ¿cómo sería?

Que estaría animado, que pensaría que soy un gran profesional con una larga y exitosa carrera, que mi edad juega precisamente a favor por la experiencia y madurez personal que aporto, que soy un profesional global, capaz de trabajar con diferentes culturas e idiomas.

¿Y cómo podrías conseguir esa confianza?

Necesito aceptar las cosas como son, sin más. Pasar página.

¿Entonces?

mmm

El proceso de coaching fluyó rápidamente, había una gran complicidad entre coach y cliente. Una vez concretada su visión, Jacques avanzó rápidamente hacia ella. Las preguntas hicieron que Jacques se desbloqueara convencido. Las dudas, los frenos, el desánimo formaban parte de la situación actual, pero no iban a impedirle conseguir su situación deseada. La capacidad de resiliencia de Jacques era muy alta, es decir, a pesar de su punto de partida, de pérdida y desánimo, tenía claro que quería afrontar esta situación como una nueva oportunidad de aprendizaje, sabía que saldría más maduro, más generoso, más “humano”. Las personas resilientes tienen una mejor gestión de sus emociones ante las situaciones de estrés y soportan mejor la presión. Así lo mostraba Jacques, era consciente de su tristeza y de cómo le paralizaba, por lo que rápidamente buscó la ayuda necesaria para mejorar su capacidad para afrontar su situación. Jacques es un ejemplo de alta resiliencia, fruto en gran parte al prolongado trabajo que había realizado de conocerse y gestionarse desarrollando su inteligencia emocional con procesos de coaching anteriores.

No tardó en lanzarse a retomar sus contactos, esta vez desde el convencimiento de que tenía un gran valor que aportar.

Muy pronto surgió la primera entrevista y, entonces, las dudas volvieron a aparecer.

¿Qué te hace dudar ahora?

No sé, supongo que la inmediatez de “la prueba”

¿Qué pasa con ello?

Me trae recuerdos de miedo, de duda.

¿A qué te recuerda?

Al colegio.

¿Y…?

… En realidad nada, todo salió bien.

¿Y…?

Bueno, que si lo pienso bien puedo hacerlo, tengo el knowhow, la experiencia, las ganas…

En su caso ni siquiera era necesario preguntar por sus recursos, ahondar en otras ocasiones en las que hubiera conseguido un objetivo similar, explorar cómo se había sentido y qué había hecho. Él sólo siguió hablando, se lo decía con facilidad, había aprendido ya de otras ocasiones cómo indagar en su forma de pensar, hacerse consciente de ello y gestionarlo a su favor. Controlando sus pensamientos, controlaba su mundo.

Este artículo se ha publicado en http://www.tdd-online.es/content/jacques-resiliencia  dentro de mi Sección mensual “Conversaciones de coaching” con el título: Jacques, resiliencia.

logo training and digest

 

 

 

 

DISTINCIONES EMOCIONALES

webinar

¿Qué diferencia hay entre emociones, sentimientos, sensaciones y estados de ánimo?

Hablamos a todas horas de las emociones. Tenemos numerosos términos para denominar emociones. Decimos que hay innumerables emociones. Los medios informativos hablan de emociones continuamente. Llamamos emociones a todo lo que sentimos, sean emociones, sentimientos o sensaciones.

Mezclamos indiferenciadamente  y confundimos lo que sentimos, y eso hace que nos sea difícil identificar lo que nos pasa y por qué.

A veces leemos textos que hablan de las emociones como de entes ajenas a nosotros, que “nos tienen”, “nos habitan” o “nos dominan”. A veces oímos decir que las emociones son negativas, que nos hacen sufrir y que hay que eliminarlas de nuestra vida. Leemos también y oímos hablar de que es necesario controlar nuestras emociones y ser racionales. También oímos decir que hay que expresar los sentimientos, y otras veces, que hay que controlarlos.

La confusión es general y no es de extrañar. Nuestra tradición cultural es racional, somos herederos del pensamiento de Descartes y seguimos en un paradigma en el que la razón es el criterio esencial en nuestra vida y el eje de todo nuestro comportamiento.

Entendemos a las emociones como algo que nos descontrola, e incluso domina, y la mayoría de las veces, además, les adjudicamos un valor negativo, tanto por nuestro desconocimiento sobre ellas, cómo por la forma en que nos afectan en nuestra vida.

Para añadir más confusión mezclamos los fenómenos: sensaciones, sentimientos y emociones. Nos damos cuenta de las sensaciones que nos han provocado las emociones y decimos “me siento emocionado”, y luego interpretamos esas sensaciones y le damos un valor convirtiéndolo en un sentimiento, por ejemplo “me siento triste”. Decimos “sentir la emoción” cuando a la luz de los descubrimientos de las neurociencia, deberíamos decir:

  • “noto sensaciones”, aludiendo a los cambios fisiológicos en nuestro cuerpo
  • “siento un sentimiento” refiriéndonos a cómo interpretamos esas sensaciones: placenteras, displacenteras, de tensión, etc.
  • “tengo una emoción” aludiendo a la respuesta de valoración ante lo que ocurre.

Estas distinciones emocionales son claves para los fines de este libro ya que nos van a permitir identificar la emoción que está en la base de nuestro comportamiento conociendo de qué nos informa, tomando consciencia de nuestras sensaciones corporales, analizando los sentimientos que eso nos produce, comprobando las acciones que nos posibilita y la forma de ser y comportarnos que origina. Un planteamiento en línea con el que realiza la Teoría de la Inteligencia Emocional de tomar consciencia de uno mismo y autogestionarnos de forma funcional, es decir, en función de nuestros objetivos y nuestro entorno.

Así que éstas serán las claves del desarrollo de personas: la toma de consciencia de cómo está interpretando lo que pasa, del valor y significado que tiene para ella, la identificación de las acciones que puede llegar a hacer desde ello, el impacto que tiene en su personalidad, y la elección y generación de la emoción que mejor le venga a sus objetivos.

Las emociones implican al ámbito personal, pero también al social, y tienen una trascendencia excepcional en ambos ámbitos. En todo momento de nuestra vida, en las conversaciones con uno mismo, y en las conversaciones con otras personas; en cualquier situación: en el trabajo, en la calle, en la familia, en los colegios, universidades, empresas, asociaciones, con amigos, en encuentros ocasionales,…, las emociones están siempre presentes ya que fundamentan nuestra acción porque forman parte del equipamiento biológico que nos ha traído hasta aquí como humanos. Y nos afectan para bien, generando espacios de cooperación, bienestar, convivencia, cohesión de grupos, y para mal, cuando propician situaciones de confrontación, aislamiento, desprecio, sometimiento de otros y sufrimiento.

Si en el día a día el manejo de las emociones propias y ajenas es un desafío continuo, en el ejercicio profesional del desarrollo de personas: liderazgo, educación y coaching, la comprensión y manejo de las emociones se convierte en uno de los retos cruciales por cuanto las emociones están en la base de la acción. Y eso, la acción, es el resultado que busca el coaching. Pero también es un resultado que se busca en la dirección de personas donde la figura del líder-coach, el directivo que utiliza planteamientos y técnicas de coaching en su ejercicio de dirección de personas, está siendo muy valorada y requerida. Otro tanto podríamos decir del creciente interés por el coaching en el ámbito educativo.

El coaching no deja de ser un método de aprendizaje mediado, es decir, facilitado por otra persona, que trabaja sobre la forma en que una persona piensa en un tema, para facilitarle conseguir nuevos abordajes y perspectivas que se traduzcan en una mejora de su acción, que le lleve a resultados más allá de su capacidad ordinaria de actuación, en definitiva, que le lleve a resultados extra-ordinarios.

En las escuelas de coaching se indican tres “dominios” de la persona: el lenguaje, el cuerpo y la emoción.

En general las escuelas se centran en trabajar el lenguaje. Ciertamente a través del lenguaje, mostramos el mundo al que prestamos atención, el que construimos, y ante el que respondemos. A través del lenguaje decimos lo que somos capaces de hacer y lo que no. Con nuestro lenguaje generamos nuestro mundo. Algo es en cuanto que lo nombro y le doy sentido.

También algunas escuelas forman en corporalidad, sabedoras de la importancia de mover el cuerpo para mover la energía y desde ahí generar nuevas opciones de respuesta.

Poco hay en la formación sobre emociones, tal vez por el desconocimiento que tenemos sobre ellas, tal vez por la dificultad de abordarlas, tal vez porque sólo desde un abordaje científico y sistémico de la persona se puedan conseguir, primero una comprensión, y segundo un manejo eficiente de las emociones.

Un problema añadido en esto de conocer las emociones es la “psicología de calle”, el conocimiento que las persona creemos tener “por nuestra experiencia”, y desde nuestros juicios, o más bien pre-juicios, de lo que son las emociones, y a dónde nos llevan. Y lo que es más grave, cómo trasladamos ese conocimiento subjetivo y parcial a los demás, adjudicándoles un valor de verdad absoluta.

Las buenas noticias es que gestionar las emociones, integrarlas en nuestro comportamiento, aprovecharlas como parte de nosotros mismos es algo que podemos aprender, y que de hecho aprendemos continuamente a lo largo de toda nuestra vida. Ese es el supuesto básico de la Teoría de la inteligencia emocional: siempre podemos estar desarrollándola, toda la vida.

Es precisamente esta inteligencia emocional que definieron los investigadores Peter  Salovey y John Mayer, y que con tanto éxito difundió el psicólogo y periodista Daniel Goleman, la que nos permite gestionarnos a nosotros mismos, hablarnos, valorarnos, motivarnos, pero es también la que nos permite relacionarnos con las demás personas, bien comunicándonos, bien negociando, bien liderando.

En esta idea de desarrollar la inteligencia emocional se nos plantean varias cuestiones básicas:

qué son las emociones, para qué me sirven, cómo puedo sacarlas partido, cómo puedo hacer de ellas un recurso esencial que me enriquezca como persona y me haga más capaz y, por último, cómo puedo facilitar en otra persona emociones capacitantes que la permitan alcanzar sus objetivos, bien a través de la educación, del liderazgo o de un proceso de coaching.

emociones capacitantes

Este es el texto de la introducción a mi libro Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación. Un libro que se ha convertido en el referente en el sector y en el que numerosos colegas se basan para diseñar sus acciones formativas y sesiones de coaching. Son cada vez más los coaches a los que superviso para mejorar su competencia técnica ampliando su escucha, comprensión y facilitación emocional. ¡¡Hay que marcar la diferencia!!. Los resultados extra-ordinarios son el éxito del coaching.

Si quieres saber más sobre distinciones puedes oír la webinar que gracias a AICP está disponible en:

http://www.aicp.es/webinars/distinciones-emocionales-del-coaching

aicp

 

ALINEA LAS EXPECTATIVAS O EL PROCESO NO TENDRA EXITO

 

expectativas-272x300Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Vicente, 31 años, soltero, Acaba de ser nombrado Manager Junior en una empresa de seguros. La Dirección de RRHH en colaboración con la Dirección del área de Vicente creen oportuno realizar un proceso de coaching para reforzar su adaptación a la nueva posición.

La primera reunión con la empresa resulta compleja. Recursos Humanos quiere que el proceso de coaching acelere la curva de aprendizaje y adaptación de Vicente con su nuevo puesto y maneje rápidamente todos los procesos de su nueva función. Tienen mucho interés en que su designación sea un éxito desde el primer momento. Por su parte el Director de área se centra más en competencias operativas, lo que quiere es que Vicente desarrolle su capacidad negociadora lo antes posible.

Una reunión exploratoria con Vicente, arroja más complejidad. A él lo que le gustaría es desarrollar su capacidad para relacionarse con el nuevo equipo.

Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Una nueva reunión se centra en definir los resultados del proceso que, para cada uno, serían adecuados. En el fondo no hay tanta diferencia, todos quieren que Vicente pueda alcanzar los objetivos asignados a su nueva función en un plazo de dos meses. Este ya es un buen punto de partida. Se acuerda, por tanto, como reto del proceso: trabajar el desarrollo de las competencias de Vicente ligadas expresamente con la consecución de sus objetivos. Se establece también una prioridad entre estas competencias, asumiendo que cuanto más peso tienen en la consecución de los objetivos más prioritaria es.

Vicente asume el proceso con entusiasmo pero también con cierta suspicacia. Se ve bajo los focos y, aunque su talante es ambicioso, se siente incómodo con tanta presión. Un nuevo obstáculo a sortear: habrá que conseguir que Vicente se relaje, confíe en sí mismo y se pueda concentrar en el avance. Serán objetivos de proceso.

 

“¿De las competencias que necesitas para conseguir tus objetivos, cuál es la que consideras que tienes que trabajar primero?”

“Negociar. Esto es fundamental para mis resultados. No es que lo haga mal, todo lo contrario, pero me falta ese punto de seguridad que me haga ser más rotundo en mis propuestas”

“¿Seguridad?”

“Sí, no sabría decir si es seguridad en que lo hago bien, o seguridad en que voy a conseguirlo…, estar más seguro,… no dudar…”

“¿Qué pasaría si no dudaras?”

“Pues arriesgaría más, iría a por todas, pondría las condiciones más altas”

“¿Qué te está impidiendo hacer eso?”

“Uff…, en realidad no sé, lo habitual, ¿no?”   

Vicente se está escudando en razones que justifican su comportamiento actual. Desde ahí no puede cambiar, es su zona de habitualidad. Hay que cambiar el plano del diálogo para que se sienta inmerso en el análisis consciente de lo que hace y desde ahí llevarle a la responsabilidad consigo mismo.

“Cierra los ojos, respira hondo, imagina por un momento que no hay límite, que estás consiguiendo  las mejores condiciones, que vas a por todas, ¿qué estás haciendo?”

“Ahh…, sí que actuaría de otra forma, lo primero es que me sentiría más capaz… esto sí que es importante, me doy cuenta de que en el fondo tengo miedo a que me digan que no…”

“¿Qué significa miedo?”

“Encontrarme con el no”

“¿Y?”

“Mmmm”

El diálogo continúa. Vicente se muestra perspicaz, altamente consciente y comprometido, se está entregando al análisis de esta fase de consciencia plenamente. Es un gran coachee y su avance será espectacular, seguro.

En el proceso de coaching, el irse al resultado siempre funciona. Sacamos al cliente del presente, de sus limitaciones actuales y sus perspectivas concretas para llevarle a un espacio generativo donde caben nuevas posibilidades vinculadas a los resultados que se quieren obtener.

“Imagínate negociando con el cliente como me has contado, sin trabas, sin límites, sin miedo a no ser capaz de asumir el no, sin miedo a plantear y replantear los términos hasta conseguirlo”

“Me gusta esa idea, sí”

“¿Cómo estarías actuando en este momento?”

“Y esto, ¿puedes hacerlo?”

“Sí”

“¿Vas a hacerlo?”

“Si”

“¿Fijamos un plan de acción?”

“Claro”

Vicente está entusiasmado, se ve haciéndolo como quiere, y… se pone a hacerlo.

En la siguiente sesión, el seguimiento muestra que Vicente está actuando desde su ideal de negociador. Ya lo está haciendo. Está cerrando operaciones con más frecuencia y con indicadores más altos y en un tiempo record.

Una siguiente reunión tripartita confirma los avances. Estamos en el buen camino. Parece que la tensión se relaja y ahora tienen cabida los objetivos más personales de Vicente: quiere mejorar su capacidad de relación. De todas formas, RRHH sigue con la demanda del dominio de procedimientos. Se llega a un acuerdo: La mejora del dominio pasa por la mejora de las relaciones ya que apoyarse en el equipo puede acelerar el aprendizaje de Vicente.

Segunda fase del proceso, ahora los objetivos son mejorar la capacidad de relación con el equipo con el fin de integrarse rápidamente en él y, hacerlo proactivamente, enriqueciendo al equipo. Esto pasa por desarrollar la asertividad de Vicente, su capacidad de “pedir y ofrecer”, la aceptación en la diversidad de las personas como fuente de enriquecimiento personal y la confianza en el equipo.

En eso se centra la segunda fase.

Lo más difícil en este proceso ha sido gestionar las expectativas de todos los agentes implicados y conseguir que definieran un resultado satisfactorio para todos. ¿Por qué? Porque como decía Alicia en el País de las Maravillas:

“¿Me podría decir cuál es el camino que debo seguir?” Preguntó Alicia.

“Eso depende dónde quieras ir”, respondió el gato.

“Es que no sé dónde quiero ir”.

“Entonces da igual el camino que escojas”.

Lewis Carrol, Alicia en el País de las maravillas

alicia.png

Si no sabes hacia dónde ir, cualquier camino vale.

Con el título “expectativas” esta conversación ha sido publicada en mi sección mensual de “Conversaciones de coaching” en:

logo training and digest

http://www.tdd-online.es/content/vicente-expectativas

¿Por qué es tan importante definir bien las expectativas sobre el coaching?

Como señala la Escuela Norteamericana, de coaching co-activo, la línea más pragmática del coaching, cuyo fundador es Thomas Leonard.

El resultado final del coaching, es decir, la acción diferente y orientada a determinados objetivos, es lo fundamental.

Sostiene como principales principios que la relación entre coach y cliente se trata de una alianza diseñada por ambos basada en los compromisos y expectativas. Aunque sería suficiente el sentido común para entender que hay que definir bien hacia dónde se quiere ir o no será fácil llegar.

DISTINCIONES EMOCIONALES Y SU MANEJO EN EL COACHING

icf

Con mucha ilusión participando como tallerista de ICF y hablando de emociones y coaching, por supuesto.

Algunas distinciones que recojo en mi libro “Emociones capacitantes. Su gestión en el coaching, el liderazgo y la educación.

Emoción: Conjunto de reacciones psicofisiológicas automáticas ante un estímulo, recuerdo u operación cognitiva que genera un programa tipo para responder.

Sentimiento:  Experiencia subjetiva cognitiva de la situación no medible neurofisiológicamente, aunque sí con escalas subjetivas. Su duración depende de diversos factores cognitivos, fisiológicos y sociales. Se asocia con una variante de la experiencia de dolor – placer.

Espectro de sentimientos: El conjunto de modos diferentes en los que una emoción es sentida, cuantitativa y cualitativamente y donde tiene un peso singular el aprendizaje cultural y el autoconocimiento personal.

Patrón emocional: Respuesta emocional aprendida y que se convierte en una respuesta prioritaria automática ante situaciones similares.

Estado emocional o de ánimo: Una emoción que se mantiene durante un tiempo prolongado y se retroalimenta e incrementa de forma circular, cuanto más dura, más se incrementa, aumentando las conexiones neuronales y neurotransmisores que lo mantienen. Se termina olvidando en qué se originó. Puede llegar a ser un estado de ánimo preferido e incluso adictivo.

Impulso:  Acción que refleja necesidades instintivas del organismo.

Sensación:  Estímulos sensoriales como el calor o el frío, la dureza, ligereza, contracción, la relajación o la presión.

Afecto:  Preferencia o condición neurofisiológica  con valencia positiva o negativa e intensidad alta o baja, que le permite a una persona dar valor a las situaciones a las que se enfrenta, incluso sin una causa directa. Existe una tendencia innata hacia el afecto positivo, es decir a obtener placer o bienestar y a evitar el dolor.

Tono emocional de base: Coloquialmente llamado “humor” es una respuesta difusa y generalizada que implica la existencia de un conjunto de creencias o expectativas de la persona acerca de la probabilidad de experimentar placer o dolor en el futuro. Puede prolongarse días e incluso temporadas, y distanciarse de la causa que lo originó.

Actitud emocional cognitiva: Fruto de una serie de sesgos con los que valora la situación, anticipando y preparando los recursos psicológicos para un tipo de respuesta emocional específica

Sabiendo denominar las cosas las manejamos mejor, ¿a que sí?