AUTOLIDERAZGO, “El arte de elegirse”

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¡¡Un tema apasionante!! de lo más apasionante: ¿elegirme?, de verdad ¿puedo decidir qué clase de persona quiero ser?

De eso va el autoliderazgo, de decidir qué clase de persona quiero ser, cómo quiero enfrentarme a los desafíos de mi vida, cómo quiero relacionarme conmigo mismo y con los demás.

¿Crees que está en tu mano o que es algo que se te escapa?

¿Cuántas veces has oído o te has dicho a ti mismo “Es que yo soy así” o “Así me parió mi madre”.

Todos hemos oído frases así, sin embargo, no son ciertas, no somos así, no nacemos hechos, sino que nos hacemos. Estas frases son sólo  una excusa para no hacer nada, para quedarnos cómodamente instalados en nuestra zona de habitualidad,… aunque esto nos haga infelices. No está escrito, no somos “así”, podemos elegir cómo ser, cómo sentir, cómo actuar, en definitiva, cómo vivir. Las personas somos la construcción que nos hacemos. Claro que es habitual que vivamos en modo inconsciente, automático, sin cuestionarnos siquiera cómo somos y lo que es peor, que demos por sentado que las cosas son así.

El autoliderazgo es uno de los términos clave en el desarrollo de personas, cada vez más utilizado y, cada vez, con más peso, tanto en el mundo empresarial, como en el desarrollo personal, debido a las enormes repercusiones que tiene.

En los últimos años en el ámbito del desarrollo de Personas y en el de los RRHH, el concepto de liderazgo ha tenido un gran protagonismo ya que se ha convertido en el nuevo y más relevante paradigma en la dirección de las personas. Lo que se ha podido contrastar  a lo largo de los años es que el liderazgo se nutre, no de unas competencias técnicas, sino de la capacidad que tenga el líder, para, primero, liderarse a sí mismo y, en segundo lugar, estar disponible, para liderar a otros, estamos hablando de inteligencia emocional.

¿Qué es el autoliderazgo?

El autoliderazgo es la capacidad que tengo como ser humano para darme cuenta de quién soy, cuáles son mis fortalezas y mis áreas de desarrollo y, desde ahí, impulsarme y automotivarme hacia las metas que me planteo y, como consecuencia, actuar para conseguirlo. En definitiva, es la capacidad que tengo de elegir como ser, estar, sentir y hacer en mi vida.

El autoliderazgo es algo que incumbe a todas las personas, independientemente de su posición profesional o su situación personal, ya que tiene que ver con la capacidad de gestionarse a sí mismo.

Es un proceso dinámico en el que nos planteamos metas sobre nuestro ser y no tanto sobre nuestro hacer. Y, a continuación, vamos ajustando nuestro progreso en función del feedback que recibimos de nuestro avance hacia esas metas y las conversaciones que tenemos con nosotros mismos sobre nuestra capacidad para alcanzarlo. Y todo eso con equilibrio y bienestar personal. Un concepto nuclear en este proceso es la autoestima.

¿Qué tiene que ver con la inteligencia emocional?

La teoría de la inteligencia emocional que con tanto éxito divulgó Howard Gardner nos ha abierto nuevas posibilidades para comprender a las personas. Dentro de la inteligencia emocional se identifican las competencias intrapersonales, que tienen que ver con cómo me hablo a mí mismo y cómo me conozco y gestiono y las competencias interpersonales que nos capacitan para relacionarnos con los demás: cómo me lidero, gestiono los conflictos, negocio, trabajo en equipo, entre  otras.

¿Qué beneficios tiene?

El autoliderazgo implica autoconocimiento, autoestima, y también coherencia con uno mismo. Los beneficios para la persona tienen que ver con el bienestar, el “fluir”, la calidad de vida, en definitiva, con estar en coherencia conmigo mismo y, como resultado, encontrarme bien. Muchos hablan de ser feliz.

¿Qué diferencia a alguien que se autolidera?

La primera característica que resulta más notable es que se muestra responsable de sus elecciones y de sus resultados. Un ejemplo: un alumno puede responder ante un resultado de suspenso de un examen echando la culpa al profesor. Un alumno que se muestra auto-líder, se siente responsable y atribuye su suspenso a que no ha preparado correctamente el examen. Y esto nos lleva a una segunda característica que es que entiende los errores como tales, resultados a mejorar y no como fracasos personales. Cuentan que a Thomas Edison le dijeron que había fracasado más de 1000 veces al hacer la bombilla. Y él respondió: “No, no he fracasado, he descubierto más de 1000 formas de cómo no hacer una bombilla”. Y podemos decir que una tercera característica es que se valoran, se sienten capaces de conseguir sus metas.

¿Cuáles son los aspectos clave?

La Teoría de la Inteligencia Emocional señala 5 competencias claves del autoliderazgo:

  • Autoestima: conocerse a sí mismo. Valorarse. Reconocer errores y aprender a aprender de ellos. Tener confianza en sí mismo.
  • Rediseño de nuevos Modelos Mentales: descubrir creencias limitantes. Reemplazarlas por creencias capacitantes.
  • Objetivos claros: que el objetivo sea siempre la brújula en las travesías. Coordinar estrategias y acciones para concretarlo.
  • Aplicación de la Inteligencia Emocional: autodominio y manejo del mundo emocional.
  • Flexibilidad: para lograr una visión global de las situaciones y poder cambiar en el momento preciso.

¿Se puede aprender?

El autoliderazgo es una competencia aprendida, modelada en gran parte por otras personas que sirven de modelos de cómo actuar. Desde la infancia y, a lo largo del proceso de socialización, el cómo los padres y maestros nos refuerzan nuestros logros, nuestra autonomía y nuestra estima, va a ayudarnos a desarrollamos el equilibrio personal necesario para ser nuestro propio líder. En la adolescencia, somos ya capaces de elegir nuestros modelos entre amigos y referentes que nos sirven de guía para elegir cómo ser. Posteriormente el entorno educativo y, especialmente el profesional, van a tener un especial peso en que nos sintamos capaces y desarrollemos nuestro autoliderazgo. Como una competencia de la inteligencia emocional, nunca se termina de desarrollar, siempre se puede desarrollar más y más.

¿Cómo se aprende?

Hay tres áreas en las que se trabaja el autoliderazgo para desarrollarlo y que son consecutivas:

  1. La primera es el Conocerme, que consiste en mirarme a mí mismo, identificar mis cualidades, fortalezas, áreas de mejora, y aceptarme. La autoestima, es decir, la valoración que me doy tiene que ser alta. Si no me valoro no voy a ver capaz de hacer nada. Y desde luego no seré capaz de liderar a otros. Por lo tanto hay que trabajar estos tres aspectos: autoconocimiento, aceptación y valoración
  2. La segunda es el Gestionarme, es decir, manejar la inteligencia emocional de acuerdo a mis objetivos, aprovechando siempre el feedback y el aprendizaje. Tendría que ser proactivo en vez de reactivo y tomar las riendas de mis acciones, en vez de esperar a ver lo que ocurre. Tiene mucho que ver con el aprendizaje, con las ganas de evolucionar y cambiar y con el fenómeno de resiliencia, la capacidad de reponerme ante las situaciones difíciles en las que me veo inmerso. Aquí hay que trabajar aspectos muy cognitivos como: la definición de objetivos, el aprendizaje en base a la experiencia, la definición que hago de fracaso y éxito; y también aspectos más emocionales como ¿cómo me siento con ello?
  3. La tercera es el Motivarme, el ser capaz de concentrar la energía para alcanzar los objetivos que me planteo.

¿Se aprende?, ¿Hay cursos de autoliderazgo?

Sí, se aprende. Hay talleres para trabajar las tres áreas que hemos comentado: conocerse, gestionarse y motivarse. Cada vez es más demandado por las empresas y personas que quieren evolucionar en la calidad de su vida, en gran parte debido al impacto en la automotivación, que suele redundar en diferentes índices de gestión. Aunque también, tiene otros efectos, como la actitud positiva, fruto de la mejora de la autoestima y el equilibrio y satisfacción personal.

Personalmente imparto talleres con esta finalidad actualmente con un impacto extraordinario. Y no sólo a demanda de empresas sino de profesionales a título personal. Otra forma de desarrollarlo,  de alto impacto, más individualizada es mediante procesos de Coaching ejecutivo.

Impartiré mi próximo taller el 27 de septiembre para CIVSEM. Ya cinco años haciendo propuestas, transmitiendo energía  y capacidad a cientos de personas.

En cualquier caso, es una cuestión de aprender a pensar de forma eficiente sobre mí mismo, desde las características diferenciales que me hacen único, y con el fin de alcanzar lo que me propongo.

Estas son algunas de las respuesta en la entrevista que me han hecho en Gestiona Radio a propósito del “Autoliderazgo”.

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Confucio escribió en El Gran Aprendizaje:

“Los ancianos que desean mostrar al mundo sus caracteres refinados, primero deben ordenar sus estados. Aquellos que desean ordenar sus estados deberían primero regular sus hogares. Aquellos que desean regular sus hogares, deberían primero cultivar su persona. Aquellos que desean cultivar su persona, primero rectificarían sus mentes. Aquellos que querían rectificar sus mentes, primero buscarían la sinceridad de sus voluntades. Aquellos que buscaban la sinceridad de sus voluntades, primero ampliarán sus conocimientos. La ampliación de los conocimientos depende de la investigación de las cosas. Cuando se investigan las cosas, el conocimiento se amplía, cuando el conocimiento se amplía, se adquiere la seguridad de la voluntad; cuando se adquiere la seguridad de la voluntad, la mente se rectifica; cuando la mente se rectifica, se cultiva la persona”.

 

 

ALINEA LAS EXPECTATIVAS O EL PROCESO NO TENDRA EXITO

 

expectativas-272x300Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Vicente, 31 años, soltero, Acaba de ser nombrado Manager Junior en una empresa de seguros. La Dirección de RRHH en colaboración con la Dirección del área de Vicente creen oportuno realizar un proceso de coaching para reforzar su adaptación a la nueva posición.

La primera reunión con la empresa resulta compleja. Recursos Humanos quiere que el proceso de coaching acelere la curva de aprendizaje y adaptación de Vicente con su nuevo puesto y maneje rápidamente todos los procesos de su nueva función. Tienen mucho interés en que su designación sea un éxito desde el primer momento. Por su parte el Director de área se centra más en competencias operativas, lo que quiere es que Vicente desarrolle su capacidad negociadora lo antes posible.

Una reunión exploratoria con Vicente, arroja más complejidad. A él lo que le gustaría es desarrollar su capacidad para relacionarse con el nuevo equipo.

Claramente las expectativas de los tres agentes implicados no son las mismas. Desde aquí no se puede iniciar un proceso de coaching cuya potencia radica, precisamente, en identificar el punto donde se está, el punto al que se quiere llegar y el camino para alcanzarlo. Cada uno está demandando desde sus necesidades particulares y es necesario consensuar unos objetivos suficientes y válidos, para todos, desde los resultados buscados.

Una nueva reunión se centra en definir los resultados del proceso que, para cada uno, serían adecuados. En el fondo no hay tanta diferencia, todos quieren que Vicente pueda alcanzar los objetivos asignados a su nueva función en un plazo de dos meses. Este ya es un buen punto de partida. Se acuerda, por tanto, como reto del proceso: trabajar el desarrollo de las competencias de Vicente ligadas expresamente con la consecución de sus objetivos. Se establece también una prioridad entre estas competencias, asumiendo que cuanto más peso tienen en la consecución de los objetivos más prioritaria es.

Vicente asume el proceso con entusiasmo pero también con cierta suspicacia. Se ve bajo los focos y, aunque su talante es ambicioso, se siente incómodo con tanta presión. Un nuevo obstáculo a sortear: habrá que conseguir que Vicente se relaje, confíe en sí mismo y se pueda concentrar en el avance. Serán objetivos de proceso.

 

“¿De las competencias que necesitas para conseguir tus objetivos, cuál es la que consideras que tienes que trabajar primero?”

“Negociar. Esto es fundamental para mis resultados. No es que lo haga mal, todo lo contrario, pero me falta ese punto de seguridad que me haga ser más rotundo en mis propuestas”

“¿Seguridad?”

“Sí, no sabría decir si es seguridad en que lo hago bien, o seguridad en que voy a conseguirlo…, estar más seguro,… no dudar…”

“¿Qué pasaría si no dudaras?”

“Pues arriesgaría más, iría a por todas, pondría las condiciones más altas”

“¿Qué te está impidiendo hacer eso?”

“Uff…, en realidad no sé, lo habitual, ¿no?”   

Vicente se está escudando en razones que justifican su comportamiento actual. Desde ahí no puede cambiar, es su zona de habitualidad. Hay que cambiar el plano del diálogo para que se sienta inmerso en el análisis consciente de lo que hace y desde ahí llevarle a la responsabilidad consigo mismo.

“Cierra los ojos, respira hondo, imagina por un momento que no hay límite, que estás consiguiendo  las mejores condiciones, que vas a por todas, ¿qué estás haciendo?”

“Ahh…, sí que actuaría de otra forma, lo primero es que me sentiría más capaz… esto sí que es importante, me doy cuenta de que en el fondo tengo miedo a que me digan que no…”

“¿Qué significa miedo?”

“Encontrarme con el no”

“¿Y?”

“Mmmm”

El diálogo continúa. Vicente se muestra perspicaz, altamente consciente y comprometido, se está entregando al análisis de esta fase de consciencia plenamente. Es un gran coachee y su avance será espectacular, seguro.

En el proceso de coaching, el irse al resultado siempre funciona. Sacamos al cliente del presente, de sus limitaciones actuales y sus perspectivas concretas para llevarle a un espacio generativo donde caben nuevas posibilidades vinculadas a los resultados que se quieren obtener.

“Imagínate negociando con el cliente como me has contado, sin trabas, sin límites, sin miedo a no ser capaz de asumir el no, sin miedo a plantear y replantear los términos hasta conseguirlo”

“Me gusta esa idea, sí”

“¿Cómo estarías actuando en este momento?”

“Y esto, ¿puedes hacerlo?”

“Sí”

“¿Vas a hacerlo?”

“Si”

“¿Fijamos un plan de acción?”

“Claro”

Vicente está entusiasmado, se ve haciéndolo como quiere, y… se pone a hacerlo.

En la siguiente sesión, el seguimiento muestra que Vicente está actuando desde su ideal de negociador. Ya lo está haciendo. Está cerrando operaciones con más frecuencia y con indicadores más altos y en un tiempo record.

Una siguiente reunión tripartita confirma los avances. Estamos en el buen camino. Parece que la tensión se relaja y ahora tienen cabida los objetivos más personales de Vicente: quiere mejorar su capacidad de relación. De todas formas, RRHH sigue con la demanda del dominio de procedimientos. Se llega a un acuerdo: La mejora del dominio pasa por la mejora de las relaciones ya que apoyarse en el equipo puede acelerar el aprendizaje de Vicente.

Segunda fase del proceso, ahora los objetivos son mejorar la capacidad de relación con el equipo con el fin de integrarse rápidamente en él y, hacerlo proactivamente, enriqueciendo al equipo. Esto pasa por desarrollar la asertividad de Vicente, su capacidad de “pedir y ofrecer”, la aceptación en la diversidad de las personas como fuente de enriquecimiento personal y la confianza en el equipo.

En eso se centra la segunda fase.

Lo más difícil en este proceso ha sido gestionar las expectativas de todos los agentes implicados y conseguir que definieran un resultado satisfactorio para todos. ¿Por qué? Porque como decía Alicia en el País de las Maravillas:

“¿Me podría decir cuál es el camino que debo seguir?” Preguntó Alicia.

“Eso depende dónde quieras ir”, respondió el gato.

“Es que no sé dónde quiero ir”.

“Entonces da igual el camino que escojas”.

Lewis Carrol, Alicia en el País de las maravillas

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Si no sabes hacia dónde ir, cualquier camino vale.

Con el título “expectativas” esta conversación ha sido publicada en mi sección mensual de “Conversaciones de coaching” en:

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http://www.tdd-online.es/content/vicente-expectativas

¿Por qué es tan importante definir bien las expectativas sobre el coaching?

Como señala la Escuela Norteamericana, de coaching co-activo, la línea más pragmática del coaching, cuyo fundador es Thomas Leonard.

El resultado final del coaching, es decir, la acción diferente y orientada a determinados objetivos, es lo fundamental.

Sostiene como principales principios que la relación entre coach y cliente se trata de una alianza diseñada por ambos basada en los compromisos y expectativas. Aunque sería suficiente el sentido común para entender que hay que definir bien hacia dónde se quiere ir o no será fácil llegar.

¿las metas levantan el ánimo?

metasSergio, 39 años, separado, empresario. Solicita un proceso de coaching porque se siente desorientado y desanimado, parece que hubiera perdido la ilusión por su trabajo.

Sergio lleva más de 10 años liderando un proyecto empresarial donde la variabilidad y la incertidumbre son muy altas. Hasta ahora no le ha supuesto ningún problema, sino todo lo contrario, la novedad y el reto continuo ha sido una fuente de energía.

Sin embargo, ahora se siente sólo, desanimado, parece que ha perdido el norte y como que no sabe qué hacer con la empresa. No tiene ganas de tirar, de seguir trabajando. Le falta iniciativa y visión de futuro. A pesar, de su confusión actual, es perfectamente capaz de decidir qué hacer y en este momento decide buscar un profesional en el que apoyarse para salir rápidamente de este impass.

En un primer momento, “El dónde estás” adquiere toda la importancia. Sergio necesita contar a alguien que le escuche con total confidencialidad sus dudas y desánimos. Necesita primero desahogarse, literalmente “dejar de ahogarse”. Los dos últimos años han estado llenos de experiencias poco gratificantes: primero una caída de la facturación importante, la salida de la empresa de uno de los socios fundamentales para la red comercial y, lo más complicado, su divorcio, que ha vivido con una frustración y pena intensos. Estos hechos casi simultáneos han llevado a Sergio a sentir que no tiene fuerzas para seguir levantando su empresa, para trabajar en el día a día. Su capacidad de resilencia es muy alta pero en este momento le cuesta ponerla en marcha.

La escucha generativa da sus frutos, Sergio es capaz de soltar todo lo que le lleva restando fuerza con tranquilidad.

Segunda fase: “¿Dónde quieres estar?” plantearle a Sergio un escenario amplio es una estrategia deliberada, si la coach le hubiera preguntado por “¿Cuál es tu objetivo?” puede que se hubiera bloqueado. Al fin y al cabo, acaba de soltar todo un desánimo incompatible con tener claro su objetivo. Un escenario amplio es perfecto, le permite soñar y hablar, Sergio es una persona extravertida, lo que significa que organiza sus ideas hablando en alto, compartiéndolas con otras personas. Poder hablar para él es en este momento fundamental.

“Quiero estar animado. En realidad eso es lo que quiero”.

“¿Con respecto a qué?”

“Al trabajo. En cuanto a la empresa no tengo demasiadas inquietudes, mantener las líneas estratégicas y mantener el negocio, sin grandes aspiraciones de crecimiento, así puede valer, lo que quiero es que me ilusione. Es como que no me apetece, como que me aburre pensar en el día a día de la empresa”.

“¿Cómo te sientes actualmente de ilusionado?”, “¿De 0 a 10 en dónde te situarías?”

“Estoy bajo, muy bajo, un 2 tal vez”

 Y ahora sí, “¿cuál sería un objetivo para ti?”

“Estar ilusionado, en un 8 con mi trabajo en tres meses”

Interesante objetivo: Ilusión, motivación, ganas. ¿Qué hace que Sergio esté desilusionado? ¿Qué necesita para ilusionarse? No ha pasado de un primer escalón en la “Espiral de desánimo”®*, simplemente desánimo es fácil de superar, puede que fijarse una meta sea suficiente para estimular su afán de logro.

Nada como un ejercicio de visualización para llevar a Sergio a que experimente la ilusión rápidamente y pueda salir de su desánimo. Empezamos con un centramiento que facilite las ondas alfa adecuadas para una visualización. Después la sugestión:

 “Imagínate que estás con una ilusión de 8 por tu trabajo, estás plenamente ilusionado, lleno de la energía que necesitas, siente la energía, siente cómo fluye por todo tu cuerpo, cómo llena tu mente…, tu ilusión es plena, ¿qué piensas en ese momento?, ¿cómo lo sientes en el cuerpo?, ¿dónde estás?, ¿con quién?, ¿qué oyes?, ¿qué ves?, ¿desde dónde lo ves?… ” 

Sergio está disfrutando la escena, su expresión corporal es distendida, sus respuestas son coherentes con ella. Gracias al centramiento previo, ha entrado con rapidez en la visualización. Se imagina y se siente a sí mismo con el logro conseguido.

“¿Qué necesitas para estar en esa escena que ahora no tienes?”

“Sí, eso, ilusión, pensar que disfruto con lo que hago, valorar más el momento…”

“¿Y qué necesitas para eso?”

“Ummm… El caso es que ahora mismo no estoy centrado, es como que estoy a la deriva y sin un rumbo fijo, y ni siquiera disfruto del viaje…”

“¿Y?”

“Creo que necesito ponerme metas, con el negocio, aunque sea innovar algo o crecer o diversificar… pero también ponerme una meta de cómo me levanto cada día”

“¿Ponerte metas te ilusionaría?”

“Creo que sí, que necesito tener un puerto al que navegar”

“¿Y eso va a hacer que disfrutes del viaje?”

“Bueno, esa es una de las metas”

“¿Podemos ahora establecer estas metas?”

“Sí”

Tras definir ahora unos objetivos de proceso, Sergio define con un retroplan el plan de acción para alcanzar cada uno de ellos, teniendo como meta final su 8 en ilusión.

“Necesitaba un impulso, ahora lo veo claro”

A veces, el desánimo es más producto de la monotonía que de la falta de motivación. Nada como un nuevo reto para animarse.

 

(*)Técnica del libro de próxima publicación: “Manual del coach” de Isabel Aranda (2016) editorial EOS.

Entender la conversación de coaching nos permite entender por qué se pueden alcanzar resultados extra-ordinarios con el acompañamiento de un coach.

Un caso más de cómo se desarrolla una conversación de coaching publicado en mi sección mensual “Conversaciones de coaching” en:

http://tdd-online.es/content/sergio-metaslogo training and digest

He aprendido a ser mas capaz

dudaEl observador que es de sí mismo ha ampliado su mirada y cambiado su percepción de cómo ser más capaz.

Mario, 38 años, Director adjunto en la fábrica española de una multinacional, licenciado en físicas y máster en Dirección de empresas, soltero sin hijos. Ha desarrollado toda su carrera profesional en el área de producción en diferentes multinacionales y países. Ha conseguido mejorar siempre sus cifras de gestión y es muy reconocido por antiguos jefes y empresas anteriores. Acaba de ser nombrado Director adjunto de la fábrica en la que llevaba cinco años dirigiendo el área de producción. Las tensiones que sufre la fábrica para mantenerse como centro de producción especializada de una determinada línea de productos de la multinacional son cada vez más intensas. Mario asume sus nuevas funciones en un contexto realmente complicado. Ha empezado a tener muchas dudas sobre su capacidad para asumir estas nuevas funciones en la situación actual. Le está afectando en su agilidad en la toma de decisiones e incluso en el sueño. Decide comenzar un proceso de coaching con un psicólogo experto en coaching para hacer frente lo antes posible a su intranquilidad.

Mario define la finalidad de su proceso como: “estar tranquilo, sin dudas sobre mi capacidad, que no me preocupe lo que pueda pasar”.

Antes de definir los objetivos de trabajo, utilizamos un ejercicio de “Rueda de la vida” para que Mario se sitúe en las diferentes áreas y valore cómo se encuentra en cada una. En todas se puntúa alto, salvo en salud y trabajo. Ahí está la “brecha de aprendizaje“.  Define entonces sus objetivos:

  1. “Incrementar mi confianza en mí mismo para afrontar mis nuevas funciones hasta el 10 antes de dos meses”
  2. “Aprender a relajarme con facilidad en todo momento”.
  3. “Mejorar mi forma física hasta el diez en tres meses”.
  4. “Tener una clara perspectiva sobre mi carrera profesional, sin dudas y sentirme plenamente a gusto con ella de aquí a tres meses”.

Mario es un hombre ambicioso y muy pragmático. Los plazos que se ha marcado para conseguir sus objetivos son cortos. Tiene claro que quiere resultados inmediatos y que conseguirlos no puede llevarle mucho tiempo. Es una persona de reto y logro, acostumbrada a orientarse a objetivos y conseguir resultados. Es la primera vez en su vida que tiene síntomas de stress y se siente bastante incómodo con ello.

Valoramos su situación actual en los diferentes objetivos con una escala de progreso. Ciertamente se puntúa bajo en todos, apenas aprueba en confianza. Su situación ideal es fácil de identificar, quiere puntuar 10 en todo.

“¿Por dónde quieres empezar?”

“Claramente con el stress, eso de que me afecte el sueño, no puedo con ello”

Mario tiene stress y sus tres componentes: cognitivo, fisiológico y motor están afectados.

Comenzamos por abordarlo, revisando cómo está actuando.

“¿Qué hay de diferente ahora en cómo te comportas?”

“Dudo, no tengo claro que esté tomando decisiones acertadas, me lío a la hora de plantear cualquier tema, hago un esfuerzo por mostrarme seguro y firme, incluso soy más duro de lo habitual en mí a la hora de plantear los temas”.

“¿Qué es lo que te dices?”

“Cuidado, que no vean que dudas”

“¿Qué pasa si dudas?”

“Pueden creer que no estoy a la altura para este puesto”

“¿Y si lo creen…?”

“A nadie le gusta no estar a la altura. Yo esto no me lo puedo permitir”

“¿Qué es lo que no puedes permitirte?”

“Pues eso, no estar a la altura”

“¿Y si no estás a la altura…?”

“Sería un fracaso”

“¿Y…?”

“Yo no tengo fracasos”

“¿Qué tienes?”

“Yo siempre he conseguido lo que me he propuesto”

“O sea que siempre has conseguido buenos resultados”

“Sí”

“Resultados y fracaso es lo mismo”

“No”

“¿Cuál es la diferencia?”

“El fracaso es personal”

“Quieres decirme que el fracaso te lo llevas a nivel personal, tiene que ver con quién eres, mientras que los resultados tienen que ver con lo que haces, ¿no?”

“Mmm…, ¿con quién soy?…”

“Si, una cosa es lo que hacemos y otra quienes somos los que hacemos esas cosas. No es lo mismo ser que hacer. ¿Estás mezclando esto?”

“Creo que sí”

Este es uno de los errores lógicos más habituales que aparecen en coaching, igualar lo que hacemos con lo que somos. Culturalmente es un habito. Incluso decimos “soy abogado” en vez de “trabajo como abogado”.

“A nivel corporal, ¿cómo te afecta esto?”

“No he pensado mucho en ello, tal vez estoy más tenso”

Seguimos explorando cómo se relacionan sus pensamientos con cómo está actualmente. Mario es rápido en el análisis y en las conclusiones, pero le cuesta asumirlas como propias. No está acostumbrado a la introspección. Sin embargo, prima en él su pragmatismo:

“Si esto es así y mi forma de pensar en ello es la clave de cómo lo estoy abordando, estoy dispuesto a hacerme otro planteamiento”

Y así lo hace. Exploramos entonces cuál sería el discurso interno que le permitiría puntuar de 10 y alcanzar su situación ideal en los objetivos 1 y 4. A continuación, abordamos los objetivos 2 y 3.

“¿Qué vas a hacer para mejorar tu forma física?”

“Está claro, hacer deporte”

“¿Y?”

“Creo que voy a cogerme un entrenador personal”

“¿Y para relajarte?”

“Esto me cuesta bastante, ¿cómo puedo hacer?” 

Trabajamos entonces algunas técnicas de relajación a su medida.

Como no podía ser de otra manera con alguien como Mario, ha conseguido sus objetivos en los plazos que se ha planteado. Y también ha aprendido a ser más consciente de cómo piensa y de cómo sus pensamientos afectan su bienestar. Se puede decir que no sólo ha habido un aprendizaje de primer y segundo nivel, también lo ha habido de tercer nivel, y el observador que es de sí mismo ha ampliado su mirada y cambiado su percepción de cómo ser más capaz.

Este artículo ha sido publicado en mi sección mensual de “Conversaciones de coaching” http://www.tdd-online.es/content/mario-estres donde expongo las claves de diferentes procesos de coaching.logo training and digest

¿Qué es el  aprendizaje de primer, segundo y tercer nivel?

Bateson (1985) describe tres categorías de aprendizaje: de primer, segundo y tercer orden que hacen referencia al carácter de los procesos mediante los cuales las personas aprendemos y van desde el aprendizaje por reflejos condicionados, hasta el cuestionamiento crítico de los marcos de pensamiento.

Como veremos van de menos a más, afectando de forma cualitativamente diferente a la persona, desde sólo la acción inconsciente, a la consciencia plena de las normas y su transgresión de cara a obtener respuestas innovadoras de mejor calidad para su relación con el mundo. En última instancia, todo aprendizaje se enmarcará en los sistema sociales en los que la persona se integra.

Aprendizaje de primer orden 

Es un aprendizaje centrado en la acción. A este nivel se dirigen, habitualmente los entrenamientos para conseguir determinadas conductas. El aprendizaje de primer orden se lleva a cabo por condicionamiento e imitación.

En el condicionamiento por premio o castigo las personas aprendemos a reaccionar de determinado modo a estímulos particulares sin que se requiera una consciencia expresa sobre el aprendizaje, simplemente desarrollamos un hábito reflejo aislado que funciona de forma limitada. Se realizan los comportamientos para evitar las consecuencias desagradables y conseguir las placenteras, sin que estén implicados procesos de consciencia,  voluntad, definición de objetivos o la acción con propósito para lograrlos. En definitiva, nuestro aprendizaje es un hábito reflejo.

Es un aprendizaje muy estudiado en psicología tanto en las personas como en animales y se sabe, por ejemplo, que al dividir una tarea en partes pequeñas, e ir recompensando la realización de cada una de ellas por separado, se produce un aprendizaje que puede hacerse sistemáticamente más complejo uniendo varias fases.

Es un aprendizaje básico que se produce de forma continua en la vida cotidiana. Un ejemplo claro es cuando aprendemos desde bebés a complacer a nuestros padres simplemente como respuesta a su atención. No hay una consciencia sobre lo que hacemos ni tampoco una consciencia de aprendizaje.

Este aprendizaje de primer nivel está limitado al contexto en el que se produce y difícilmente es transferible a otros. Si cambian las condiciones ya no es aplicable, y se requieren otros hábitos. Por ejemplo, las conductas para llamar la atención de nuestros padres, no sirven para conseguir la atención del jefe.  A veces, se produce un aprendizaje por shock: cuando los hábitos de conducta producen un deterioro del bienestar drástico que no pueden seguir manteniéndose sin un cambio, a veces, rotundo de los hábitos. Ejemplos, cuando un jefe de equipo recibe un plantón por parte de éste ante la dirección de la empresa; un ejecutivo es despedido por falta de competencias relacionales; un empresario ve caer drásticamente su negocio y lo vincula con las decisiones estratégicas que ha tomado.

En definitiva, es un aprendizaje básico que es útil en el contexto en el que se genera y que no implica una organización estructurada de lo aprendido, simplemente es un hábito reflejo aislado.

La imitación es muy similar al condicionamiento en cuanto a la inconsciencia del aprendizaje que se produce por exposición y adopción automática. Copiamos las conductas de un modelo que consideramos importante para nosotros. Es un recurso muy utilizado por la publicidad y los medios de propaganda social para inducir conductas de todo tipo y explica muchas de las conductas reproducidas de series de televisión.

Aprendizaje de segundo orden 

Toda situación comunicativa incluye tanto la información que contiene como los tipos de interacción que son posible hacer con ella (contenido y contexto respectivamente, en términos de Bateson, 1985). En éste último están las claves de cómo interpretar el contenido.

Mientras que en el aprendizaje de primer nivel, la conducta se centra en realizar las conductas correctas, en el de segundo nivel, se centra en encontrar las soluciones correctas (según el paradigma imperante socialmente) y el contexto es sustancial.  En gran parte se producen por ensayo y error.

Este aprendizaje de segundo orden lo interpreta Engeström (1994)[ii] como la capacidad de resolver problemas desde la experimentación. Esto se traduciría en que el cliente analiza su desempeño actual y conscientemente desarrolla hábitos de conducta dirigidos a conseguir sus objetivos. Esto es, en definitiva, lo que moviliza la metodología de coaching.

Este aprendizaje se asemeja al aprendizaje experimental producido en la vida cotidiana, en la cual el cliente observa curiosamente cómo resolver los problemas tanto con sus propias explicaciones como con las de otros.

niveles de aprendizaje

Aprendizaje de tercer orden 

Una tercera categoría de aprendizaje, es la de tercer orden. En ésta el cliente cuestiona la validez del contexto en el que se sitúa el problema. Es la base de la innovación.

Supone un salto cualitativo desde el paradigma en el que se halla inmerso el cliente hacia otros con presupuestos diferentes.

Podremos entenderlo mejor con este koan o paradoja budista. El maestro le dice al discípulo “si dices que este palo es real, te golpeo con él en la cabeza; si dices que este palo no existe, comprobarás su existencia cuando te golpee con él en la cabeza”. Este es un problema que no se puede resolver dentro del contexto y representación que tenemos del problema. No sabemos cómo hacerlo puesto que para nuestra lógica una cosa no puede ser afirmada y negada al mismo tiempo. Sin embargo, si el discípulo cogiera el palo de manos del maestro y lo partiera en dos, sería una forma de resolverlo creativamente, “fuera de la caja”. Esta solución implica que el cliente sea consciente de las trabas hasta ese momento inconscientes que podían limitarle a responder y se deshaga de ellas. Sólo puede ocurrir cuando rompemos con las presuposiciones culturales habituales y tienen tal calado que suelen denominarse “crisis personales”, “quiebres” (término utilizado en coaching ontológico),”cambio cultural”.

A diferencia del aprendizaje de segundo orden en el cual tratamos de resolver los problemas dentro de un sistema de alternativas previsibles en un contexto cultural dado, en el aprendizaje de tercer orden, los problemas, tareas y soluciones deben ser manejados sin ellas, dentro de un contexto representacional diferente. Un implicación de enorme importancia es que los problemas no se presentan a los clientes como dados, sino que deben ser construidos por ellos desde las situaciones que requieren una solución. En definitiva, el aprendizaje de tercer orden no hace más que intentar solucionar las contradicciones que no puede resolver el de segundo orden.

 
los problemas

Este texto es un avance de mi próximo libro, muy pronto a tu alcance.

RESPONSABLE DE MI MISMO

liderReconoce que le cuesta coordinar las acciones del equipo, no sabe cómo decirles las cosas para que le entiendan de tal forma que sean proactivos…

Antonio, 41 años, casado, técnico de desarrollo en una empresa del sector inmobiliario. Coordina un equipo de 5 personas y es clave en el desarrollo de la gestión on line de los servicios empresariales. La empresa le ofrece un proceso de coaching con el fin de que mejore su capacidad de gestionar el equipo y con ello la eficacia de los procesos de trabajo.

En la reunión tripartita, intervienen la Jefe de su Área, el Director de RRHH y el propio Antonio junto con la coach. La jefa de Antonio tiene claro que el equipo puede ser más productivo y ágil en su tarea y que mucho tiene que ver con cómo  Antonio está liderando a su equipo.

Señala como indicadores de ineficiencia del equipo: excesiva duración de las reuniones, fallos reiterados en el cumplimiento de los plazos, confusión en las prioridades, incumplimiento de tareas y desánimo general del equipo.

El Director de RRHH, por su parte, señala que Antonio tendría que mejorar sus habilidades de relación con el equipo, especialmente en su capacidad de escucha y comunicación. En términos de la “vida de un equipo” indica que tanto el tono socio-emocional como el tono de tarea son especialmente bajos en comparación con otros equipos.

Por su parte Antonio, reonoce que le cuesta coordinar las acciones del equipo, no sabe cómo decirles las cosas para que le entiendan de tal forma que sean proactivos.

Los objetivos que se consensuan para el proceso de coaching son, por tanto:

  1. Comunicarse de forma persuasiva con el equipo
  2. Coordinar las acciones del equipo de forma eficiente
  3. Asumir el liderazgo del equipo

Una vez acordados los objetivos, iniciamos el proceso evaluando con una “Escala de progreso” su situación ante estos objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente, con el fin de comprobar el punto de partida y el progreso en la consecución de los objetivos acordados.

Antonio se puntúa de 6 en todas. Se aprueba y no se encuentra mal ahí. Ha aceptado el proceso como una decisión más de su jefa, pero no entiende muy bien cómo esto le va a ayudar, ni qué es lo que tiene que hacer en realidad. Aunque Antonio ha aceptado los objetivos y el proceso, no cree que sea él el que necesite cambiar nada. Se muestra tenso, cerrado, distante. Para él son los miembros de su equipo los que tienen que cambiar. Se hace necesario cuidar especialmente la relación de coaching para que Antonio se sienta cómodo y se pueda hacer cargo de los objetivos acordados.

Tras cierta indecisión previa, Antonio termina por hacer explícitas sus dificultades.

¡Si yo doy las instrucciones claras y específicas! No entiendo por qué dicen que no  me comunico bien.

¿Confirmas lo que han entendido?

¿Cómo que cómo confirmo? ¿Para qué? ¿Es que tengo que estar pendiente de ver qué han entendido? Son mayorcitos, es su trabajo y se supone que saben de lo que les hablo.

¿Y qué resultados estás obteniendo actuando así?

La actitud de Antonio con respecto a su equipo ha quedado manifiesta. Sus escasas habilidades para escuchar, asegurar la comunicación, persuadir, no le están permitiendo ejercer el rol de líder que tiene con el equipo. Antonio está trasladando la responsabilidad de lo que ocurre a los miembros de su equipo. Su forma de percibir la situación hace que responsabilice al equipo de los fallos en la comunicación y, como consecuencia, de la eficiencia deficiente. Es lo que en la “teoría de la atribución” se denomina “locus de control” externo. Antonio no asume las consecuencias de sus acciones, sino que se las atribuye a otros.

Por un lado, Antonio tiene que encontrar la forma de comunicarse mejor y, por otro, tiene que cambiar el lugar desde donde lo hace, es decir, el paradigma mental desde donde actúa. Si sigue atribuyendo a los demás la responsabilidad de lo que él hace, es difícil que pueda adquirir nuevas habilidades.

Así que centrados en cómo él mira sus acciones y dónde pone la responsabilidad de lo que ocurre con ellas, Antonio explora sus creencias sobre sí mismo, sobre su equipo, sobre la capacidad de comunicarse, sobre el trabajo,…

A mí me gustan las cosas sencillas, simples, no quiero estar pensando en cómo me van a interpretar, eso es cosa de ellos, ¿no?

 ¿Qué te pasa a ti cuando es tu Jefa la que te da instrucciones?

 Bueno, es diferente, porque yo asumo que ella es la que manda y tengo que hacer lo que me dice.

 Tengo que hacer lo que me dice…

 Sí, claro, es cuestión de eso, de obedecer, ¿no?

 ¡ no!

 ¿Cómo, si no es cuestión de obedecer, de qué es? No entiendo cómo puedes hacer que la gente haga cosas si no es así.

 Y si pudieras imaginarte que tu equipo te entiende bien, los seguimientos muestran una coordinación de acciones perfecta, la eficiencia es cada vez mejor, vamos, una situación ideal entre tú y el equipo, ¿cómo sería?

 Bueno lo que has dicho y que yo estaría más relajado. No tendría que estar encima a todas horas, las reuniones serían cortitas, las cosas saldrían…

 Es decir, tú actuarías de otra forma.

 Sí claro.

 Es un buen punto de arranque para que Antonio se de cuenta de que el cómo actúa él tiene mucho que ver con cómo lo hace su equipo. Le ha costado darse cuenta de que es él el que tiene que cambiar para que lo haga su equipo, pero ya está en esa perspectiva. Si pone el foco en su propia responsabilidad puede hacerse cargo de lo que hace y de las consecuencias que esto tiene. Ha cambiado el observador que es ante sí mismo. Ahora el “locus de control” es interno. Sin este paso previo, no se produce un “aprendizaje de segundo orden” imprescindible para que la persona sea capaz de hacer las cosas desde un paradigma diferente y, por lo tanto, obtenga resultados diferentes. Basado en los “bucles de aprendizaje” de Arqyris y Schön, este tipo a aprendizaje tiene que ver con darse cuenta de cómo mira o afronta uno mismo la situación y no con el qué hacer en la situación.

Un potente ejercicio de “catálogo de creencias” permite a Antonio darse cuenta de qué es lo que pensaba con respecto a sí mismo y a su equipo y qué puede pensar desde su nueva perspectiva que le sea útil para los objetivos del coaching. Él maneja bien la “ley de causa-efecto” y establece rápidamente la relación entre unas creencias y sus actos.

Una vez que Antonio, se da cuenta de cómo su forma de actuar influye en su equipo e identifica las creencias básicas que tiene con respecto a sus colaboradores, tiene claro desde dónde está actuando y las consecuencias que esto tiene. Ha conseguido lo esencial, el “darse cuenta” sustancial que subyace a todo posible progreso. Desde el punto de vista de la Teoría de la Inteligencia Emocional, ha mejorado su inteligencia intrapersonal, gracias al conocimiento de sí mismo y, desde ahí, es desde donde se puede mejorar su relación con los demás, su inteligencia interpersonal.

Por lo tanto, el siguiente paso tiene el terreno abonado y es más sencillo: explorar las conductas que le van a llevar a conseguir esa mejor comunicación y establecer un plan de acción para implementarlas con el equipo.

Reformular, resumir, preguntar, escuchar y, sobre todo, asumir que la comunicación no consiste en hablar, sino en ser comprendido, son los retos inmediatos que se plantea. Ensayamos cómo hacerlo. Antonio ha revisado y actualizado sus creencias sobre el deber, la responsabilidad, la colaboración, el trabajo en equipo, la autoridad y el liderazgo.

Ya no ve las cosas igual, no piensa igual y no actúa igual. Esto es muy evidente en su forma de dirigirse al equipo y organizar las reuniones diarias. También en su comunicación corporal: más distendido, abierto y cercano. Se puntúa ahora en la escala de progreso de 9 ya que todavía actúa pensándoselo y cree que le queda aún integrar estos comportamientos como nuevos hábitos.

En la reunión de evaluación tripartita final, su Jefa muestra su sorpresa por el rápido cambio de Antonio, “le has dado la vuelta como a un calcetín”, de forma coloquial está expresando el gran cambio que se ha percibido en él. Los objetivos se han cumplido en cuatro meses. El equipo se muestra más alegre y comprometido y los fallos de eficiencia se han reducido en un 20%.

Antonio no ha cambiado, ha evolucionado en su inteligencia emocional, la que nos permite relacionarnos con nosotros mismos y con los demás y con ello ha abierto la puerta a su progreso continuo como persona y como líder.

Artículo publicado en http://www.tdd-online.es/content/antonio-responsabilidad en mi sección mensual “conversaciones de coaching”

DISTINCIONES EN COACHING

reloj El resultado del proceso será aquel que el cliente esté disponible para conseguir y no otro. El coaching no resuelve nada, es el cliente el que encuentra sus respuestas. Un nuevo proceso contado en mi sección de “Conversaciones de coaching” publicado en Training & Digest.

Carlos, 49 años, divorciado, con un hijo adolescente, diplomado en magisterio. Trabaja desde hace 24 años en una multinacional de distribución. Lleva ya 15 años como Jefe de RRHH. Llegó a la posición por la experiencia adquirida como asistente en el desempeño de las funciones del departamento, sin una formación específica previa, ni posterior, ni una pasión concreta por este trabajo. Sus funciones son de carácter muy operativo ya que toda la estrategia le viene dictada por la casa matriz europea.

Aunque dice estar contento con su posición y empresa, su queja constante es que no puede asumir todas las tareas del departamento. Ahora sólo cuenta con un asistente para todas las tareas que no tengan un carácter confidencial. Tanto el Director General, como otros Directores de departamentos reportan falta de agilidad en las gestiones propias de RRHH. Carlos trata de cumplir con todos los compromisos y eso le lleva a dedicarle una cantidad de horas desproporcionadas al trabajo, tanto en la oficina, como conectándose por las noches desde casa.

En la evaluación de desempeño anual, los indicadores clave de rendimiento indican una falta de agilidad y respuesta en la gestión de sus tareas que llevan a la Dirección a proponer a Carlos un programa personalizado para que aprenda a gestionar de forma más eficiente su trabajo de forma prioritaria. Para ello seleccionan a una coach con amplia experiencia en el desarrollo de competencias profesionales.

En la reunión tripartita entre la Dirección General, Carlos y la coach; la Dirección señala como objetivo prioritario que Carlos mejore su eficiencia, pero también que se sienta más cómodo con lo que hace. La buena y prolongada relación que existe entre los empleados les lleva a estar preocupados por el bienestar de Carlos. Concretamente a los compañeros del staff directivo les preocupa el exceso de dedicación al trabajo que está realizando y que pudiera estar afectando ya a su equilibrio psicológico e incluso salud. Carlos coincide en que su dedicación es desmedida, pero no sabe cómo hacerlo de otra forma. Se ve incapaz de organizarse de forma diferente. Y no lo entiende porque no será por experiencia… En el fondo, tampoco piensa que sea para tanto.

En esta reunión tripartita se decide pasar primero un 360º para evaluar con precisión cómo se ve Carlos y cómo le ven los compañeros y jefe en su desempeño profesional y a partir de esa información concretar los objetivos de trabajo.

El 360º permite operativizar con claridad lo que ya se habló en la reunión tripartita. Hay tres áreas competenciales, consistentes entre sí, que muestran la percepción de su jefe y compañeros de la baja ejecución de Carlos, de hecho no superan el 3,10 sobre 5 en la heteroevaluación, mientras que en la autoevaluación está en un 4,35. Hay, por tanto un gap sustancial entre cómo se ve él y cómo le están viendo compañeros y jefe en:

Adaptabilidad: afronta con eficacia diversos estilos de trabajo y en diferentes circunstancias. Se adapta de manera constructiva ante los reveses y plantifica el cambio. Fomenta la creatividad, la innovación y el asumir riesgos.

Gestión de tareas. Utiliza la tecnología, los recursos y el tiempo de manera eficiente. Aprende rápidamente y aplica la información actual a las tareas apropiadas.

Productividad. Inicia la acción. Es una persona emprendedora y decidida. Supera los obstáculos para alcanzar resultados beneficiosos, de alta calidad.
Con los resultados del 360º, una segunda reunión tripartita permite acordar los objetivos de trabajo con mayor precisión:
1. Incrementar la adaptabilidad de Carlos para que sea capaz de modificar su forma de trabajar, mejorando su eficiencia, menos horas, mejores resultados.
2. Mejorar la eficiencia en la gestión de tareas, para priorizar, delegar, organizarse en el día a día e incluso decir no a determinadas demandas de los diferentes departamentos.
3. Salir 1 h. más tarde de su horario, habiendo resuelto los asuntos prioritarios (Carlos sólo este reto con el que está conforme).

Una vez acordados los objetivos, iniciamos el proceso evaluando con una Escala de progreso su situación ante estos objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente, con el fin de comprobar su punto de partida personal y el progreso en la consecución de los objetivos acordados, independientemente de la evaluación organizacional de contraste que se haga más adelante con un nuevo 360º.

Carlos inicia el proceso de coaching como una carga más en sus tareas. No es que no confíe en que el proceso funciona, de hecho, lo ha podido comprobar con otros directivos de la empresa, es que él no se ve haciéndolo diferente. Hay un rechazo claro a reconocer que necesita ayuda. “Sólo está en el proceso de coaching porque su jefe le ha metido, que si no, ¿para qué?”

“¿Para qué haces tú todo?”
“¿Qué pasa si no lo haces tú todo?”
“¿Qué pasaría si tú no estuvieras para hacerlo todo?”
“Ah no, yo nunca he faltado al trabajo, incluso vine con un brazo en cabestrillo”

No, definitivamente, no ve otras opciones. O lo hace él o no se hace. La técnica utilizada en coaching de desmontar la creencia todavía no funciona.
Entramos en su autoexigencia.

“¿Qué ganas con esta forma de ver las cosas?”
“¿Qué estás perdiendo?”
“¿Para quién estás haciendo esto?”

¡Ah! Balanza de pérdidas y ganancias. Parece que Carlos comienza a analizar la situación con perspectiva diferente. Él valora los beneficios especialmente. Esto ya le ha llegado. Está perdiendo más,… mucho. No sólo tiempo con su hijo, sino para sí mismo y, ¡¡lo peor!! es que lo que hace no es valorado por su jefe y compañeros. Esto le confunde.

“Yo creo que tengo que hacerlo al máximo. No puedo delegar en nadie. Tengo que hacerlo yo todo. Cuánto más me dedique, más me valorarán. Y ahora veo que esto no es así…” Carlos intenta disimular su decepción y desconcierto.

“¿Qué estás compensando con tu trabajo?”

Entramos en el “dar y recibir”.

“Pues sí, sí que hay desequilibrio. Creo que tengo que darlo todo, pero no se me había ocurrido pensar en qué recibir. Casi no sé de qué estamos hablando. Ya me pagan, y la empresa tiene un paquete de beneficios sociales estupendo”.
Trabajamos distinciones lingüísticas: dar, recibir, exigencia, excelencia, rendimiento, gestionarme.

Carlos está ya preparado para ver con nuevos ojos. “Tampoco es para tanto. Bien pensado sí que me puede apoyar más en la asesoría que nos lleva ya determinados temas” “Y, además, puede traspasar ciertas actividades al departamento financiero” “Y, además, puede pedir que cada departamento…” “y, además…”

Carlos ve desde una perspectiva diferente su trabajo, ha conseguido un “cambio de observador sobre su actividad”, está disponible para actuar por sí mismo buscando soluciones diferentes a las que era capaz de ver hasta ahora.

Su nivel de introspección ha sido mínimo y sus barreras muy altas ante la tarea de tener que pensar de forma diferente, sin embargo ha conseguido un hacer diferente que le proporciona la eficiencia que habíamos marcado como objetivo.

Seis meses después de iniciar el proceso, Carlos ha delegado un 30% de su actividad, gestiona un 15% por prioridades y sale 1 h. después del horario y los viernes desconecta. Eso sí, aún se conecta desde casa unas 4 h. semanales, más por hábito que por necesidad.

Hay temas que no se han abordado, no porque no se diera el espacio para ello, sino porque Carlos no estaba preparado para hacerlo.

Esta es una gran conclusión de coaching. El resultado del proceso será aquel que el cliente esté disponible para conseguir y no otro. El coaching no resuelve nada, es el cliente el que encuentra sus respuestas.

Conversaciones de coaching 5. Publicado en http://www.tdd-online.es/content/carlos-distinciones

EL VALOR DE LA VISION DE FUTURO: un proceso de coaching

visionA veces nos perdemos en el presente, o en el pasado y es muy difícil proyectarnos hacia el futuro. Mi nuevo artículo comentando
un proceso de coaching publicado en Conversación de Coaching 4 en Training and Development Digest

Un caso real:

Rosa, 45 años, casada, empresaria, lleva 20 años dirigiendo su propia empresa de distribución. Desde hace año y medio se siente descentrada y un tanto desorientada sobre sus decisiones empresariales y desanimada con los requerimientos de sus responsabilidades familiares, ya que tiene dos hijos pequeños.

Es una persona con gran capacidad de autonomía, decisión y voluntad. Su confusión actual la incómoda profundamente. Incluso tiene dificultades para dormir y se siente más airada y agresiva de lo habitual. En su entorno le dicen que está estresada.

Rosa toma la decisión de iniciar un propio proceso de coaching con el objetivo claro de cambiar esta situación. En la primera sesión concreta los siguientes propósitos de trabajo:

  1. Aclararse
  2. Tomar decisiones con confianza
  3. Sentirse más segura

Evaluamos con una “Escala de progreso” su situación ante estos tres objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente, con el fin de situar su punto de partida y poder evaluar el alcance del progreso en la consecución de los objetivos acordados. Sus puntuaciones no superaban el 3 (en una escala de 10) en ninguno de  los objetivos.

En la primera sesión, Rosa muestra su incomodidad, desconcierto y confusión generalizada sobre todos los aspectos de su vida. No sabría por dónde empezar, ni tampoco priorizar dónde se siente más incómoda. Por ello, comenzamos con un ejercicio para clarificar mejor su escenario global.

Con el ejercicio de la “rueda de la vida” identifica más concretamente en qué áreas de la vida se siente más incómoda: profesional, intelectual y espiritual se evidencian con disarmonía y baja satisfacción. Visualiza con el ejercicio que su vida no puede rodar cuando tres de sus radios son marcadamente más cortos.

El ejercicio no sólo le aporta consciencia, le permite identificar y priorizar, poniendo foco por donde quiere empezar y que resume en un objetivo bien definido: “Conseguir una confianza en mí misma como profesional de 10, en un plazo no superior a 6 meses”.

En la segunda sesión, Rosa entra de lleno en cómo se percibe a sí misma. Por un lado, considera que le ha ido bien, que ha tenido suerte y ha posicionado muy bien su empresa; por otro, está desconcertada sobre sus posibilidades de cara al futuro, no se ve con un buen perfil de empresaria y hasta duda de su capacidad y sus logros. Tiene una idea difusa de sí misma y de sus posibilidades, le cuesta señalar sus puntos fuertes.

 “Es como si no fuera capaz de mirar al frente”

“No sé cómo voy a hacer frente a estos retos, me ha ido bien, pero ahora es todo mucho más difícil, no sé si voy a ser capaz de mantener la empresa, se vende mucho menos, tengo que tomar decisiones difíciles, y estoy sola”

“Podría decir que tengo algo de miedo, sí. No me gusta reconocerlo”

Planteamos un ejercicio de “imagen pública” para que pueda verse a través de los ojos de otros y realiza un perfil XT.

En la tercera sesión, Rosa trae los resultados del ejercicio de imagen pública propuesto. Su sorpresa ha sido enorme al leer los mensajes recibidos. A través de los comentarios de las otras personas comienza a ver sus puntos fuertes y sus áreas de mejora. Sigue  desenmarañando y clarificando sus percepciones. Los comentarios de los demás le hacen ver su gran capacidad para liderar, tener sentido estratégico del negocio y tomar decisiones tácticas. No se había visto así. De hecho, se consideraba falta de capacidad directiva por su baja formación. A la vista de los comentarios de otras personas, se da cuenta de lo opaca que estaba siendo consigo misma.

Pasamos a continuación a trabajar con su perfil XT, una herramienta de evaluación que permite identificar los factores críticos para conseguir un desempeño más efectivo. En concreto, mide características relacionadas con su estilo de pensamiento y razonamiento, su potencial de competencias y sus intereses profesionales. El conjunto de la información que ofrece, junto a un acompañamiento preciso del coach para interpretar la información y comprender el potencial de sus competencias y sus puntos fuertes en relación a su perfil de empresaria, ayudan a Rosa a comprender cómo trabaja y cómo puede ser más eficiente.

Tanto la información de la imagen pública, como la de su perfil XT, hacen pensar a Rosa sobre su capacidad para liderar su empresa. Sí, en realidad esto es lo suyo. Vale y puede ser una empresaria, como hasta ahora ha sido, ¡de éxito!

“¿Por qué he dejado de verme así?”

“¿Por qué ese cansancio, desánimo, agotamiento, falta de dirección,…?”

¿Por qué he entrado en esta espiral de desánimo?”

No entramos en ello. No buscamos causas. Si trabajamos sus emociones y sentimientos ante ello. Difícilmente puede abordar su futuro con confianza desde el miedo. Las emociones negativas tienen un efecto devastador en todo el cuerpo. Entra en modo supervivencia. Se queda sin energía para generar respuestas de desarrollo como la creatividad o la visión de futuro, como es el caso de Rosa. Ante su alto nivel de ansiedad, trabajamos también con técnicas de gestión de stress que le permiten controlar mejor sus reacciones corporales.

La escala de progreso indica unas puntuaciones de 7. Su confianza en sí misma ahora es de 6.

Hasta aquí el análisis de dónde está con respecto a sus objetivos. Rosa ha ido identificando, aclarando, priorizando dónde está y con qué recursos cuenta. Ha tomado consciencia de sus fortalezas y de cómo apoyarse en su gran experiencia. Ya está en disposición de proyectarse a futuro.

Planteamos un nuevo ejercicio: “¿Qué te gustaría que dijeran de ti cuando te jubiles?” “Interesante ejercicio”, comenta ella.

Con él, Rosa gira su mirada hacia el futuro, para identificar sus valores, lo que para ella es esencial e irrenunciable. Trabajamos con él, Rosa gana perspectiva por momentos y comienza a tener más claro “cómo quiere dirigirse a su futuro”.

Ya está preparada para afrontar un ejercicio clave para ella. Un ejercicio de visión. “¿Dónde te ves dentro de cinco años?” No se trata de una mera pregunta. Rosa necesita visualizarse, sentirse, vivirse en ese futuro. Toma distancia del presente para situarse donde quiere estar. El coach acompaña y facilita con precisión técnica el ejercicio. Se produce un claro inshigt para Rosa, ve claro dónde quiere estar, qué quiere estar haciendo y cómo. Ríe tontamente entre la sorpresa y el alivio comentándolo.

Es frecuente encontrar clientes que han perdió el rumbo, desorientados sobre sus prioridades o su futuro y que buscan en el coaching una respuesta. Como Rosa, necesitan coger perspectiva de su día a día y apoyarse en sus propios recursos, tener una consciencia más clara de sus fortalezas y sus capacidades para mirar con seguridad hacia el futuro.

A partir de aquí un nuevo ejercicio. Esta vez un “retroplan” ayuda a Rosa a identificar los pasos concretos que la llevan a su visión. Con este ejercicio, ve claro cómo dirigirse hacia lo que quiere. Siente que sus pasos van a ser seguros y bien encaminados. La escala de progreso indica una evolución plena. Tanto las puntuaciones en ella, como en su confianza en sí misma, son ahora de 10. El objetivo del coaching se ha conseguido plenamente y Rosa cuenta, no sólo con una disposición emocional adecuada a sus objetivos, sino con un plan de acción que orienta sus decisiones hacia el resultado que desea.

EL MIEDO AL CONTAGIO

inicio miedo El miedo es una gran emoción. Nos avisa de que nos sentimos sin recursos para afrontar alguna situación y la consecuencia inmediata es que nos paraliza. Lejos de temerla o de intentar eliminarla, lo que deberíamos hacer es escuchar atentamente lo que nos indica.

Ante una situación de alarma social, aireada e incrementada por los medios de comunicación, como la que se está viviendo actualmente en Madrid, es normal que la población esté alerta e incluso temerosa, con miedo. Se ha incrementado el número de consultas a los psicólogos sobre cómo afrontar esta situación; a los médicos para recibir medicamentos que reduzcan la ansiedad; las conversaciones se centran en este tema; los noticiarios; la calle; no se habla de otra cosa. Y su razón hay para ello.

Reflexionemos sobre el miedo. Siempre ha sido la emoción preferida para el control social. Utilizado por los dirigentes de toda época y condición, desde los brujos de los grupos tribales, a los sacerdotes y dogmas religiosos, a los políticos, medios de comunicación y, también, ahora las fuerzas sanitarias. Porque como tal fuerza se presentan en los informativos.

Todos utilizan la generación de miedo como una potente herramienta para manejar la opinión y las reacciones de la gente. Cuando tienes miedo tu capacidad de análisis y discernimiento están limitadas porque en realidad el miedo te paraliza, no sólo para actuar, sino también para pensar. Es un buen momento para inducirte pensamientos, sentimientos y otras emociones como la rabia.

En las empresas privadas ocurre lo mismo. No en vano es un espacio privilegiado para la interacción humana donde las pautas generales del mundo social se plasman. Hay circunstancias especiales en las que el miedo está presente como una herramienta de la dirección, a veces, vinculada a la naturaleza del negocio, por ejemplo, cuando hay una fuerte presión por alcanzar objetivos o cuando hay miedo a no conseguirlos, o cuando la necesidad de conseguir negocio o no perderlo es imperativa. A veces, vinculada a las circunstancias de la empresa, como el miedo al despido o el cierre. Como es lógico esto ocurre claramente en las empresas del sector privado donde la necesidad de sobrevivir marca el día a día y las decisiones y comportamientos tienen consecuencias determinantes.
En todos estos casos la emoción imperante es el miedo, el verte sin recursos para afrontar una situación que percibes como amenaza que te lleva a la parálisis, la huida o la defensa. A pesar de ello el miedo tiene un valor positivo, aunque a muchas personas les cuesta entenderlo así.

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¿Cómo se pueden entonces generar respuestas útiles para afrontar las dificultades? ¿Cabe la posibilidad de hacer frente a nuevos retos? ¿Cómo dirigir estratégicamente una empresa cuando la propia dirección se ve en el miedo? ¿Es posible manejar el miedo a nuestro favor?

Es aquí donde el liderazgo emocional, la más vanguardista tendencia en la dirección de personas, alcanza su sentido.

Un líder emocional es capaz, lo primero, de darse cuenta de en qué emoción está. ¿Qué decisiones estratégicas se pueden tomar cuando la reacción emocional es la defensa? Nos encontramos con casos empresariales en las que las decisiones estratégicas tienen por finalidad conservar, proteger, mirar al pasado. El miedo no deja lugar a la ambición de crecer, de ir a futuro. Se toman las decisiones desde el miedo a la pérdida y desde el afán de conservar lo que se tiene. Esta no es una respuesta adaptada a la realidad de la empresa y con seguridad no será capaz de reaccionar ante las demandas del mercado y de la propia dinámica económico laboral.

En segundo lugar, el líder emocional es capaz de darse cuenta de la emoción imperante en su equipo y dirigirla en función de los objetivos de la organización. Por ejemplo, no se puede innovar, es decir, dar respuestas nuevas, cuando se tiene miedo. Un líder emocional sabrá cuándo y cómo generar nuevas emociones y no necesariamente positivas, por ejemplo, podrá favorecer la aparición de tristeza para que las personas sean capaces de despedirse y reintegrar una nueva situación como cuando hay la pérdida de seguridad en el negocio.

Estamos presenciando un boom del manejo de las emociones en el marketing con el fin lógicamente de incrementar las ventas apoyándose en las investigaciones de la neurociencia. ¿Por qué no aprovechar estos conocimientos para el liderazgo de personas?

Cuando se dice en las empresas que lo más importante son las personas, se está diciendo que son conscientes de que los resultados los consiguen las personas, ¿por qué no, entonces, tener en cuenta cómo se encuentran estas personas y desde qué emoción pueden responder? Desde las emociones negativas sólo caben respuesta de lucha, huida o parálisis. Sabiendo esto, ¿por qué se mantienen e incluso fomentan en los equipos? Sólo desde las emociones positivas tiene cabida el compromiso, la innovación y el bienestar.

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No es cosa de intuición, ni de sentido común, el ejercicio del liderazgo requiere una preparación importante, específica y actualizada. ¿Cómo vas a liderar a otros sin saber liderarte primero a ti mismo? Esto significa que el desarrollo de la inteligencia emocional intrapersonal es un paso previo para poder afrontar el reto de dirigir a otros. Hay que tener presente que las emociones se contagian, así qué ¿qué emoción estás contagiando a tu equipo o a tu empresa?
Las empresas, por su propia inercia, siguen funcionando, pero ¿cómo?. La pregunta que todo Director de Personas tendría que hacerse es: ¿Estoy consiguiendo resultados extra-ordinarios? Eso no sólo significan cifras de negocio, significan cifras vinculadas al buen funcionamiento de las personas (asistencia, compromiso, calidad de su trabajo, nuevas ideas, nuevos procedimientos,…)

Es hora de que un líder de vanguardia aprenda a conocerse y obtener resultados extra-ordinarios de sí mismo y de su equipo. Es hora de saber gestionar el miedo.

programas de desarrollo de inteligencia emocional para el liderazgo en http://www.escueladeevolucionemocional.com

CONFIANZA EN UNO MISMO

espejo De cómo una persona puede ganar confianza en sí misma y alcanzar sus propósitos: Un caso de coaching

Mario, 39 años, casado, ingeniero, lleva 10 años en una multinacional de distribución del sector químico en la que entró en el área comercial. Desde hace un año es el Director Comercial de la principal línea de productos de la empresa. No se siente muy cómodo dirigiendo a su equipo de 5 personas; se lleva bien con todos sus compañeros salvo con un colega Director también de área con quien tiene encontronazos frecuentemente.

Dentro del programa de desarrollo de la excelencia ejecutiva que está implementando la compañía, se realiza una evaluación 360 a todos los directivos. A la vista de los resultados y de conversaciones previas entre la Dirección General y Mario, la empresa le ofrece como parte de su plan de carrera un proceso de coaching que le permita mejorar sus competencias de liderazgo.

De la reunión tripartita entre RRHH, Dirección General y Mario se establece como objetivo general del proceso el desarrollo de las áreas de mejoras identificadas en el 360º, en concreto el desarrollo de su capacidad de comunicación, escucha, empatía y comprensión de los demás con el fin de que le permita facilitar una mayor motivación y el desarrollo profesional de los miembros de su equipo. Este objetivo general se concreta en tres ítems de la valoración que se consideran fundamentales para su liderazgo:

1. Escuchar a los demás
2. Pensar creativamente: buscar la mejora
3. Cultivar los talentos individuales: motivar con éxito

Se acuerdan los objetivos. Aún así Mario pregunta si puede modificar en alguna medida o “personalizar” más bien sus objetivos en función de lo que realmente le interesa; se muestra expectante ante el proceso.

Iniciamos el proceso evaluando con una “Escala de desarrollo” su situación ante estos objetivos tanto cognitiva, emocional como conductualmente. El dónde estoy con respecto a sus objetivos queda desglosado en estas tres categorías de información. A través de su lenguaje, los sentimientos que tiene y lo que puede hacer con cómo se siente ante estos objetivos, Mario toma consciencia de que, en realidad, no se siente capaz de afrontar el liderazgo cómodamente.

El espacio de confianza y confidencialidad impacta a Mario quien encuentra un lugar para reflexionar y poner foco desde la tranquilidad del acompañamiento del coach.

“Pero qué cosas digo, nunca he hablado de esto con nadie, ni siquiera me he permitido pensarlo yo mucho”

Poco a poco sale el por qué no se siente capaz: no confía en sí mismo lo suficiente como para afrontar este reto. A él lo que se le da bien es controlar las ventas, pero no dirigir personas.

“En el fondo, la realidad es que no sé si voy a ser capaz de hacerlo”

Un ejercicio importante es realizar su “Listado de logros”. A través de él, Mario toma consciencia de sus logros más importantes y los puntos en común de cada uno de ellos: su tenacidad, su capacidad de aprendizaje, su apertura al reto y la novedad, su foco en el resultado.

“Y estos puntos en común que te hacen tener éxito, ¿cómo se relacionan con los objetivos que estamos trabajando?”
“Uff, no me los había planteado como un reto, sino como una tarea inalcanzable para mí, como que no iban conmigo… a lo mejor es eso”.
“¿Y…?”

Largos silencios, tiempo para procesar, Mario está relacionando de forma nueva las ideas, los planteamientos, sus opciones.

En cada sesión la “Barra de progreso” de sus escalas de desarrollo mejoran, se va viendo capaz y comprometido de alcanzar un resultado excelente en sus objetivos, pero aún tiene grandes dudas sobre sí mismo y hasta dónde puede llegar su capacidad de liderazgo. ¡¡¡Ya salió!!! En el fondo, muy en el fondo, aspira al puesto de Director General de una zona, “Country Manager”, pero no sabe cómo liderar a todo el equipo nacional y cómo ser realmente persuasivo en sus comunicaciones y negociaciones.

Así que lo que le frena son sus dudas sobre su capacidad de conseguir lo que realmente quiere, que es la Dirección General, no sus dudas sobre cómo liderar a su equipo actual. Una vez clarificada la visión o aspiración más íntima de Mario, el proceso gira ligeramente, ya no se ciñe a la casuística de cómo escuchar a su equipo mejor, o cómo delegar en sus colaboradores mostrando confianza en ellos y en su capacidad de resolver por sí mismos sus tareas, objetivos en los que está trabajando entre sesiones y consiguiendo resultados nuevos y para él inesperados que no dejan de sorprenderle.

El reto ahora es ser más capaz, más potente y persuasivo, mostrar una mayor confianza en sí mismo y ser percibido como un líder capaz de llevar a la empresa a nuevos horizontes.

Trabajamos ahora en las sesiones con ejercicios, análisis de casos y ensayos de conductas su capacidad para realizar “conversaciones generativas”.

“¿Pero cómo voy a dirigir si no digo lo que está mal?”
“¿Qué es lo que quieres, dirigir o liderar?”
“Sí claro, liderar que es mover a las personas, que dirigir las tareas ya lo sé”
“¿Cómo crees tú que puedes liderar sin decir lo que está mal?”
“Hombre, liderar, es impulsar…, pero si no digo lo que hacen mal…”
“¿Qué otra cosa puedes hacer para impulsar”
“Eso, ¿qué puedo hacer?”
“Piensa en cómo enseñaste a andar a tus hijos”
“Animándoles… atrayéndoles… apoyándoles…”
“¿Y…?”

Mario aprende a comunicarse desde una perspectiva diferente: valorando siempre el esfuerzo, el resultado por pequeño que sea, mostrando las posibilidades, abriendo líneas de acción, preguntando a sus interlocutores por sus puntos de vista, recapitulando las diferentes interpretaciones. Esto es nuevo para él, su costumbre, como el de muchos managers es dar un feedback negativo sólo, es decir, señalar lo que está mal o lo que falta y no fijarse en lo que sí está hecho y en lo que ya se ha conseguido.

Esta es una cuestión habitual en el trabajo con directivos. La costumbre es dar un feedback negativo y sólo eso. El liderazgo implica tener un rango de conductas más amplio y pensar en positivo, en las posibilidades, por lo tanto, hablar con su equipo señalando y valorando los avances, es algo que en psicología se conoce como “refuerzo positivo”. Éste es el refuerzo que genera conducta, el que permite la innovación y la creatividad, incrementa la confianza y la seguridad. El refuerzo negativo sólo suprime conductas y se vincula más al miedo, la rabia y la tristeza, emociones negativas que provocan respuestas defensiva de ataque, huida o parálisis.

Hasta ahora la satisfacción de Mario con los logros que consigue con el proceso de coaching es enorme y sigue en aumento. El siguiente paso que se plantea es mejorar su capacidad de relación y negociación aún con personas con las que no sintoniza. En su visión a tres años, está aplicar a una Dirección General y las habilidades de persuasión y negociación son cruciales para ello.

“¿Qué haces bien para persuadir?
“Fijo muy bien el objetivo que quiero y le hago ver al otro que es bueno para él”
“¿Qué es lo que te falta?”
“Confianza”
“¿Quieres decir fe en que lo vas a conseguir?”
“…creo que sí, me gustaría tener la certeza de que lo voy a conseguir, si”
“¿Y qué pasa si no lo consigues?”
“…ummm, si, esto es algo que tengo que asumir, claro.”
“¿Para qué?”
“Pues creo que me dará tranquilidad y me permitirá estar más seguro”
“¿Y cómo lo vas a hacer?”

La capacidad de reflexión, autoexploración y trasparencia de Mario han ido en aumento, se ha vuelto rápido en los análisis, maximizando sus ya importantes competencias de orientación a resultado, capacidad analítica y deductiva.

Termina el proceso con la “barra de progreso” al 100%. ¡¡Todo un éxito!! Mario lo describe como un intenso aprendizaje que le ha abierto nuevas posibilidades de acción, percepción y pensamiento y, por lo tanto de eficiencia. Su capacidad para las relaciones personales ha mejorado notablemente. Al sentirse capaz, puede mantener de manera más efectiva unas relaciones “más frescas”, basadas en la aceptación y valoración a los otros.

En la sesión tripartita final, el Director General y el Director de RRHH señalan los importantes cambios de estilo que han visto claramente en Mario.

Mario ha sido un cliente que ha aprovechado muy bien el proceso. Desde el primer momento lo asumió como una buena oportunidad para conseguir algo que necesitaba. Se ha mostrado altamente comprometido, abierto y positivo, mostrando en todo momento un empeño personal en alcanzar los objetivos planteados como un reto personal prioritario. No es de extrañar que con esa disposición consiguiera su visión, en sólo dos años.

¿Te has planteado a qué aspiras en tu trabajo, en tu vida o en tu proyecto como persona?
¿Estás preparado para alcanzarlo?

Este artículo ha sido publicado en mi sección: Conversaciones de Coaching nº 2 en Training and Development Digest (septiembre 2014)
http://www.tdd-online.es/content/mario-ambici%C3%B3n-y-confianza